El Evangelio que anunciamos las mujeres. «Confiar y tener fe en la tormenta»

Él nos invita a confiar, a no tener miedo de lo que pasará. Estamos invitadas, invitados a confiar en nuestro Dios.

Yocelyn Agurto Garrido

18 junio, 2021, 10:43 am
5 mins

Domingo 20 de junio de 2021
Evangelio según san Marcos 4, 35-40

Aquel día, cuando llegó la noche, les dijo: Pasemos al otro lado. Y despidiendo a la multitud, le tomaron como estaba, en la barca; y había también con él otras barcas.

Pero se levantó una gran tempestad de viento, y echaba las olas en la barca, de tal manera que ya se anegaba. Y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal; y le despertaron, y le dijeron: Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos?

Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza. Y les dijo: ¿Por qué están así amedrentados? ¿Cómo no tienen fe?

CONFIAR Y TENER FE EN LA TORMENTA

Quisiera compartir con ustedes dos grandes momentos vividos en el Evangelio de hoy que me resuenan. Aunque estemos en tiempos, lugares y contextos tan distintos, ciertamente podemos aplicarlos en el ahora.

En primer lugar, resonó en mí la frase: “Se levantó una gran tempestad de viento”.

La situación refleja fielmente lo que con mucha frecuencia ocurre en la vida de nosotros los cristianos, tiempos de refrigerio espiritual en la presencia del Señor son alternados con periodos de prueba… y como lo vemos en el evangelio de Marcos, todo esto es preparado y dirigido y también acompañado por el Señor mismo.

Podemos tener seguridad de que Cristo sabía que se iba a levantar una terrible tempestad. Sin embargo, a los discípulos les hizo cruzar el mar en ese momento. ¿Por qué lo hizo? Porque las situaciones prácticas son la única forma adecuada de completar la enseñanza teórica. Sin duda, había sido muy interesante escuchar al Señor predicando acerca de la importancia de la fe, y de lo que él mismo haría con aquellos que tuvieran Fe, aunque fuera tan pequeña como una semilla de mostaza. Ahora llegaba el momento de poner en práctica la enseñanza: ¿tendrían los discípulos Fe en esta nueva situación a la que el Señor les estaba conduciendo?

La segunda frase que me resuena es: “¿Por qué están así amedrentados? ¿Cómo no tienen fe?”.

Quizás sea un tanto extraño haberles preguntado a estos hombres que estaban en peligro de perder sus propias vidas.

Por supuesto, el temor de los discípulos era natural e instintivo; ¿pero, ¿dónde estaba su fe? El Señor puso el dedo en la llaga con su pregunta: “¿Cómo no tienen fe?”. El mayor peligro no era el viento o las olas, sino la evidente incredulidad de los discípulos. Y así el Señor indicó algo que ocurre con mucha frecuencia: nuestros mayores problemas están en nosotros, no en nuestro entorno.

El Señor esperaba que después de tantas manifestaciones de poder que habían visto de él, ya deberían estar confiando que el barco donde iba el Maestro no podía hundirse. El Señor lo había dicho al comenzar la travesía: “Pasemos al otro lado”. Esto tendría que haber sido una garantía para ellos. Pero el problema fue que se dejaron llevar por sus sentimientos y emociones, por sus instintos, en lugar de confiar en la palabra del Señor. ¿Cuántas veces no nos ha pasado eso mismo?

Queridas hermanos, hoy Jesús nos hace un gran llamado y es a confiar que, en este futuro tan incierto que estamos viviendo, Él nos invita a confiar, a no tener miedo de lo que pasará. Estamos invitadas, invitados a confiar en nuestro Dios. Él nos ama y velará por que los vientos y tempestades de la vida no nos hagan hundir en la desconfianza.

Que Dios todo poderoso cuide de cada una de nosotras y a nuestros seres queridos. Amén.

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