El Evangelio que anunciamos las mujeres. “Dejar que Jesús nos transforme y ser luz de Esperanza”

Que ilumine nuestras cegueras y nos haga levantarnos para ver la luz.

Alicia Allendes Vizcarra

20 marzo, 2020, 12:47 pm
5 mins

En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Y escupió en tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego y le dijo: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado)».

Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: «¿No es ese el que se sentaba a pedir?».

Unos decían: «El mismo».

Otros decían: «No es él, pero se le parece».

Él respondía: «Soy yo».

Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista.

Él les contestó: «Me puso barro en los ojos, me lavé, y veo».

Algunos de los fariseos comentaban: «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado».

Otros replicaban: «¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?».

Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego: «Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?».

Él contestó: «Que es un profeta».

Le replicaron: «Empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?».

Y lo expulsaron.

Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: «¿Crees tú en el Hijo del hombre?».

Él contestó: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?».

Jesús le dijo: «Lo estás viendo: el que te está hablando, ese es».

Él dijo: «Creo, Señor.» Y se postró ante él.

DEJAR QUE JESÚS NOS TRANSFORME Y SER LUZ DE ESPERANZA

El Evangelio de este domingo, ¿qué nos dice la Palabra? Nos dice que había una persona que poseía una ceguera desde que nació, que Jesús al pasar lo vio, lo reconoció y le dio existencia. Habían muchos más con él pero solo lo veían como un mendigo que pedía limosna, sin ninguna esperanza y aporte ninguno a la sociedad, hoy sería para nosotros una persona excluida sin oportunidades por ser considerada como alguien que “no produce”.

Por otra parte frente ante esta realidad se hace necesario preguntarme, ¿qué me dice hoy a mí la Palabra?

¿Actúo y vivo como ese ciego, en medio de mi realidad como una o uno más que pasa entre la masa sin ver o sin ser luz para otros? Jesús es el lazarillo que no se conforma con apenarse por la realidad del ciego, como quizás muchas veces lo hacemos nosotros, apenarnos por otros mendigos, dar una moneda para acallar nuestra conciencia, sin ver que por más monedas que dé, no facilito la posibilidad que esa persona se dignifique, se pare para lavarse y regrese distinguiendo la luz. Sin pensar que ese ciego o ciega puedo ser yo.

Hagamos un momento de silencio y preguntémonos ¿qué le digo a Dios por esta Palabra recibida? Le pido, sí, le pido insistentemente que ilumine nuestras cegueras y nos haga levantarnos para ver la luz, que nos haga exclamar como el ciego “creo Señor y me postro ante Ti”.

Miremos la vida con los ojos de Jesús, seamos luz y esperanza en medio de nuestro pueblo hoy, que Su luz se irradie en nuestras vidas y nos permita seguirlo en el camino de la fe, todos y todas, mujeres, hombres, niños, jóvenes y ancianos, hijos e hijas de Dios.

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Santiago. Mujeres Iglesia Chile.