El Evangelio que anunciamos las mujeres. “Juan el Bautista modelo de auténtica predicación”

No nos anunciamos a nosotros mismos, sino que anunciamos a Cristo.

Sandra Fernández

17 enero, 2020, 11:49 am
7 mins

Domingo 19 de enero de 2020
Juan 1, 29-34

Al día siguiente Juan vio a Jesús que venía a su encuentro, y exclamó: «Ahí viene el Cordero de Dios, el que carga con el pecado del mundo. De él yo hablaba al decir: Detrás de mí viene un hombre que ya está delante de mí, porque era antes que yo. Yo no lo conocía, pero mi bautismo con agua y mi venida misma eran para él, para que se diera a conocer a Israel». Y Juan dio este testimonio: «He visto al Espíritu bajar del cielo como una paloma y quedarse sobre él. Yo no lo conocía, pero Aquel que me envió a bautizar con agua, me dijo también: Verás al Espíritu bajar sobre aquél que ha de bautizar con el Espíritu Santo, y se quedará en él. Sí, yo lo he visto; y declaro que este es el Elegido de Dios»”.

“JUAN EL BAUTISTA MODELO DE AUTÉNTICA PREDICACIÓN”

San Juan Bautista anunciaba con voz potente la conversión y la justicia del reino de Dios. Como él, nuestro compromiso es claro: indicar quién es el salvador del mundo y hacer fehaciente el reino de Dios y su justicia. “Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Jn 1, 29), dijo apenas vislumbró a Jesús, Aquel que “no romperá la caña resquebrajada ni apagará la mecha que aún humea” (Is 42, 2).

Actualmente, vemos a una sociedad que, o bien: teme al Dios castigador, o bien: le rechaza. Hemos perdido de vista la auténtica imagen del Dios que es Misericordia, del Dios de la vida que nos ama, en cuya esencia de madre y padre no hay divisiones ni muros que nos separen como hermanos. En gran medida somos responsables de esta sociedad que no siente al Dios que acoge y abraza.

Cito al Papa Francisco, quien deja claro que “es Jesús el único Salvador, Él es el Señor, humilde, en medio de los pecadores, pero es Él, no es otro poderoso que viene” (Ángelus, enero de 2017). En los últimos meses hemos visto cómo los poderosos han utilizado el fundamentalismo religioso con propósitos mezquinos. Observamos a políticos populistas gobernando actualmente, que, de forma estratégica, conociendo los impactos que el discurso religioso combinado con la demagogia política pueden tener, están generando a través de su modo ruin de hacer política tanta polarización social. Son evidentes enemigos de la cultura del encuentro, de esa cultura que nos permite mirarnos con nuevos ojos, como hermanos y hermanas que somos, pues la luz de Dios vino para iluminar a las naciones, no a un grupo selecto.

Como creyentes, cuánto nos afecta perder de vista a Jesús, y encandilarnos con quienes lo anuncian falsamente. Nos vendría bien hacer un breve ejercicio que deconstruya la figura de San Juan Bautista, ubicando sus hábitos, meditando sus palabras, reflexionando su vida y las razones profundas de su martirio, para luego mirar a nuestro alrededor y vislumbrar dónde se encuentra la voz del Espíritu. El padre Raniero Cantalamessa, aún siendo uno de los máximos predicadores de la Iglesia y de su hábil dominio del lenguaje religioso, indica que “no se predica ni se evangeliza solamente con las palabras, sino primero con las obras y la vida; no con lo que se dice, sino con lo que se hace y se es” (Vaticano, marzo de 2016). ¿Cómo se puede ser auténticos siervos de Dios si nuestras obras son contrarias a la Misericordia, a la justicia, a la dignidad humana? Quien reprime, quien asesina, quien violenta, quien abusa de su poder, quien se impone con sangre y fuego, no es testimonio de la Verdad. Quien cierra su corazón y no comprende que ante todo está el amor de Cristo que nos apremia, no es capaz de ver al Espíritu Santo posarse sobre los Hijos de Dios, “si no se tiene una recta intención, no se tiene al Espíritu de Dios, y en consecuencia no se es un auténtico evangelizador”, como señala también Cantalamessa (2016).

Que el apasionante testimonio de Juan el Bautista nos ayude a entender nuestro papel, no nos anunciamos a nosotros mismos, sino que anunciamos a Cristo. “La Iglesia no se lleva a sí misma, lleva a Cristo” (Ibid., 2017), dice el Papa, en la Iglesia no nos corresponde tomar un papel que ni el mismo Dios todopoderoso ha querido tomar. Centrémonos en Él y desde nuestras mechas humeantes pidamos al Espíritu Santo que las inflame nuevamente con el fuego de su misericordia.

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** Fotografía: AFP, fieles congregados en la canonización de monseñor Óscar Romero, El Salvador, 2018.

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México. Periodista, cantante católica y evangelizadora a través de redes sociales.