El Evangelio que anunciamos las mujeres. “Seguir a Jesús”

¿En qué momento nos damos tiempo para Dios, si todo va tan rápido? Seguir a Jesús es tarea de una vida, y no asunto de momentos e instantes.

Maritza Fuenzalida Salas

28 agosto, 2020, 4:31 pm
7 mins

Domingo 30 de agosto de 2020
Evangelio según San Mateo 16, 21-27

A partir de ese día, Jesucristo comenzó a manifestar a sus discípulas/os que él debía ir a Jerusalén y que las autoridades judías, los sumos sacerdotes y los maestros de la Ley lo iban a hacer sufrir mucho. Que incluso debía ser muerto y que resucitaría al tercer día. Pedro lo llevó aparte y se puso a reprenderlo: «¡Dios no lo permita, Señor! Nunca te sucederán tales cosas». Pero Jesús se volvió y le dijo: «¡Pasa detrás de mí, Satanás! Tú me harías tropezar. Tus ambiciones no son las de Dios, sino las de los hombres».
Entonces dijo Jesús a sus discípulas/os: «La/El que quiera seguirme, que renuncie a sí misma/o, cargue con su cruz y me siga. Pues la/el que quiera asegurar su vida la perderá, pero la/el que sacrifique su vida por causa mía, la hallará. ¿De qué le serviría a una/o ganar el mundo entero si se destruye a sí misma/o? ¿Qué dará para rescatarse a sí misma/o? Sepan que el Hijo del Hombre vendrá con la gloria de su Padre-Madre, rodeado de sus ángeles, y entonces recompensará a cada una/o según su conducta.

SEGUIR A JESÚS

¡Qué difícil se hace en estos tiempos seguir a Jesús! En realidad, ya empieza en lo muy simple, cuando todo se nos exige con tanta rapidez que no alcanzamos a ponderar o meditar la palabra de Jesús. Se nota en la publicidad, en la televisión y ¡hasta en la ropa! Estás recién vistiendo trajes de baño en el verano y de repente, aún con temperaturas altísimas, aparecen los uniformes y diferentes vestuarios ya de época de otoño. Facebook, Instagram y WhatsApp… todo debe ser rápido e inmediato, porque sino, “pierdes la prioridad de ser la noticia” o “pierdes una seguidora o seguidor”. Pero ¿en qué momento nos damos tiempo para Dios, si todo va tan rápido? Seguir a Jesús es tarea de una vida, y no asunto de momentos e instantes.

Antes de esta pandemia mundial, nos decían que, si estábamos constantemente frente a dispositivos electrónicos, era dañino para nuestra salud. Pero hoy es lo más necesario para poder hablar o ver a nuestras/os seres queridas/os.

Quizás el “parar mundial” que nos trajo la pandemia, nos hace sentir cuáles son los valores fundamentales de nuestra vida. Incluso, nos ha traído la posibilidad de valorar muchas cosas que obviábamos. Podemos darnos cuenta, escuchando y leyendo con el corazón, que existen muchas, muchos o muches “Jesús”, que nos rodean en nuestro día a día y quienes, a pesar de que tienen todo en contra, cargan su cruz con alegría y orgullo.

Pienso en la Hermana Mónica Astorga de Neuquén, la que después de tantos años, por fin pudo formar un hogar seguro para mujeres trans; la Chef Mapuche Porteña Rossana Huenufil, que formó Cocina en Resistencia Inalmew, una olla común funcionando en el cerro Las Perdices en Valparaíso; las personas LGBTIQ+, que dicen a todas voces que son creyentes en Dios a pesar de que sus propias/os pares les discrimen.

Recuerdo las/os estudiantes de la Pastoral Juvenil, que demuestran con hechos y palabras que la juventud chilena, a pesar de todo, sigue creyendo en Dios y anunciando el Evangelio de la Vida; a las mujeres que se organizan y levantan la voz por las que aún no pueden hablar; a tantas enfermeras/os, TENS y personal médico quienes, como Michele Galarce, día a día renuncian a su propio bienestar y el de su familia, para ir en ayuda de tantas/os que están sufriendo. Recuerdo a todos y todas escuchando cómo Jesús nos dice “quien quiera seguirme, que renuncie a sí misma/o”.

Así, podría seguir dando ejemplos de personas que en la actualidad se atreven a seguir a Jesús, a pesar de todo y, quizás, sin considerarse creyentes. Son personas que no buscan “asegurar su vida”, y así, ¡son ellas a quienes Jesús les promete que van a hallarla!

Y tú que estás leyendo estas palabras, ¿a qué estás renunciando para seguir a Jesús? Quizás te es más fácil decirlo en la capilla, con tu comunidad de vida, en el grupo de solidaridad o en tantos otros espacios de seguridad. Quizás simplemente lo conversas con Jesús. ¿A qué estás renunciando para seguir a Jesús? ¿Qué arriesgas por Jesús?

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Fuente: https://www.facebook.com/MujeresIglesiaChile

Analista Junior Marketing.Comunidad de Vida Diversidad Vocal. Mujeres Iglesia Santiago.