El Evangelio que anunciamos las mujeres. Somos Templo del Espíritu

Del Evangelio del domingo, podemos extraer algunas claves que nos ayudan a comprender ese celo de Jesús por la casa de su Padre. Y también nos podemos preguntar qué tiene que ver esto con nosotras, de manera particular, próximas al día la mujer. ¿Por qué no? La Palaba de Dios es viva.

Luisa Escobar Rodríguez

05 marzo, 2018, 11:25 am
6 mins

Domingo 4 de marzo
Somos Templo del Espíritu (Jn 2, 13-25).

La reacción de Jesús, al ver la escena en el templo, pone fin a la alianza antigua y anuncia lo nuevo por lo que será sustituido. El templo, para Israel, es el centro religioso y símbolo nacional, es lo que le da identidad como nación. Es el lugar de la presencia de Dios. Pero en ese momento queda al descubierto por Jesús, que este centro neurálgico está corrompido.

Y es ahí donde Jesús causa las mayores tensiones con las autoridades judías, ahí hace las grandes denuncias. Y ¿cuáles hace ahora? Pues, la de un culto hipócrita generador (y no solo encubridor) de injusticia y explotador del pobre. Los cambistas se instalaron en el templo. Cambian monedas para pagar el tributo a Dios. La relación con Dios se convirtió en un intercambio comercial, generando además las mayores fuentes de ingreso para la cuidad y, por supuesto, sosteniendo a las autoridades religiosas de Israel. La casa del Padre quedó convertida en forma de explotación.

Juan tiene como intención poner todo esto al descubierto. Por tanto, no podemos excluir de la reflexión a aquellos y aquellas para quienes el templo sí era un lugar de profundo y verdadero encuentro con Dios, como atestigua la historia de la salvación de Israel, especialmente en el corazón de ese pequeño “resto”, al que pertenecen María y José. Por eso, podemos imaginar la furia de Jesús porque finalmente se está explotando al pueblo por medio del culto, el fraude de lo sagrado. Jesús se para y actúa como Hijo, en sentido exclusivo, afirmando su mesianidad. Deja muy en claro que el dios de ese templo es el dinero y que el culto es pretexto para el culto. Es la explotación a Dios mismo y no el lugar donde debería manifestar su gloria.

Al llamar Jesús a Dios “mi Padre”, lo saca del templo; ahora la relación con Él no es religiosa sino filial, familiar. Ya no es una relación cambista de temor, sino de amor, intimidad y confianza. Por eso, en la casa del Padre no puede haber comercio, porque es la casa familiar, todo es todos y todas. En adelante, la manifestación de Dios se hará en Jesús, la palabra encarnada. Este Jesús que anuncia al Dios verdadero, no tiene domicilio, porque es una presencia dinámica entre nosotros, que se desplaza según las circunstancias. Donde Él esté, allí está la puerta a Dios.

Él está también en nosotras. En el interior de nuestro castillo, como dice santa Teresa de Jesús. En la cotidianidad de nuestra vida y en todo lo que somos, sobretodo. Por eso, hoy también, la invitación es romper con el régimen antiguo de nuestro cuerpo que es, tantas veces, templo de cambistas y debiera ser “Templo del Espíritu”. A preguntarnos si seguimos dejando que, en él, se venda lo más sagrado de nosotras. A expulsar a aquellos demonios cambistas instalados en nosotras y en nuestro entorno, que intentan explotar, subyugar nuestro ser mujeres libres y gozosas en la relación con Dios y el mundo. Preguntémonos, si dejamos que el materialismo y el consumismo nos conviertan en lucradoras de la experiencia de Dios.

No es fácil ser ajenas a todo imperativo actual que tiene como dios al dinero, un dios que aniquila nuestros anhelos más puros como personas. Todo es oferta-demanda, la misma humanidad se oferta poniendo como lo más cotizado el poder, el tener y el hacer, como referente del valor de un ser humano: ¿nos sirve o no sirve?

En el día de la mujer, dejemos que Jesús, como lo hizo en el templo en aquella época, grite a los cuatro vientos: ¡no conviertan a mis hijas en casa de ladrones! y que expulse todo lo que nos deshumaniza y nos violenta. Que haga resplandecer la belleza de lo que somos. Templos vivos del Espíritu con una enorme capacidad de dar vida en abundancia. Mujeres nuevas, vaciadas de todo idolismo. Mujeres para un tiempo nuevo, el que inauguró Jesús. Dispuestas a poner lo que somos verdaderamente para Dios, y así este 8 de marzo, celebrar juntas la fiesta de la libertad.

* ¡Queridas amigas y compañeras de ruta, queridos amigos! Desde el primer domingo de Cuaresma, y hasta el último domingo del año litúrgico 2018, estaremos compartiendo con ustedes una reflexión sobre el Evangelio dominical. Con ello queremos visibilizar y compartir un comentario dicho por mujeres sobre la Palabra. Pueden encontrar todos los comentarios anteriores en Facebook, Mujeres Iglesia Chile y en la página de la Revista Mensaje, https://www.mensaje.cl/category/noticias/iglesia/

_________________________
Fuente: https://www.facebook.com/MujeresIglesiaChile/posts/2021897281365226

Carmelita misionera. Mujeres e Iglesia.