El Evangelio que anunciamos las mujeres. “Las mujeres fuimos contabilizadas por Jesús”

Las mujeres y los niños fuimos contabilizadas por Jesús y Él cuenta con nosotras para multiplicar.

América Bellei Carvacho

31 julio, 2020, 5:09 pm
6 mins

Domingo 2 agosto de 2020
Evangelio según San Mateo 14, 13-21

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan, el Bautista, se marchó de allí en barca, a un sitio tranquilo y apartado. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Al desembarcar, vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: «Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer». Jesús les replicó: «No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer». Ellos le replicaron: «Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces». Les dijo: «Traédmelos». Mandó a la gente que se recostara en la hierba y, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos hasta quedar satisfechos y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.

LAS MUJERES FUIMOS CONTABILIZADAS POR JESÚS

Jesús, cuando la vida lo golpea duro (muerte de Juan), se aleja de todo y de todos, se toma un espacio de silencio en el desierto, en la soledad. El Hijo de Dios, necesita orar, preguntarle al Padre, tiene dudas, quizá hasta quejas y ora. Ora y, después, fortalecido, vuelve a la misión, al encuentro con la gente y sus dolores. Oración como momento fuerte para recobrar energía y seguir… jamás oración-refugio, oración espiritualista, intimista. Jesús ora íntimamente, pero no huye jamás del mundo ni de la gente. Por eso, al ver que tantas y tantos le han seguido por tierra, caminando al sol, siente compasión, les atiende, les cura. Incluso más: Al llegar la noche les pide a los discípulos algo que parece fuera de toda lógica: “Denles ustedes de comer…”.

Es decir, organicen, promuevan, junten lo que hay y repártanlo… Alcanzó para todos y sobraron doce cestos llenos. Los panes y los peces también los tenemos nosotras y nosotros hoy, pero no los hacemos multiplicar, porque la compasión nos alcanza apenas para los nuestros, para asegurar a los cercanos.

¿No hemos visto esas ollas comunes que, como callampas milagrosas, han brotado en muchas poblaciones? Así como los discípulos quedaron sorprendidos al desconocer el gran poder de Jesús de multiplicar el pan y los pescados, en la actualidad hemos quedado gratamente sorprendidas de la gran capacidad que tienen muchas mujeres, al cocinar organizadamente para tantas vecinas y vecinos, que hoy dependen de esa solidaridad milagrosa tan necesaria.

Denles ustedes de comer”, dice Jesús, y hay que ver cómo y hay que verlo ahora. Cada persona sabe qué pan puede compartir, sin embargo, no digamos que nos duele ver subir los índices de cesantía, hambre, la crisis sanitaria… si no concretamos la compasión, si no la hacemos pan y pescados para otras y otros.

Con este pasaje del Evangelio, yo veo a una mujer de mi pueblo, dueña de casa y madre, en familia cada día con sus hijos e hijas, mirando y respondiendo a todas sus necesidades. Cocinando, lavando, haciendo aseo, mudando, repartiendo la comida y postre a todos por igual, en sintonía con muchas mujeres. Sabemos que viven exhaustas y deseando disponer para sí, aunque sea unos minutitos sin responsabilidades y lejos de todos y poder descansar y recuperar sus fuerzas para poder terminar su día. El milagro de Jesús se renueva cada día y en cada mujer empobrecida, quienes día a día han de hacer milagros con su comida.

Una cosa que ofende hoy y que encontramos en el texto de Mateo es comprobar que las mujeres y los niños ni siquiera eran dignos de ser contados. Confío en que ese error se le debe atribuir al narrador y a la cultura de la época, pero ciertamente no a Jesús.

Las mujeres y los niños fuimos contabilizadas por Jesús y Él cuenta con nosotras para multiplicar. Pido a Dios que las mujeres y los niños seamos contadas en esta sociedad, esta gran muchedumbre que camina sedienta y a la que Jesús mira con una compasión liberadora y dignificante.

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Misioneras Corazón de María. Andacollo. Región de Coquimbo. Mujeres Iglesia Chile.