El Evangelio que anunciamos las mujeres. “Dios Padre-Madre ha escogido revelarse en las y los pequeños”

Este Dios es nuestro Dios Padre y Madre, el centro de nuestra vida familiar, comunitaria, eclesial, social y de toda nuestra vida.

Orietta Jara Cadagan

03 julio, 2020, 1:08 pm
9 mins

Domingo 5 julio de 2020
Evangelio según San Mateo 11, 25-30.

En aquel tiempo, Jesús exclamó: “¡Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla! Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien.
El Padre ha puesto todas las cosas en mis manos. Nadie conoce al Hijo sino el Padre; nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la carga y yo les daré alivio. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave y mi carga, ligera’’.

DIOS PADRE-MADRE HA ESCOGIDO REVELARSE EN LAS Y LOS PEQUEÑOS

Les comparto estas palabras desde el lluvioso sur, con mucho viento y frío, con estufas y calefactores encendidos, con nuestro infaltable mate que nos calienta el cuerpo y da calidez al día. Les comparto cuando el invierno se ha presentado fuerte, cuando los días son cortos y más oscuros, cuando parece todo gris y desnudo. Sin embargo, nosotras sabemos que la naturaleza está con toda su fuerza recreando la vida, en silencio, bajo la tierra, debajo de la apariencia gris y más oscura sabemos que hay vida renovándose y recreándose. Y en esta realidad de mujer del sur escuchamos esta Palabra: “Yo te alabo Padre-(Madre), Señor del cielo y de la tierra. Porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños”. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Qué hermosa declaración! Qué desafiante elección de Dios: ¡Porque ha sido Su voluntad revelarse a los pequeños! En este tiempo desnudo socialmente, donde vemos cada día que no es la equidad ni la justicia la que reina en nuestro país, cuando el invierno muestra lo crudo del desempleo y el hambre en las familias del pueblo, cuando mueren diariamente hermanas y hermanos nuestros solos, sin compañía, sin los ritos de despedida, en este invierno Jesús declara: “¡Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos…”. Las has escondido a los que están satisfechos, a los que controlan el mundo con sus riquezas, a los que ejercen el poder en perjuicio del pueblo, a las jerarquías de iglesias que siguen cómodas re-ordenando su poder y estructura. Y en cambio nos dices que TE REVELAS, te muestras, te manifiestas, corres el velo para hablar a través de los pequeños para la sociedad, hablas en los desempleados, en los jóvenes que salen a pedir dignidad, en las mujeres que están exponiéndose cada día en las ollas comunes, cuidando ancianos, enfermos, te revelas en las y los migrantes. Porque ha sido Tu voluntad estar en la voz de los ignorados por el sistema, los abusados por el poder imperante civil y eclesiástico. Dios Padre-Madre te Revelas a nosotras, siendo el Absoluto, el Misterio, escoges a tu pueblo para habitar, para soplar la Verdad y recordarnos que este Dios es nuestro Dios Padre y Madre, el centro de nuestra vida familiar, comunitaria, eclesial, social y de toda nuestra vida. Por encima de las instituciones o jerarquías, de lo que el mundo ofrece como seguro y estable, nosotras queremos que Dios sea el centro de nuestra vida.

Porque “nadie conoce al Hijo sino el Padre; nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar…”. Nosotras también te hemos declarado al centro de este caminar, te sabemos presente y resucitado, eres nuestro Padre Madre, por eso caminamos, en medio de tiempos difíciles, en la confianza de tu presencia, aunque veamos tan cerca la presencia de la muerte. Nos dice además: “Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la carga y yo les daré alivio. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave y mi carga, ligera’’. En estas palabras, aflora Dios que nos ama como una madre, su ternura, su acogida, su compasión, su misericordia con nosotros. Jesús sabe de nuestro cansancio y de las injusticias, escucha y está presente en la dificultad de este tiempo. Es desde el corazón tierno que nos invita a descansar, a reposar en Él. La oración de abandono del Hermano Carlos de Foucauld inicia con la frase “Padre mío, me abandono a Ti”… me confío en Ti, me refugio, me cubro, me amparo en Ti. Fue la oración de Jesús en la cruz, “Padre, en tus manos encomiendo mi Espíritu”. Porque somos pequeñas, pequeños, porque nuestro corazón te conoce nos refugiamos en Ti confiadas en que Tú nos das descanso. Y nos ofreces un “yugo” que es llevadero. No nos invitas a acomodarnos o a quedarnos quietos sino a movernos, a hacer justicia, a dar comida al hambriento, a compartir la mesa, a acoger a los extranjeros, a los migrantes de nuestra sociedad, pero con otra atadura, no el yugo de la sociedad del consumo, ni de las tarjetas, ni de la competencia, sino el del trabajo conjunto en comunidad, en solidaridad con la Ruah al centro soplando y animando. Sí, se puede hacer una sociedad más justa y solidaria porque es lo que hemos aprendido día a día en medio del pueblo sencillo.

Es en los pequeños y pequeñas y en la simpleza donde hace su morada el Espíritu, donde la Ruah se alegra y se manifiesta, donde habla la Sabiduría, donde danzamos y cantamos la alegría de la vida y donde vivimos la Confianza en Dios Padre-Madre. Es en la vida oculta y sencilla del pueblo donde se grita el Evangelio. Sí, hoy es invierno y es también el tiempo de la vida que se teje desde lo profundo de la tierra, del Espíritu.

Comparto estas palabras no desde un saber teologal sino desde mi camino de mujer, madre, esposa, discípula y amiga de Jesús.

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Fraternidad Laica de Foucould y Comunidad de Walmapu de Laicas y Laicos. Licenciada en derecho y aprendiz en las cosas del Señor. Villarrica. Mujeres Iglesia Chile.