El Evangelio que anunciamos las mujeres. “¿En qué se reconoce una comunidad discípula y un seguidor de Jesús?”

Aprendemos a amar al sentirnos amados y al ver a otro amar.

Araceli Gorichon

22 mayo, 2019, 5:44 pm
6 mins

Domingo 19 de mayo
¿En qué se reconoce una comunidad discípula y un seguidor de Jesús?” (Juan 13, 31-33ª. 34-35).

¿Qué responderías? ¿Qué respondería Jesús?

Ya ha pasado un tiempo en que el Maestro acompaña a la comunidad, quizás aún pequeña y frágil. En esta ocasión estaban cenando con sus amigos, les anuncia que ya debe partir y que muy pronto no estará con ellos. Pero en medio de la intimidad añade firmemente y sin confusión alguna: “La señal por la que conocerán todos que son mis discípulos es que se amen unos a otros, como yo los he amado”.

Jesús los había animado, acompañado, enseñado y amado profundamente, y ahora les dice que lo que identifica a un cristiano y una comunidad cristiana es la lógica del amor, el idioma del amor que se recibe y se da. Cada uno de nosotros puede concluir con esto que para amar a otros hay que sentirse primeramente amado. La vida, sin duda, sería mucho más satisfactoria si aprendiéramos a vivir el amor y del amor, disfrutando primero la experiencia de ser amados, para luego amar.

Aprendemos a amar al sentirnos amados y al ver a otro amar. Sabemos que esta experiencia en un niño o niña, o en una persona, ilumina la vida, le da sostén, fundamento y sentido. Si traemos a nuestra memoria aquellas personas que nos han amado, sin duda la alegría y la gratitud inunda la vida, miramos distinto nuestro horizonte cotidiano, somos más compasivos, agradecidos y capaces de dar mayor tonalidad y compás a la cotidianidad. Imagino que era esta la sensación de la comunidad de amigos y discípulos de Jesús, todos aquellos que fueron tocados, sanados, bendecidos, corregidos, acompañados y llamados por el Maestro, se sintieron muy amados, con un amor incondicional por cada uno, con sus historias de fracasos y sucesos. El sentirse amados permitió que sintieran en su corazón el deseo de permanecer en ese amor. En definitiva, tenemos que descubrir y sentir que Dios nos ha amado infinitamente, para hacernos capaces de amar como Él, sin medida.

Pero el amor no permanece encerrado en sí mismo, por su misma naturaleza, es abierto, fecundo, se expande y genera siempre nuevo amor: Dios no solo está en el origen del amor, es obstinado para amarnos, para buscarnos y encontrarnos aún con nuestras fragilidades, y nos invita en Jesucristo a imitar su mismo modo de amar. En la medida en que vivamos en ese amor, seremos comunidades y discípulos creíbles, dado que lo que contribuye a decir que una comunidad es cristiana, no será la profesión de una doctrina, ni el cumplimiento de los ritos, sino el amor vivido con el espíritu y al modo de Jesús. En ese amor está la identidad de los que nos llamamos cristianos; si nuestras comunidades y nuestra Iglesia están sumergidas en una crisis de credibilidad, en gran parte se debe a la tibieza de nuestras vidas, a que no nos distinguimos por la capacidad de amar como Él amaba, con su forma de amar.

Si queremos ser comunidades que den testimonio, nuestra única salida a la credibilidad, es identificarnos con Jesús, descubrir cómo se comportaba, cómo miraba, qué decía, cómo escuchaba… Contemplar su vida, el corazón que lo movía, así como tener una relación afectiva con Él, nos llevará a tener deseos de vivir como Él, a adoptar su misma vida, y particularmente su preocupación por los “últimos”. No es un ingenuo actuar, es un elocuente modo de ser compasivos haciendo justicia…

¿Por qué no aventurarnos a ser obstinados en el amor, así como Dios nos ama? ¿Por qué no nos abrazamos decididamente a este amor primero para aprender, en el camino, a ser testigos y testimonios?

* Queridas hermanas, queridos hermanos, les enviamos una nueva homilía del Evangelio que anunciamos las mujeres. Nos alegramos y agradecemos los ojos y la voz nueva de mujeres que se atreven a decir y orar el evangelio para nuestras comunidades. Estas van enriqueciendo nuestra capacidad de comprender y ampliar el mensaje de Jesús. Pueden encontrar todos los comentarios anteriores en Facebook: Mujeres Iglesia Chile y en la página de la Revista Mensaje: https://www.mensaje.cl/category/noticias/iglesia

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Fuente: https://www.facebook.com/MujeresIglesiaChile/

Oriunda de la Región de Valparaíso. Acompañante espiritual. Magister en Ciencias Sociales, Emprendimiento y Gestión. Coordinadora de la Oficina de Planificación y Seguimiento Apostólico de la Cía. de Jesús. Mujeres Iglesia Chile.