El Evangelio que anunciamos las mujeres. «¿De verdad aprendemos de Jesús?»

Las enseñanzas de Jesús y su poder salvífico nos invitan a liberarnos de esos “espíritus malignos” expresados en la negación de nuestro prójimo.

Ivonn Jiménez

29 enero, 2021, 10:28 am
8 mins

Domingo, 31 de enero de 2021
Evangelio según San Marcos 1, 21-28

Entraron en Capernaúm, y el sábado entró Jesús en la sinagoga y comenzó a enseñar. Y se admiraban de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas. Pero había en la sinagoga de ellos un hombre con espíritu impuro, que gritó: —¡Ah! ¿Qué tienes con nosotros, Jesús nazareno? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres: el Santo de Dios.

Entonces Jesús lo reprendió, diciendo: ¡Cállate y sal de él! Y el espíritu impuro, sacudiéndolo con violencia y dando un alarido, salió de él. Todos se asombraron, de tal manera que discutían entre sí, diciendo: ¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es esta, que con autoridad manda aun a los espíritus impuros, y lo obedecen?

Muy pronto se difundió su fama por toda la provincia alrededor de Galilea.

¿DE VERDAD APRENDEMOS DE JESÚS?

El evangelio de Marcos nos presenta a Jesús como el siervo, como el mesías, como el hijo de Dios que a través del relato de su ministerio nos muestra los distintos milagros realizados. Un Jesús cercano a la gente; sanando enfermos, confrontando demonios, dedicando tiempo a los marginados, desprotegidos e invisibilizados; sobre todo un Jesús dirigiéndose con mucha perseverancia a los diferentes clamores de ayuda y de orientación de todo aquel o aquella que busca la salvación.

Es importante resaltar los conceptos que se mencionan constantemente en estos versículos que nos muestra Marcos: enseñanza, autoridad, servicio, una nueva doctrina, espíritus impuros y los milagros.

Marcos nos deja claro que Jesús es el hijo de Dios, presentándonos en la mayoría de los versículos por medio de milagros y parábolas su forma de enseñar. Una enseñanza por medio de sus acciones: “Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Marcos 10, 45). Este es uno de los versículos que nos especifica la sencillez, el amor y la grandeza de Jesús para con nosotros.

¿Cuál es el llamado de Jesús de liberarnos de nuestros espíritus malignos o impuros ahora y servir al prójimo como él lo hizo?

Si partimos de “el mal” o de ese “espíritu maligno” como lo presenta el texto, podemos hacer un acto de reflexión y llegar a pensar que este mal se materializa en las acciones que nosotros realizamos con los demás, cuando excluimos, cuando marginamos, cuando no nos ponemos en los zapatos del otro o de la otra, cuando deliberadamente atacamos a una persona por sus creencias, cuando no somos solidarios ante la calamidad de los demás. Es ahí cuando estamos siendo invadidos por ideas adversas y contrarias a las enseñanzas de Jesús.

¿Qué significa esto? Que las enseñanzas de Jesús y su poder salvífico nos invitan a liberarnos de esos “espíritus malignos” expresados en la negación de nuestro prójimo, ya que el objetivo principal es la salvación y la liberación de las y los oprimidos por el “mal”, es decir, liberarnos de la marginación, de la soberbia y de la exclusión; como cuando Jesús sanó al leproso (Mt 8); cuando una mujer unge a Jesús (Lc 7,36-50); cuando Jesús salva a una mujer de ser lapidada por adulterio (Jn 7,53; 8,11). Estos son solo unos ejemplos prácticos, del día a día, que Jesús nos dejó en sus enseñanzas.

Actualmente, sentimos la invitación a demostrar todo lo aprendido, ya que vivimos una pandemia que nos ha marcado y también nos ha dejado muchas lecciones, ¿Cuántas personas han fallecido o cuántas personas tienen familiares al borde de la muerte? ¿Cuántas personas piden ayuda para sobrevivir porque no hay un pan en su mesa? ¿Hemos estado cerca para estas personas que pueden ser mis vecinos o hasta mi familia? ¿Estamos haciendo algo para ayudar al que lo necesita?

De nuevo, al reflexionar quizás nos demos cuenta de que nos hace falta mucho para seguir las enseñanzas de Jesús. Como iglesia, como cristianos y cristianas, como líderes religiosas y religiosos, estamos llamados a comprometernos en su misión y formarnos en sus enseñanzas con humildad y sencillez, ayudando a interpretar las escrituras de tal manera que el contenido liberador se refleje en las formas en las que él actuó.

Es necesario y urgente hacer una revisión personal y permanente de nuestras acciones para identificar si de verdad estamos aprendiendo de las enseñanzas, es decir, a identificar “el mal y “los espíritus malignos” que pueden estar morando dentro de nosotros y nosotras, mientras los buscamos afuera.

Es allí que la sanación que Jesús trae al mundo nos toca la vida, no solo de quienes incluimos, sino, nuestro propio corazón.

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Fuente: https://www.facebook.com/MujeresIglesiaChile

Presbítera de la Iglesia Luterana Salvadoreña. Docente universitaria en el área de Teología y Administración de Empresas y Coordinadora de la Comunidad Mujeres El Salvador.