El Evangelio que anunciamos las mujeres. La gran Mujer que nos falta por conocer: María

Es tiempo de reivindicar la vida de María, sus acciones y su ser mujer en medio de un contexto sociocultural complejo hoy en Chile.

Soledad Tejeda Rodríguez

06 diciembre, 2019, 11:11 am
11 mins

Domingo 8 de diciembre 2019
Lucas 1, 26-38

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin». Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?» El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible». María contestó: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». Y la dejó el ángel.

LA GRAN MUJER QUE NOS FALTA POR CONOCER: MARÍA

Me niego a creer en una María como una mujer sumisa, servidora en silencio y no cuestionadora, no quiero creer en una joven María Madre de Jesús con una obediencia ciega que la disfrazan de generosidad, no puedo creer en una mujer como María soportando con paciencia y fortaleza el dolor de ver el sufrimiento y padecimiento de su hijo, sangre de su sangre, carne de su carne, de manera pasiva.

Desde niña aprendí que María es Virgen, que María es calladita, que María guarda las cosas en su corazón, que María es obediente, que María es generosa, que María no cuestiona, que María soporta el dolor, que María era una mujer. Y ese perfil, describe a una mujer de la época de Jesús en Medio Oriente, donde el machismo patriarcal aún es predominante. Lo curioso es que pese a tantos años transcurridos, la distancia que nos separa de Galilea y el acceso expedito que tenemos a la información, aún se continúe creyendo en una María sumisa, rezándole al final de las misas casi por cumplir y dedicándole un mes completo a la oración repetitiva, muchas veces haciéndose más por condicionamiento o costumbre que en conciencia y razonamiento de lo que se está diciendo o expresando.

Al leer el Evangelio, surgen sensaciones y pensamientos de conocer a una María diferente a la que nos han presentado y nos han hecho creer de generación en generación. Es tiempo de reivindicar la vida de María, sus acciones y su ser mujer en medio de un contexto sociocultural complejo hoy en Chile.

El ángel manifiesta a María que ha “encontrado el favor de Dios” (Lc.1, 30), por tanto, Dios puso su mirada y atención en María, algo tenía ella que Dios quiso elegirla y poner toda su confianza en ella. Si Dios ya conocía sus planes para con María, José y Jesús, entonces, sabía que tenía que elegir una mujer valiente, que sea capaz de enseñar, proteger y cuidar a Jesús con su vida, estar dispuesta a todo con tal de velar por su hijo, pero también por el plan de Dios en medio de una época donde todo estaba en contra.

Continuando con el discurso del ángel, este también le dice a María: “Vas a quedar embarazada y darás a luz a un hijo” (Lc.1, 31). Para aquellas mujeres que han decidido tener la experiencia de ser madres, saben que el vínculo que se crea es muy fuerte, las sensaciones y ternura que provoca en las madres cuando su bebé comienza a moverse, la dependencia que también se produce desde las mamás hacia los bebés, y viceversa, después de tenerlos alrededor de 9 meses dentro suyo, ¡9 meses!, o 39 semanas o 273 días, es un vínculo muy estrecho. Lo mismo experimentó María con Jesús en su vientre, para luego llegar el momento de dar a luz.

El parto de una mujer en la actualidad, se puede programar y controlar los dolores con algunos medicamentos creados especialmente para estos casos. Si el parto se complica, estarán los especialistas necesarios para que se realice una cesárea y así no poner en riesgo la vida de la madre y del bebé. En la época de María, dudo que hayan existido todas estas alternativas que hoy conocemos, muy por el contrario, tal vez se podría haber recurrido a una partera o un símil a este rol. Lo que sí sabemos desde el Evangelio, es que Jesús nació en condiciones precarias y muy poco higiénicas: un pesebre con animales.

Estando cierto día en Ejercicios Espirituales, recé el texto del nacimiento de Jesús y en la contemplación del texto, imaginé a María dando a luz, con gritos desgarradores de dolor por el esfuerzo que significa un parto, vi en esta imaginería a María sangrando y sudando… tal como lo viviría una mujer normal de su época. Esto es lo natural que debiera ocurrir, sin embargo, los textos bíblicos lo omiten siendo que es un proceso natural del desarrollo de la vida de una mujer.

Volviendo al Evangelio en reflexión, María le contesta al ángel respecto de su futuro embarazo: “¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?, o ¿cómo podré ser madre si no tengo relación con ningún hombre?” (Lc. 1,34). María, antes de dar respuesta y aceptar lo que el ángel está informándole, ella cuestiona y confronta cuidadosamente, pues en su cabeza no entiende cómo quedará embrazada si no está casada con José, solo era su prometida, por tanto, María tiene a Jesús no estando casada, se arriesga a ello en un contexto cultural y religioso donde esa acción es cuestionable, transgrede con las leyes. Por tanto, se podría pensar que María quebranta las normas por llevar a cabo el Plan de Dios, al cual ella ha adherido voluntariamente y se siente parte de ese plan con el rol que Dios le ha encomendado confiadamente. Una vez más podemos ver una mujer valiente, que va contracultura por un bien mayor comunitario.

“Yo soy la servidora del Señor; hágase en mí lo que has dicho” (Lc. 1, 38). Esta frase María no la expresa desde un arrebato o desde una obediencia ciega, sino más bien, desde una reflexión, de hacer el ejercicio de pensar, triangular información para luego pasarlo por su corazón y con una profunda convicción responder lo que su ser más profundo sentía y pensaba. Es un acto de generosidad consciente, de amor y bondad creyendo en Dios, no porque se lo diga otra persona, sino porque ella así lo decidió y lo experimentó.

No pretendo hacer teología formal, no tengo los conocimientos de ello, pero sí quiero creer en esta María que reflexiono hoy, en mi teología de la vida, que poco a poco se ha ido quedando en mi corazón a través de estos años, esta es la María que la vida, los rostros, las sonrisas y palabras de tantas personas me han mostrado, esta es la María humana que he ido conociendo y experimentando en este recorrido en el encuentro profundo con Jesucristo, que también es palabra de Dios, porque es Él quien también escribe en mi vida. O al menos eso quiero creer.

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Parroquia San Pedro Apóstol de Rupanco, Osorno. Mujeres Iglesia Chile.