El Evangelio que anunciamos las mujeres. “Caminando transfiguradas”

Si nos tomamos en serio la Encarnación y creemos que se hace persona, para hacernos “Dios”, que se une a nuestra humanidad para compartirnos su “divinidad”, entonces este relato nos habla de “nuestra propia transfiguración”.

Mirentxu Vivanco

15 marzo, 2019, 4:05 pm
6 mins

Domingo 17 de marzo
Caminando Transfiguradas” (Lc 9, 28b-36).

En la lectura de este domingo, nos encontramos con un acontecimiento, que se enmarca dentro del camino a Jerusalén. Jesús ha anunciado la dureza de este camino, el aparente fracaso…

Cuántas veces nosotras caminamos así por la vida, con la sensación pesada de no ir a ninguna parte, de no alcanzar ninguna de las transformaciones que esperamos, ni en lo personal ni en lo social, ni en nuestras comunidades… y para sacarnos de este aplastamiento, que muchas veces nos hace normalizar realidades opresivas, Dios, nos llama, nos saca y nos permite asomarnos a su voluntad… y nos “regalonea”.

El Evangelio nos dice que subieron la montaña, al llegar a la cima, Jesús les permite ver como se transfigura, su rostro y sus vestiduras cambian. Detengámonos un poco en esta actitud del “Ascenso”… es necesario subir, hacer el esfuerzo de la caminata. Todas las que hayamos salido alguna vez a la montaña, podemos recordar cómo a medida que subimos la tensión de nuestros músculos se acentúa, la respiración se puede dificultar, pero junto a esto la vista se ensancha, se aleja del detalle y se abre a la inmensidad, se abre el límite de nuestra percepción. Dios nos invita a ascender.

Jesús se transfigura, la luz, el resplandor… nos hablan de su naturaleza divina, de su triunfo, bosquejan la Resurrección, como para que este recuerdo sostenga la fe de Pedro, Juan y Santiago, cuando venga el momento de la prueba. Es la delicadeza de la Gracia actuando. Jesús habla con Moisés y Elías. Y a través de este encuentro se pone de manifiesto la lealtad de Dios para con su pueblo y el plan de liberación. Moisés llamado y enviado a liberar al pueblo desterrado y oprimido. Elías, el profeta de la Conversión…, sin embargo, el Plan salvífico llega a término con y en Jesús. Él ha venido para salvación/liberación de todos y todas. Y es a Él a quien estamos llamados a volvernos, a Convertirnos.

Jesús transfigurado es nuestro destino… si nos tomamos en serio la Encarnación y creemos que se hace persona, para hacernos “Dios”, que se une a nuestra humanidad para compartirnos su “divinidad”, entonces este relato nos habla de “nuestra propia transfiguración”. Se completa la escena con la nube y la voz que afirma: “Este es mi Hijo, mi Elegido, escúchenlo”. Esta frase nos evoca el momento del bautismo de Jesús, también relatado por Lucas, “este es mi Hijo”, y por participación desde la Encarnación podemos decir que, en Él, nosotras somos sus hijas. Se agrega el verbo “escúchenlo”… escuchar que no es solo oír, es una actitud vital, escuchamos con la vida, viviendo. En el Hijo somos hijas, en el encuentro con Dios somos transfiguradas por y en Su amor, después de esto no nos queda sino reasumir la vida cotidiana y sus quehaceres con la certeza, la dignidad y la esperanza propias de mujeres transfiguradas, llamadas a transfigurar las diversas realidades de dolor, de muerte, de opresión, en lo personal, comunitario y social, hacia la Resurrección/liberación que da plenitud a nuestras vidas.

Por último, comentar hermanas, que este relato me hace eco, en la experiencia vivida el 8 de marzo… esta multitudinaria marcha que hemos vivido, es nuestro ascenso a la montaña… cuanto hemos caminado personal, colectiva y comunitariamente para llegar a copar las calles sin temor para afirmar nuestra dignidad y nuestros derechos. Ha sido, sin duda, una experiencia de Ascenso en la conciencia de nuestra propia dignidad, de ensanchar la mirada para mirarnos y mirar nuestros entornos desde esta montaña. El brillo de nuestros rostros, ha mostrado nuestra realidad de Hijas amadas y elegidas…, ahora bajamos la montaña siendo otras, para avanzar comprometidamente en la consolidación de la vida digna, plena, feliz, liberada. Esa vida que nos corresponde por designio salvífico de Dios… por cierto, la tentación de amarrarse al recuerdo del Evento… es nuestra propia tentación de “construir chozas”, pero Jesús nos llama a caminar y testimoniar esta transfiguración/liberación.

Jesús acompañe nuestro caminar, sea Él nuestra fuerza y nuestra esperanza. Paz y Bien.

* Queridas hermanas, queridos hermanos, les enviamos una nueva homilía del Evangelio que anunciamos las mujeres. Nos alegramos y agradecemos los ojos y la voz nueva de mujeres que se atreven a decir y orar el Evangelio para nuestras comunidades. Estas van enriqueciendo nuestra capacidad de comprender y ampliar el mensaje de Jesús. Pueden encontrar todos los comentarios anteriores en Facebook, Mujeres Iglesia Chile, y en la página de la Revista Mensaje: https://www.mensaje.cl/category/noticias/iglesia/

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Fuente: https://www.facebook.com/MujeresIglesiaChile

Profesora de Religión, Moral y Ética. Teóloga. Mujeres Iglesia Chile.