El Evangelio que anunciamos las mujeres. “La Mesa”

Jesús invita a las personas a no buscar sentarse en los lugares de privilegio, nos convoca a sentir que debemos ubicarnos en lugares sencillos, y a cambiar el sentido de la RE-UNIÓN en la mesa.

Lorena Leal Rivas

30 agosto, 2019, 2:16 pm
4 mins

Domingo 1 de septiembre
La Mesa
Lucas 13, 22-30

Jesús nos muestra que era cuidadoso observador de las situaciones más cotidianas de la vida.

Una de las experiencias que le llamó la atención eran las ceremonias o banquetes. Observaba la manera en que se sentaban las personas, que siempre se ubicaban donde se encontraban los mejores invitados, los miembros más cercanos a la familia, o junto a las personas más destacadas de la comunidad. Todos ellos y ellas sin duda se sentían orgullosos de su posición, y de la admiración que esto provocaba en los demás. Estas mesas se utilizaban para celebrar, conversar o negociar, siempre partiendo que esto generaría retribuciones tarde o temprano.

Jesús invita a las personas a no buscar sentarse en los lugares de privilegio, nos convoca a sentir que debemos ubicarnos en lugares sencillos, y a cambiar el sentido de la RE-UNIÓN en la mesa, como bien dice la palabra, es una RE-UNIÓN. Nos insta a estar inspirados en que cuando realicemos un banquete, invitemos a los pobres, a los mancos, ciegos, al que se siente solo, al enfermo, es decir, a todas aquellas personas que nada nos pueden dar. Jesús nos motiva a compartir el alimento con el rechazado, el marginado, con el que nadie escucha, con el que nada tiene, sin pensar en la retribución.

Cabe preguntarse entonces, ¿qué mesa es la que comparto yo?

¿Es aquella a la que convoco solo a mis seres amados, aquella a la que invito a mis cercanos para conversar, negociar?

¿Soy parte de una mesa en la que se dialoga, en la que no se evita el conflicto, en la que prevalece la risa, en la que buscamos solucionar problemas familiares? O más bien invito a una mesa en la que solo quiero escucharme a mí mismo/a, cerrando mis oídos al extraño y a los que sufren.

¿Cuántas veces he preparado un banquete para el afligido, pensando en el que nada tiene, en el que jamás nunca podrá retribuirme nada?

Jesús ama desde los detalles y en los detalles genera grandes trasformaciones, expandiendo A-MOR (sin muerte), lo hizo y lo continúa haciendo sin límites, sin distinción, sin discriminación; hacia la totalidad.

Es así como desde este campo humano realizamos acciones en las que buscamos o intentamos acercarnos al modo de actuar de Jesús, y en la mayoría de las veces evaluándonos mejor de lo que realmente somos o hacemos.

Jesús sentado junto a una mesa, RE-UNIDO con amigos y amigas, dijo: “Haced esto en conmemoración mía”, bienaventurados somos al compartir la mesa y el pan.

Y volvemos a preguntarnos, ¿yo comparto o solo recibo?

El A-MOR es sinónimo de recibir y compartir, en aquel que solo recibe reina el egoísmo, y para que se genere y expanda el A-MOR es necesario recibir y compartir.

* Queridas hermanas, queridos hermanos, les enviamos una nueva homilía del Evangelio que anunciamos las mujeres. Nos alegramos y agradecemos los ojos y la voz nueva de mujeres que se atreven a decir y orar el Evangelio para nuestras comunidades. Estas van enriqueciendo nuestra capacidad de comprender y ampliar el mensaje de Jesús. Pueden encontrar todos los comentarios anteriores en Facebook: Mujeres Iglesia Chile, en la página de la Revista Mensaje: https://www.mensaje.cl/category/noticias/iglesia/ y en la página: https://www.kairosnews.cl

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