El Evangelio que anunciamos las mujeres. «¿Dónde está el rey que acaba de nacer?»

Jesús, Hijo de Dios, se manifiesta y se muestra entre la gente sencilla y humilde.

Eli Vega

03 enero, 2022, 3:16 pm
6 mins

Domingo 2 de enero de 2022
Evangelio según san Mateo 2, 1-12

Cuando nació Jesús, en Belén de Judea, bajo el reinado de Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén y preguntaron: “¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos su estrella en Oriente y hemos venido a adorarlo”.

Al enterarse, el rey Herodes quedó desconcertado y con él toda Jerusalén. Entonces reunió a todos los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo, para preguntarles en qué lugar debía nacer el Mesías. “En Belén de Judea, le respondieron, porque así está escrito por el Profeta: ‘Y tú, Belén, tierra de Judá, ciertamente no eres la menor entre las principales ciudades de Judá, porque de ti surgirá un jefe que será el Pastor de mi pueblo, Israel’”.

Herodes mandó llamar secretamente a los magos y, después de averiguar con precisión la fecha en que había aparecido la estrella, los envió a Belén, diciéndoles: “Vayan e infórmense cuidadosamente acerca del niño, y cuando lo hayan encontrado, avísenme para que yo también vaya a rendirle homenaje”.

Después de oír al rey, ellos partieron. La estrella que habían visto en Oriente los precedía, hasta que se detuvo en el lugar donde estaba el niño. Cuando vieron la estrella se llenaron de alegría y, al entrar en la casa, encontraron al niño con María, su madre, y postrándose, le rindieron homenaje. Luego, abriendo sus cofres, le ofrecieron dones: oro, incienso y mirra. Y como recibieron en sueños la advertencia de no regresar al palacio de Herodes, volvieron a su tierra por otro camino.

¿DÓNDE ESTÁ EL REY QUE ACABA DE NACER?

Distintos reyes se encuentran buscando al mesías prometido. Tres reyes que vienen de Oriente, todos distintos, cada uno con su filosofía, religiosidad y manera de ver la vida, pero coinciden en una misma esperanza: recibir a su manera al salvador del mundo.

Sin embargo, el evangelio describe a otro rey que solo piensa en su propio beneficio, que ve a sus semejantes como una amenaza.

La figura de los reyes de Oriente y del rey Herodes nos ofrecen dos alternativas para ejercer el poder: unos lo usan para buscar a Dios. El Otro, en cambio, busca defender sus privilegios y la satisfacción de sentirse superior a los demás. Unos buscan a Dios, para llevarle ofrendas, adorarlo, reconocer que Él está por sobre toda autoridad humana. El otro, inicia una búsqueda, movido por el temor de perder lo único que da sentido a su vida. El deseo de poder, y de preservar ese poder, lo moviliza a eliminar cualquier cosa que amenace ese privilegio.

¿Y dónde encuentran a Jesús, el Mesías?

En un pesebre, en las periferias, sin hogar, en la pobreza, rechazado por los suyos, rodeado de otros desconocidos. Jesús, Hijo de Dios, se manifiesta y se muestra entre la gente sencilla y humilde. Ellos y ellas son quienes se dan cuenta de lo que ocurre, aun cuando la estrella de Oriente fue visible para todos y todas: Cualquiera que elevara la mirada al cielo podía advertir su presencia. Sin embargo, no todos se detuvieron a leer estas señales.

Solo quienes fueron capaces de leer los signos de sus tiempos y de advertir las señales dentro de lo cotidiano de la vida, pudieron ponerse en camino para encontrar al Hijo de Dios, anunciado por los profetas.

Los cristianos y cristianas manifestamos abiertamente el deseo de encontrarnos con Dios. Quizá sería bueno preguntarnos:

¿Cómo es nuestra búsqueda?

¿Nos sentamos en nuestros tronos a esperar que otros salgan a las periferias y nos cuenten, o nos ponemos en marcha, dialogando con otras culturas, enfrentando colaborativamente los desafíos del camino para descubrir al Dios que se manifiesta en la sencillez de la vida?

El evangelio nos invita a levantar la mirada para salir de nosotros y nosotras mismos y reconocer las señales de nuestros tiempos, que nos guían a encontrarnos con los pesebres de hoy, donde está presente el Dios encarnado.

¡Que la Ruah, el Espíritu Santo de Dios, guíe nuestras búsquedas! Para que podamos volver a encontramos con el Mesías esperado por tanto tiempo. Que seamos capaces de buscarlo con un corazón desprendido y sincero, sin otras ambiciones que ofrecerle lo que tenemos. Que podamos reconocerlo en lo inesperado, en la simpleza, allí donde las lógicas humanas muchas veces no llegan.

* Pueden encontrar todos los comentarios anteriores en Facebook: Mujeres Iglesia Chile, y en la página de la Revista Mensaje: https://www.mensaje.cl/category/noticias/iglesia/

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Fuente: https://www.facebook.com/MujeresIglesiaChile

Cantautora, integrante de la coordinación Mujeres Iglesia Chile.