El Evangelio que anunciamos las mujeres. «Un llamado y un seguimiento corporizados»

Sigamos a Jesús, con todo nuestro ser, con todo nuestro cuerpo, con todos nuestros sentidos.

Brenda García

15 enero, 2021, 1:34 pm
8 mins

Domingo, 17 de enero de 2021
Evangelio según San Juan 1, 35-42

Al día siguiente Juan estaba otra vez allí con dos de sus discípulos, y vio a Jesús que pasaba, y dijo: “Ahí está el Cordero de Dios”. Y los dos discípulos le oyeron hablar, y siguieron a Jesús. Jesús se volvió, y viendo que Lo seguían, les dijo: “¿Qué buscan?”. Y ellos Le dijeron: “Rabí (que traducido quiere decir Maestro), ¿dónde Te hospedas?”. “Vengan y verán”, les dijo Jesús. Entonces fueron y vieron dónde se hospedaba; y se quedaron con Él aquel día, porque eran como las cuatro de la tarde (la hora décima). Uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús, era Andrés, hermano de Simón Pedro. Él encontró primero a su hermano Simón, y le dijo: “Hemos hallado al Mesías” (que traducido quiere decir, Cristo). Entonces lo trajo a Jesús. Jesús mirándolo, dijo: “Tú eres Simón, hijo de Juan; tú serás llamado Cefas”, que quiere decir Pedro (Piedra).

UN LLAMADO Y UN SEGUIMIENTO CORPORIZADOS

El inicio del pasaje en los versículos 35-36, es despedida del Bautista como el Heraldo del Mesías, la culminación de su anunciación profética, de su ministerio que consistió en anunciar la venida del Mesías y de preparar a las personas para encontrarse con él.

Entender y vivir nuestro papel en el Reino

El pasaje entre líneas nos muestra a un hombre fiel, determinado, consciente de sí mismo y de su papel en el plan histórico-salvífico de Dios. Juan el Bautista en todo momento da testimonio de Jesús y termina su ministerio guiando a algunos de sus discípulos que se habían formado con él al encuentro con Jesús.

Así, este pasaje del evangelio nos muestra algunos frutos del ministerio profético de Juan el Bautista, el precursor de Jesús. ¡Qué lejos estamos hoy como líderes de comunidades de fe o ministerios de ser como el Bautista! Un hombre, sin ninguna duda, generoso, determinado, que no buscó protagonismo (aunque entre líneas se sobreentiende que lo tenía) ni fama ni popularidad. Juan el Bautista entendió su papel en el proyecto del Reino y puso sus dones y vida al servicio de este.

Este pasaje nos convoca de igual manera a preguntarnos: ¿Cuál es mi propósito al estar en un ministerio, iglesia o comunidad de fe? ¿Cuáles son los anhelos más profundos de mi corazón? ¿Qué estoy buscando y tratando de obtener de mi vida? ¿En quién o en qué he depositado mi fe?

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De los versículos 37 al 39 el escritor joanico narra que los dos discípulos que le oyeron, fueron a seguir a Jesús. Este, al darse cuenta les confrontó preguntándoles ¿qué buscan? Y ellos contestaron, según algunas traducciones: ¿Dónde te quedas? o ¿dónde vives? A lo cual Jesús contestó: “Vengan y lo verán”. Los discípulos le siguieron y se quedaron con él donde vivía.

El llamado y el seguimiento corporizado

El uso de los verbos ver, oír, decir, seguir en sus diferentes conjugaciones, es parte del estilo del escritor joanico para referirse a una fe plena que se alcanza por medio del seguimiento a Jesús. El pasaje descubre actos fundamentales tanto de los discípulos como del mismo Jesús, actos enteramente humanos. Los discípulos son exhortados a un seguimiento corporizado, plenamente encarnado mediante el cual y solo por el cual podrán conocer al Mesías y este revelarse ante ellos.

El llamado es un momento más en el plan de Dios para cada uno/a en su pueblo, pero nos confronta a cada uno de manera particular: ¿Qué queremos? ¿Qué deseamos? No lo hace de manera impositiva o arbitraria; pero sí, constante. ¡Quiera Dios que seamos como esos primeros discípulos y respondamos de manera afirmativa al llamado! Y sigamos a Jesús, con todo nuestro ser, con todo nuestro cuerpo, con todos nuestros sentidos. Pero, estando atentos a no seguir o responder a quien no se debe; sino, solo a aquél que se encarnó para todas y todos sin excepción.

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Finalmente, en los versículos 40 al 42, se narra cómo Andrés, uno de los discípulos que estaba con el Bautista, llevó a su hermano Simón al encuentro con Jesús. Existen algunas variantes en cuanto a la traducción de estos versículos, algunas apuntan a que “Andrés llevó a Simón”, otras, “al primero que encontró fue a su hermano Simón”. En ambas traducciones se refleja cómo Andrés, lleno de gozo, está listo para dar testimonio de Jesús, siguiendo los pasos de su maestro, el Bautista, quien fue el testigo principal. Ahora, sus discípulos continúan con su legado perpetuando su ministerio: anunciar y testificar sobre el Mesías.

Nuestro testimonio

Juan el Bautista fue fundamental en el ministerio de Jesús. A partir de él se desencadenó una línea testimonial que perdura hasta nuestros días. Como líderes y lideresas; ministras y ministros del evangelio; pastores y pastoras y en general, todas aquellas personas que nos hacemos llamar cristianos debemos procurar con nuestros actos testificar sobre Jesús. Ya que nuestras acciones marcan de manera contundente a las personas que están a nuestro alrededor. Seamos cristianas y cristianos críticos, observadores, consecuentes, justos, evangélicamente definidos; aportemos, colaboremos construyamos juntas y juntos el deseo de Dios para la humanidad, establecer su Reino.

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