El Evangelio que anunciamos las mujeres. “Animarnos a saltar, transformar y transformarnos…”

Este tiempo puede ser para nuestro mundo, para nuestras familias y comunidades, posibilidad de re-creación, momento del salto transformador de nuestra fe y de nuestra experiencia de Ser Iglesia.

Evangelina Petrelli

17 abril, 2020, 12:47 pm
7 mins

Domingo 19 de abril, 2020
Segundo Domingo de Pascua
Evangelio según San Juan 20, 19-31

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros». Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos». Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo». A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros». Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente». Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!». Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído?

«Bienaventurados los que crean sin haber visto».

Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

ANIMARNOS A SALTAR, TRANSFORMAR Y TRANSFORMARNOS…

Jesús, en sus apariciones, nos serena regalándonos la Paz… una paz que no viene de la pasividad o el silencio. Es la paz de quienes han sabido vivir la fecundidad en la espera, permanecer con mirada atenta a la realidad y a la historia…, la paz de quienes se atrevieron a gritar y a anunciar que ¡Vive!

María Magdalena nos enseñó a no tener miedo y a anunciar con gran pasión y alegría la resurrección… no permaneció en silencio, se animó a la Palabra, esa Palabra que regala la Paz… Los amigos y amigas de Jesús habían escuchado a María Magdalena, pero tenían miedo, un miedo que impide descubrir que Jesús Vive, un miedo que encierra y que silencia.

Jesús mismo se hace presente en medio de ellos y ellas. Al regalarles la paz, les regala la posibilidad de superar el temor y dar el paso profundo que implica la Pascua. Ese paso que permite pasar del miedo a la valentía, de la tristeza a la esperanza, del silencio al anuncio, del encierro a la libertad, de la incredulidad a la fe…

Este tiempo tan particular que estamos viviendo en cada rincón de nuestros países, de nuestro mundo, es tiempo de dolor… de repliegue… Es un tiempo particular que nos exige vivir la Pascua desde una experiencia más densa y profunda… Más que dar un Paso necesitamos dar un Salto… Un Salto que nos lleve, de las divisiones a la unidad, de los sectorialismos a la comunidad, de la individualidad a la solidaridad, del cuidarme al cuidarnos, del salvarme al salvarnos, de la violencia al cuidado mutuo, de la pasividad ritualista a la fe transformadora… Un Salto que nos ayude a construir otro mundo, otra sociedad, otra realidad posible…

Jesús confía en sus amigos y amigas para dar ese salto, para multiplicar ese anuncio, para sembrar esa esperanza… En estos días hemos vuelto a vivir la experiencia profunda de las primeras comunidades cristianas. Esta vez, en la intimidad del hogar, la iglesia doméstica, miles de mujeres recrearon el anuncio de esperanza… y en torno a su mesa partieron el pan con sus familias, encendieron la luz en medio de la noche… volvieron a narrar la historia y el misterio… con signos y símbolos que hicieron presente la Pascua, multiplicando en cada hogar un templo… cientos de templos cerrados, millones de hogares transformados en iglesia…

Este tiempo puede ser para nuestro mundo, para nuestras familias y comunidades, posibilidad de re-creación, momento del salto transformador de nuestra fe y de nuestra experiencia de Ser Iglesia. Ya no podemos volver a lo que éramos… porque “hemos visto y oído”, porque una nueva y vital experiencia se desplegó entre nosotras y nosotros… porque saboreamos la experiencia de esas primeras comunidades descubriendo su profunda riqueza… porque Jesús nos enseñó a creer… sin ver… y nos llama a crear comunidad… en medio del aparente aislamiento…

Hermanas y hermanos, que la paz del Resucitado nos impulse a dar los pasos profundos que implica la Pascua… ¡Atrevámonos a dar Saltos Transformadores y Esperanzados, con la certeza de saber que Jesús Vive en medio nuestro!

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Fuente: https://www.facebook.com/MujeresIglesiaChile

Laica, mamá y esposa. Educadora y Trabajadora Social. Responsable de la Animación y Gestión de Comunidades Educativas. Miembro del Equipo Educativo de la CONFAR (Conferencia de Religiosos y Religiosas de Argentina).