En este país de África Occidental, los conflictos armados, los desplazamientos de población y los efectos del cambio climático impiden que millones de personas cultiven sus tierras. El resultado: los precios de los alimentos se disparan, la desnutrición aumenta y las familias luchan por sobrevivir. Según la ONG Acción contra el Hambre, más de 36 millones de nigerianos sufren actualmente inseguridad alimentaria, mientras que más de seis millones de niños padecen desnutrición.
«Nadie cultiva. Si sales, te matarán. Los precios de los alimentos se han vuelto demasiado altos y ya no podemos alimentar a nuestras familias», cuenta por teléfono Ibrahim, habitante del estado de Borno, en Nigeria, entrevistado en lengua kanuri. En efecto, el norte del país más poblado de África se enfrenta a una doble inseguridad que afecta a la población: por un lado, la violencia de grupos yihadistas que llevan a cabo una insurgencia contra el Estado desde 2009. Por otro, la violencia perpetrada por bandas criminales, que realizan secuestros masivos a cambio de rescates. Este recrudecimiento de la violencia provoca un aumento alarmante de la inseguridad alimentaria. En los estados de Borno, Adamawa y Yobe, epicentro del conflicto, el miedo impide a los agricultores regresar a sus campos. Desde hace más de una década, la violencia ha vaciado numerosos pueblos. La población se ha refugiado en los centros urbanos, donde los medios de subsistencia siguen siendo muy limitados.
Para los habitantes, la agricultura, principal fuente de ingresos, se ha vuelto casi imposible. «Sufrimos cada día. Ya no podemos ir a trabajar a la granja porque corremos el riesgo de ser secuestrados o asesinados. Solo pedimos poder volver a cultivar nuestras tierras», cuenta Amina, una mujer entrevistada también por teléfono en kanuri, una lengua local.
La situación afecta directamente a los niños, las mujeres embarazadas y las personas mayores. Sin cosechas, las familias ya no tienen ingresos para comprar alimentos, acceder a la atención sanitaria o financiar la escolarización de sus hijos. Yani, otra joven entrevistada en lengua hausa, describe una vida marcada por los desplazamientos permanentes. «Desde hace más de quince años, nos vemos obligados a huir. Encontrar comida se ha vuelto extremadamente difícil. Necesitamos ayuda y la recibiremos con gratitud», explica.
«El año pasado, alrededor de 33 millones de personas sufrían inseguridad alimentaria. Este año, ya superamos los 36 millones. Entre ellas, más de seis millones de niños menores de cinco años padecen desnutrición, de los cuales cerca de tres millones sufren desnutrición aguda grave», informa el director de país de la ONG Acción contra el Hambre en Nigeria, Thierno Samba Diallo.
Las consecuencias de esta crisis afectan, por tanto, principalmente a los menores de cinco años, así como a las mujeres embarazadas o en periodo de lactancia. «Seis millones de niños que sufren desnutrición representan ya una situación catastrófica. Las mujeres también se encuentran entre las primeras víctimas de los conflictos y de las catástrofes climáticas», recuerda el director de Acción contra el Hambre.
Según él, varios factores están en el origen de esta alarmante situación: la inseguridad persistente, los desplazamientos forzados, la disminución de la producción agrícola, los efectos del cambio climático, así como la reducción de la financiación humanitaria. «La población ya no tiene acceso a sus tierras. Ya no puede cultivar ni criar ganado. Sin producción, ya no puede alimentar a sus familias, enviar a sus hijos a la escuela ni acceder a la atención sanitaria», explica.
Varios factores están en el origen de esta alarmante situación: la inseguridad persistente, los desplazamientos forzados, la disminución de la producción agrícola, los efectos del cambio climático, así como la reducción de la financiación humanitaria.
La situación también ha empeorado, señala, debido en particular a «los recortes presupuestarios globales desde el año pasado, cuando vimos el desmantelamiento de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, USAID, y la retirada de estas financiaciones, que representaban casi la mitad de la financiación humanitaria a nivel mundial». Lamentablemente, añade, «las necesidades aumentan mientras que la financiación disminuye. Tras la reducción de varios programas internacionales, las organizaciones humanitarias disponen de menos recursos para responder a las necesidades de la población».
A pesar de este contexto, la organización afirma haber asistido a más de dos millones de personas en 2025, principalmente mediante distribuciones de alimentos, transferencias de dinero, programas agrícolas, acceso a agua potable, atención sanitaria y tratamiento de la desnutrición.
Ante la magnitud de las necesidades, los actores humanitarios instan al Gobierno nigeriano y a los socios internacionales a reforzar su compromiso para responder a la emergencia, al tiempo que invierten en seguridad alimentaria, resiliencia de las poblaciones y paz.
«Las respuestas humanitarias son indispensables, pero deben ir acompañadas de inversiones sostenibles en agricultura, acceso al agua, salud, protección social y desarrollo, con el fin de permitir que la población recupere su autonomía», concluye.
Fuente: www.vaticannews.va/es / Imagen: Pexels.