El Evangelio que anunciamos las mujeres. «Nuestra porción de tierra: donde Dios aparece por la orilla»

Jesús sigue apareciendo en nuestras orillas, en la orilla de nuestro cotidiano.

María Martha Cúneo

22 enero, 2021, 12:41 pm
6 mins

Domingo, 24 de enero de 2021
Evangelio según San Marcos 1, 14-20

Después de que arrestaron a Juan el Bautista, Jesús se fue a Galilea para predicar el Evangelio de Dios y decía: “Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios ya está cerca. Arrepiéntanse y crean en el Evangelio”.

Caminaba Jesús por la orilla del lago de Galilea, cuando vio a Simón y a su hermano Andrés, echando las redes en el lago, pues eran pescadores. Jesús les dijo: “Síganme y haré de ustedes pescadores de hombres”. Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante, vio a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que estaban en una barca, remendando sus redes. Los llamó, y ellos, dejando en la barca a su padre con los trabajadores, se fueron con Jesús.

NUESTRA PORCIÓN DE TIERRA: DONDE DIOS APARECE POR LA ORILLA

Seguimos profundizando el evangelio de Marcos, con su simplicidad en narrar los hechos y presentar los personajes. Ellos mismos son simples, llanos, directos, muy humanos.

Este evangelio fue escrito para ser leído por la comunidad perseguida de Roma, que necesitaba aprender a creer sin grandes signos ni portentos. Marcos relata los mismos pasajes que otros evangelios, pero su marca es la cotidianeidad.

Aquí Jesús aparece en la orilla del mismo Mar de Galilea (o lago de Genesaret o Tiberíades), lugar norteño al que refieren muchos relatos evangélicos, y el paisaje cotidiano, el hábitat natural, de los que elegirá discípulos. Para ellos, era el lugar del trabajo de todos los días, con todo lo que tiene de lucha y cansancio, pero también de sustento y de posibilidad de futuro. Ser pescador, como buen trabajador, como muchos de nuestras actuales labores, era del tipo de tarea que exigía acción continua, tanto protagónica, como arrojar las redes, así como también demandaba el ejercicio de “reparación”, de “reciclarse” continuamente, en la solícita tarea de “remendar las redes” con las que se seguía trabajando al día siguiente.

En medio de esa tarea cotidiana, aparece Jesús “por la orilla”, por el margen del escenario, abordando una escena primera frenética y protagónica (Simón y Andrés estaban arrojando las redes) para pasar luego por una situación reparatoria (los hijos de Zebedeo estaban reparando las redes). Tanto a unos como a otros, en el frenesí y la agitación de la actividad o en el momento del remiendo y la reposición, de lamerse las heridas que dejó la acción exigida para curarlas y seguir. Jesús se les acerca y les hace levantar la mirada…

No todo está en buscar sobrevivir cada día y volver a empezar en un eterno retorno. Del sobrevivir los invita a sobrevolar. No ya a pescar peces para la conservación sino pescar seres humanos para el Reino de humanización que ya comenzó. No ya a reparar redes para seguir pescando sino reparar redes vinculares entre los seres humanos, invitados a una unidad universal bajo la mirada de un mismo Padre que está en el Cielo. Levantar la mirada de los peces y las redes, de la lucha cotidiana del sustento y la remuneración. Mirar alto y abrirse a otro futuro. Entrar en la dinámica del Reino que se inaugura.

Así como a ellos, Jesús sigue apareciendo en nuestras orillas, en la orilla de nuestro cotidiano. No irrumpe con portentos, sino que entra calladamente, proponiéndonos levantar la mirada de la lucha frenética por la supervivencia, de la reparación continua que exige la vida… y mirar alto… dejándonos “pescar” cada día de nuestra vida por el Señor de la historia, para ser parte de la dinámica de este Reino que es para todos los seres humanos de todos los tiempos. Y en estos tiempos, precisamente, donde se nos hace apremiante preguntarnos dónde está Dios con tanta pobreza, enfermedad y dolor… Dios está aquí… en tu aquí… en tu orilla, en tu hoy y en tu circunstancia. Y nos sigue llamando en nuestra vida de cada día… Dejemos que él nos muestre el camino, y no dudemos en seguirlo.

Nuestra actual porción de tierra existencial sigue siendo el único lugar del encuentro con el Dios Vivo.

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Misionera redentorista. Médica bioeticista, doctora en teología moral, Argentina.