El Evangelio que anunciamos las mujeres. “¿Somos nosotros tierra fértil para el Señor?”

Para recibir la palabra debemos preparar nuestro corazón, sacar las malas intenciones y todo aquello que no sirve para recibir las enseñanzas del Señor.

Herly Bastías Zamudio

10 julio, 2020, 10:35 am
10 mins

Domingo 12 de julio de 2020
Evangelio según San Mateo 13, 1-23

Aquel día salió Jesús de la casa y se sentó junto al mar. Y se le juntó mucha gente; y entrando él en la barca, se sentó, y toda la gente estaba en la playa. Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: He aquí, el sembrador salió a sembrar. Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron. Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra; pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó. Y parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron, y la ahogaron. Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno.
El que tiene oídos para oír, oiga.
Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas? Él, respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado. Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. Por eso les hablo por parábolas: porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden. De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dijo: “De oído oiréis, y no entenderéis; Y viendo veréis, y no percibiréis. Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, Y con los oídos oyen pesadamente, y han cerrado sus ojos; para que no vean con los ojos, y oigan con los oídos, y con el corazón entiendan, y se conviertan, y yo los sane”.
Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen. Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron. Oíd, pues, vosotros la parábola del sembrador: cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino. Y el que fue sembrado en pedregales, este es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo; pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza. El que fue sembrado entre espinos, este es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa. Mas el que fue sembrado en buena tierra, este es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno.

¿SOMOS NOSOTROS TIERRA FÉRTIL PARA EL SEÑOR?

El texto de hoy es tan concreto. Es como somos los creyentes. Jesús da muestras de infinita bondad y sabiduría, explica en palabras sencillas para llegar a todas las personas a través de parábolas. Quiere que todos entiendan el mensaje. Y explicar el reino de Dios Padre Madre con ejemplos de campo es perfecto para comprender el mensaje.

Aquellas semillas que cayeron en el camino son como esas personas que pasan sin dar importancia a la Palabra, van inmersos en su propio ser, en su bienestar, no fijándose en el otro. Algunos son como las semillas sin raíz, superficiales, pendientes del qué dirán, siempre mostrando una careta de acuerdo con las circunstancias. Otras están ahogadas por los espinos, su Fe no es tan fuerte y no logran encontrar la forma de luchar con las dificultades que todos tenemos en la vida y solo lo achacan a la mala suerte.

Que seamos como aquellas semillas que dan fruto, que, a pesar de los sinsabores y pocas esperanzas que nos muestra la vida, logremos ver el camino que nos enseña Dios Padre Madre, la luz de esperanza a pesar de las adversidades. Que continuemos el camino de la Fe.

Pero ¿cómo ser como estas semillas? A veces, cuando escuchamos la palabra solo queremos entender aquello que nos interesa y desechamos lo demás. Armamos una palabra en nuestro beneficio; si ella no va de acuerdo con lo que deseamos, ya no nos interesa. Por ejemplo, el Padre Hurtado predicaba en las misas sobre la pobreza y las riquezas mal repartidas, y las señoras devotas con mucho dinero, se retiraban de la misa diciendo que era un cura “comunista”. No les agradaba que tocaran sus riquezas.

Que Jesús haya usado parábolas de siembra no es casualidad. El sembrar no es fácil, tiene un proceso, un antes, un durante y un después. Antes debemos preparar la tierra, significa abonar la tierra, sacar piedras y todo aquello que eche a perder lo sembrado.

Es lo mismo en el ser humano: para recibir la palabra debemos preparar nuestro corazón, sacar las malas intenciones y todo aquello que no sirve para recibir las enseñanzas del Señor. Se siembra en terreno fértil y durante el proceso se debe cuidar la correcta medida del agua, retirar malezas, ver cómo llega el sol, evitar el hielo y los pájaros que comen lo sembrado. Y a nuestra Fe, debemos alimentarla de buenas acciones, oración, contemplación y quitar de nuestras vidas aquello que ponga hielo en nuestros corazones.

Mantengamos la Esperanza y la Fe, para saber amar a pesar de las dificultades que se presenten en el camino, para enfrentar esa adversidad y ser perseverantes y valientes. No digamos “no puedo, soy pobre, no tengo dinero, no tengo amigos influyentes”. La tierra del Señor es fecunda y le podemos confiar. Mantengamos también la Esperanza y la Fe, para saber amar a pesar de las riquezas que se presenten en el camino, para enfrentar la tentación de adorar al Señor Dinero, el Señor Fama, el Señor Poder u otro. No digamos “me lo merecí este buen pasar económico, esta buena educación y estos buenos trabajos”. Es el Señor quien hace crecer y llenarse de semillas las espigas. Si más hemos recibido, más debemos dar.

Y cuando vamos a cosechar, al lado del Señor, recibiremos en abundancia, porque tuvimos cuidados en el antes y el durante, sembramos y cuidamos con cariño, dedicación, amor y Fe en la Ruah.

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Profesora. Mujeres Iglesia Santiago.