El Evangelio que anunciamos las mujeres. Dios con nosotros

La posibilidad de mirar nuestra vida de modo diferente nos la da Jesús.

11 de diciembre de 2022, III Domingo de Adviento, Ciclo A
Lectura del Santo Evangelio según San Mateo (1,18-24).

El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto.

Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: “José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados”.

Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que habla dicho el Señor por el Profeta: “Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa ‘Dios-con-nosotros’”.

Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer.

Los peligros que pudo pasar María: ser repudiada, aislada, condenada, abandonada y violentada; son los peligros a los que todo ser humano, en especial los más desposeídos (principalmente mujeres), se ven expuestos cada día, constantemente, en un mundo que parece importarle más las apariencias, “lo normal”, el cumplir las reglas, que los y las que sufren.

María se exponía a ser mal mirada, por no mantenerse “pura”; a ser maltratada, porque muchas mujeres infieles eran lapidadas en las calles de Judea; a ser expulsada de sus entornos, por la vergüenza que el hijo ilegítimo traía. ¿Cuántas de nosotras hemos experimentado esas violencias? Personalmente quedé embarazada de mi hija mayor sin estar casada. Aun cuando se me permitió continuar viviendo en la casa materna, nadie, ni mis hermanos ni mis padres, me hablaron por cuatro meses, hasta la semana antes de salir para iniciar una nueva familia con mi compañero. ¡Cuántas menos afortunadas han sido obligadas a cosas aún más crueles! Muchas y muchos pueden contar de maltratos físicos o psicológicos por ser rebeldes, expulsiones por no ceder, no ser escuchadas, porque su voz grita por derechos y reivindicaciones. Y no me alargaré en las tantas injusticias que sufren los seres humanos día a día: explotación laboral, discriminación, violencia… no, definitivamente el mundo puede ser inhóspito y cruel. Pero tal vez esa sea solo una parte de la realidad, de lo que vivimos. Y esa posibilidad de mirar nuestra vida de modo diferente nos la da Jesús.

Jesús, desde antes de nacer, en la persona de su Madre, nos muestra la misericordia, pero también la nueva mirada que nos viene a plantear. Bajo su persona, un nonato divino, logra que María sea protegida y cuidada. Porque ella confía en su misión. Y cree. Para mí, esa es la clave de este Evangelio. María ha creído y es protegida por Dios, tendrá ángeles que irán llevándola por caminos seguros y personas que la amarán y cuidarán.

Jesús, desde antes de nacer, en la persona de su Madre, nos muestra la misericordia, pero también la nueva mirada que nos viene a plantear.

Eso mismo sucede cuando caminamos de la mano de Él, nuestra vida no estará exenta de sacrificios, dolores y pérdidas, pero siempre estará Cristo dentro tuyo, tal como lo estuvo físicamente en el vientre de María. Si aceptas su compañía, su existencia en el fondo de tu corazón, también estarás protegida, porque el consuelo y la fortaleza que da Su amor, será suficiente para llenar de risas tu vida, en los días que podrían ser tristes, para darte esperanza en la más terrible de las desesperanzas, para darte valor, aunque el mundo entero quiera decirte que no vales nada, para sentirte complacida de ti misma porque sabes que eres creación amorosa de un Dios que te amó, ama y amará.

Los más escépticos se podrán reír tal vez de mis palabras: ¿ángeles?, ¿protección? ¿esperanza?, dirán que esas cosas son espejismos de soñadores que se aferran a un hombre que, dicen, vivió hace 2000 años. Pero estos crédulos damos testimonio de miles de relatos (incluso personales) de quienes han pedido de rodillas ayuda, que ha llegado en los brazos de algún ser humano desconocido. O de aquel que en la oración ha descubierto que existe un fuego interno que lo impulsa a seguir adelante, a pesar de todo. También está el hombro de una amiga en momentos de profunda tristeza y el brazo de quien creíamos indiferente, pero nos sostuvo en la caída.

Dios no se manifiesta con actos sobrenaturales, ni con riquezas asombrosas, ni con soluciones rápidas, ni con la inconsciencia que dan las drogas. Dios se manifiesta en los detalles tiernos que se nos regalan cada día, si somos capaces de apreciarlos: un dulce, un rayo de sol, una flor, una sonrisa amiga, un abrazo de un hijo, la comida de la abuela. Porque Dios está con nosotros, en cada una y cada uno de los que creemos en Él y en los que dicen no creer, pero son maravillosos seres humanos. Y como está unido a mí, a ti… y a ti, solo nos queda dejarlo actuar, para que ese amor con el que nos nutre nos permita ser… un ángel para otros y otras, tal vez un consuelo para el que llora o un protector para la que teme, tal como José lo fue para María en esa huida a Egipto.


Fuente: Mujeres Iglesia Chile / Imagen: Pexels.

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