El Evangelio que anunciamos las mujeres. “Jesús busca la soledad”

Tú Señor, al igual que lo hiciste con tu Padre, nos esperas en el silencio, en el aislamiento, ojalá pudiéramos oírte.

María Eugenia Ziliani Illanes

28 febrero, 2020, 12:45 pm
10 mins

Domingo 1 de marzo, 2020
Mateo 4,1-11

En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre. El tentador se le acercó y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes». Pero él le contestó: «Está escrito: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”». Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en el alero del templo y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”». Jesús le dijo: «También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”». De nuevo el diablo lo llevó a un monte altísimo y le mostró los reinos del mundo y su gloria, y le dijo: «Todo esto te daré, si te postras y me adoras». Entonces le dijo Jesús: «Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”». Entonces lo dejó el diablo, y he aquí que se acercaron los ángeles y lo servían.

“JESÚS BUSCA LA SOLEDAD”

Jesús busca la soledad, para escuchar a su Padre, para estar con Él y sentir su presencia. Solo ellos, Padre e Hijo en intimidad. El corazón del Hijo, de la hija que necesita ir al centro de su alma, donde haya silencio para escuchar al Padre. ¿Dónde estás Señor? ¿Por qué parece que te escondes o que no estás en nuestra cotidianeidad? La vida en ciudades como Santiago tiene tanto ruido… tantas distracciones que me despistan. Tú Señor, al igual que lo hiciste con tu Padre, nos esperas en el silencio, en el aislamiento, ojalá pudiéramos oírte. Cada día corremos tras nuestro pan, para la vida nuestra y de nuestras familias… y Tú respondes “no solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”… Tu Palabra puede ser la que sostiene nuestra vida, nuestro espíritu y la dignidad que hay en cada uno de nosotros. El cuerpo necesita su alimento y nuestra alma La Palabra.

Escuchar La Palabra del Padre y del Hijo, hacerle un espacio cada día, para sentirla junto a nosotras, recibirla, saborearla para tener más vida, para darla, para regalarla. Vivimos de aquello con lo que nos alimentamos, nos convertimos en aquello que comemos y si escuchamos y acogemos La Palabra, nuestro cuerpo y nuestra alma podrán ser camino del Padre y del Hijo, para nuestros hermanos y hermanas. ¿Y qué pasa con los que viven permanentemente con menos pan, que pasan hambre, que no satisfacen sus necesidades básicas, que viven temiendo no contar con el pan, para sus familias, hijos, hijas y para ellos mismos? El pan material es indispensable, es insustituible, el cuidado y la mantención de la vida que hay en nuestro cuerpo es un deber de todos y todas para todos y todas. Mientras haya una hermana o hermano nuestro que sufra esta precariedad no podemos estar tranquilas, porque entonces no solo no se da la vida, sino que no se puede gozar de La Palabra que es vida, que es regalo.

Acoger y buscarte en el silencio para escuchar diariamente Tu palabra, es tener la oportunidad de ver la acción de Tu amor y de Tu ternura en nosotros. Volver a confiar en tus promesas de amor porque por nuestras debilidades somos Tu pueblo escogido, depositar a tus pies cada día nuestras limitaciones, errores, el daño causado, junto a nuestras alabanzas por todo lo recibido. Cantos de alabanzas y peticiones con humildad para seguir confiando que estás aquí con nosotros, que nos oyes y que nos darás lo mejor. No te fijaste en nuestros méritos, Tú nos escogiste por puro amor, no permitas que te pongamos a prueba, recuérdanos que las dificultades y problemas, pueden ser también ocasión para inclinarnos y en silencio volvernos a Ti, buscar tu rostro, tu abrazo y poner ante Ti con humildad nuestras peticiones. Tu Amor es tan grande que, aunque parezca que nos has abandonado, estás aquí, solo quieres suavizar nuestra alma y hacerla suplicante, mendicante, pedigüeña. Pequeña para que todos y todas se sientan grandes a nuestro lado. Tu Amor es más grande de lo que puedo imaginar y por ello te pido que mi alma tenga siempre presente que aun en la “noche más oscura”, ahí estás y quieres que en silencio te escuche y te pida por mí, mis hermanos, hermanas y nuestras necesidades.

La tentación de adorar aquello que todos y todas tantas veces sobrevaloramos, como el éxito, el reconocimiento, la fama, el aspecto físico, tener cosas como autos, viajes, ropas finas, …qué difícil sustraerse a esas aspiraciones que nos convierten en “alguien” ante los demás. Parecen deseos tan humanos, ¿no? La tentación de quedarnos tranquilas en nuestras casas, que nadie altere nuestra rutina diaria… ocuparnos de lo que siempre hacemos, de los que nos rodean, de nuestro trabajo… ¿por qué ir más allá… no es eso suficiente?, ¿para qué ocuparse del medioambiente o de las y los que no ganan un sueldo digno, de las y los que no tienen acceso a una educación de calidad?, ¿por qué preocuparme de las y los que no pueden pagar la universidad o tienen que endeudarse para ello, de las y los jóvenes y adultos homosexuales, lesbianas, transgénero, de las familias que se ven obligadas a tomarse un terreno junto a otras para acceder a una vivienda, de las mujeres violentadas por sus parejas, de las familias donde uno de sus hijos, hijas, padre o madre, quedaron sin visión? …y así, la lista de personas y familias con más necesidades que la mía continúa.

La tentación de olvidarnos que somos hermanas, hermanos, que el Amor de Dios está en todos y todas y especialmente en los y las que sufren cada día. Entonces nos recuerdas, “Amarás al Señor Tu Dios y solo a Él servirás”. Queremos servirte Señor en todos y todas, especialmente en nuestras hermanas y hermanos migrantes en este tiempo de Cuaresma. Servirte a Ti Señor en cada una y cada uno de ellos, eso nos pides, servirte en estos hermanos y hermanas. Es más importante servirte a Ti en ellos y ellas, que destinar nuestras energías a aquello que parece más visible, a lo que brilla, a lo que titula la prensa. Servirte en ellos y ellas, cada día, no adorar lo que se va, entregarnos a la vida de otros y otras, ahí estás Tú, ahí está nuestro tesoro.

Como María, Señor, servirte con fuerza, con decisión, con compromiso hasta el final.

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Psicóloga clínica UCh. Ha colaborado con la Vicaría para la Educación VED. Relatora SEPEC. Arzobispado de Santiago. Mujeres Iglesia Chile.