El Evangelio que anunciamos las mujeres. “No teman entonces, porque valen más que muchos pájaros…”

Con solidaridad y saliendo de nosotras mismas, de nosotros mismos, podremos arriesgarnos a vivir el dolor y la incertidumbre confiando en Dios, Padre y Madre de la consolación.

Yeri Contreras Henríquez

22 junio, 2020, 10:58 am
5 mins

Domingo 17 de junio de 2020
Evangelio según San Mateo 10, 26-33

Jesús dijo a sus apóstoles: “No teman a los hombres. No hay nada oculto que no deba ser revelado, y nada secreto que no deba ser conocido. Lo que Yo les digo en la oscuridad, repítanlo en pleno día; y lo que escuchen al oído, proclámenlo desde lo alto de las casas.

No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman más bien a aquél que puede arrojar el alma y el cuerpo al infierno. ¿Acaso no se vende un par de pájaros por unas monedas? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae en tierra, sin el consentimiento del Padre de ustedes. También ustedes tienen contados todos sus cabellos. No teman entonces, porque valen más que muchos pájaros.

Al que me reconozca abiertamente ante los hombres, Yo lo reconoceré ante mi Padre que está en el cielo. Pero Yo renegaré ante mi Padre que está en el cielo de aquel que reniegue de mí ante los hombres”.

NO TEMAN ENTONCES, PORQUE VALEN MÁS QUE MUCHOS PÁJAROS…

En tiempos de abundancia, de alegría, ¡qué fácil es creer y tener una fe firme! En estos tiempos de dolor e incertidumbre nuestra vida está al límite, nuestros miedos afloran y la confianza se vuelve frágil.

Tenemos miedo, miedo a la enfermedad y a la muerte de quienes amamos, miedo a nuestra propia fragilidad, a la carencia, a la ausencia de nuestros seres queridos, miedo al abandono y la escasa protección otorgada por quienes son responsables de salvaguardar nuestros derechos… estamos expuestas, expuestos; estamos vulnerables.

Hoy nuestras relaciones han cambiado, el abrazo afectuoso y el saludo alegre se han cambiado por miradas sobre la mascarilla. Hemos aprendido “a la fuerza” a leer el lenguaje de las miradas y tratamos de expresar un caudal de emociones a través de ellas. Un “te amo” a nuestros viejos desde lejos… sin saber qué vendrá para ellos y para nosotras, para nosotros.

Los que eran gestos de confianza se han vuelto inseguros (los abrazos, la cercanía) y no sabemos por cuánto tiempo viviremos en esta incerteza. Nos da miedo el futuro, tememos al presente.

Y el Señor en el Evangelio de hoy nos dice: No teman.

Esperamos que a través de nuestra fe encontremos un refugio seguro que nos ayude a liberarnos de nuestros temores, de la incerteza y de la desconfianza. Pero la fe en Dios, esa fe encarnada y vivida en lo cotidiano, no lleva a eludir el temor o a pensar que mágicamente todo pasará. No, al contrario, nos impulsa a vivirlo con apertura de corazón, sabiendo que nada es seguro ni estable, pero que con solidaridad y saliendo de nosotras mismas, de nosotros mismos, podremos arriesgarnos a vivir el dolor y la incertidumbre confiando en Dios, Padre y Madre de la consolación.

Hoy el Señor nos dice: No teman, y proclámenlo desde lo alto de las casas… Pues, con esa certeza me arriesgo y asumo el compromiso a salir de mí misma, de reconocer y valorar mi dolor, mi temor, mi soledad e ir al encuentro de Dios Trino, comunión de Vida abundante.

Y mientras tanto, lo cotidiano de este tiempo lo vivo con mis pies humanos, con mi carne frágil, con mis manos cansadas, pero confiando en que Tú, Señor, estás junto a mí y yo solo puedo ser gesto de compasión y misericordia para mis hermanas y hermanos.

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Mujer, laica, profesora. Santiago. Mujeres Iglesia Chile.