El Evangelio que anunciamos las mujeres. “Y ustedes quién dicen que soy yo”

¿Cuáles son mis cruces?, ¿qué significa llevar la cruz? Todas las cruces son diferentes y se viven en diversos contextos.

Domingo 16 de septiembre
Y ustedes quién dicen que soy yo” (Mc 8, 27-35)

Salió Jesús hacia los pueblos de Cesarea de Filipo; va de camino junto a sus discípulos y otros que le seguían. No es casualidad que en el camino ocurra este episodio del Evangelio. Cesarea es un lugar de luz, donde los rayos del sol llegan con mayor intensidad producto del suelo volcánico y su geografía. Esto nos hace recordar al profeta que anuncia: “El pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz”. Jesús preparó este momento con antelación porque era ahí, en Cesarea de Filipo, que deseaba compartir su mensaje. En lo más profundo de su corazón deseaba que sus discípulos conocieran el gran propósito de Dios. Estaban en el momento y en el lugar preciso.

En el camino venían sus discípulos y otros. La pregunta que Jesús hace es clave: “¿Quién dicen los hombres que soy yo?”, ellos le transmiten lo que han escuchado: Juan Bautista, Elías y otros profetas. Jesús hace otra pregunta que toca el corazón de los discípulos: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?”. Solo Pedro responde, y lo hace movido por el Espíritu Santo: “Tú eres el Cristo”. Nunca había expresado ante Jesús lo que pensaba. Jesús no rechaza lo que dice Pedro de Él, y con firmeza responde: “No se lo digan a nadie”. Jesús les habla con claridad. El hijo del hombre “debía sufrir mucho y ser rechazado por los notables, los jefes de los sacerdotes y los maestros de la ley; que iba a ser condenado a muerte y que resucitaría al tercer día”. Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo por lo que había dicho. Jesús le habla muy fuerte: “Detrás de mí, satanás, tú no piensas como Dios, sino como los hombres”. Pedro se había hecho otras expectativas con Jesús, era el Mesías, el Cristo. No cabe en su mente lo que Jesús está diciendo. En Pedro aparece su impulso y deseo de protegerlo, sin pensar interferir en el proyecto de Dios y en la misión de Jesús.

Jesús continúa hablando: “Si alguno quiere seguirme, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga”. Jesús habla claro e invita a decidir con libertad, Jesús los llama a descentrarse, salir de sí mismos y vivir por Él y para Él. “Quien quiera asegurar su vida la perderá; y quien sacrifique la vida por mí y el Evangelio se salvará”. Jesús anuncia lo gratificante que es decidirse por Él, la alegría de la fe que te permite ir más allá de las propias fronteras.

En el seguimiento de Jesús también nos creamos expectativas y nos olvidamos lo que nos dice Jesús: “El que quiera seguirme que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga”. Me pregunto para hacerlo más consciente en mí: ¿Cuáles son mis cruces?, ¿qué significa llevar la cruz? Todas las cruces son diferentes y se viven en diversos contextos. Recuerdo a mis vecinos de La Legua Emergencia y lo que nos toca vivir; la cruz de la violencia generada por el narcotráfico. En los matrimonios que se comprometen para toda la vida y son capaces de vivir juntos hasta el final por amor, pese a todas las dificultades. En las madres que tienen hijos discapacitados, metidos en la droga… Cuando siento que ya no doy más y la cruz me hace caer; recuerdo lo que dice Jesús: “Vengan a mí los cansados y agobiados, que yo los aliviare”.

Digamos a Jesús: Tú eres mi Señor, a quien conocí en la preparación para recibir mis sacramentos. Eres el motor de mi vida. Quien me invita a caminar detrás de Él y su Evangelio. Quien se hace presente día a día en mis hermanos con quienes vivo, en mi trabajo, en mi familia, en la escuela… El que me habla cada día a través de su palabra. Te pido que despiertes en mí el deseo de conocerte en tu Evangelio para poder amarte y seguirte con un corazón de discípula, para entregarte a los demás.

* Queridas hermanas, queridos hermanos, les enviamos una nueva homilía del Evangelio que anunciamos las mujeres. Nos alegramos y agradecemos los ojos y la voz nueva de mujeres que se atreven a decir y orar el evangelio para nuestras comunidades. Estas van enriqueciendo nuestra capacidad de comprender y ampliar el mensaje de la Palabra, el mensaje de Jesús. Les invitamos a escuchar, meditar y compartir esta homilía, que nos invita a salir del silencio y hacernos profecía viviente con toda la fecundidad que hay dentro de nosotras. Pueden encontrar todos los comentarios anteriores en Facebook, Mujeres Iglesia Chile, y en la página de la Revista Mensaje: https://www.mensaje.cl/category/noticias/iglesia/

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Fuente: https://www.facebook.com/MujeresIglesiaChile/

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