El Papa: “La obediencia a Dios como límite de la obediencia al Estado”

El Papa Francisco ha escrito un prefacio al segundo volumen de los textos escogidos de Joseph Ratzinger, sobre la relación entre fe y política, titulado: “Liberar la libertad. Fe y política en el tercer milenio”.

Renato Martínez

14 mayo, 2018, 11:12 am
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Liberar la libertad. Fe y política en el tercer milenio, es el título del libro de Joseph Ratzinger que fue presentado el 11 de mayo en el Senado italiano. La obra contiene un texto inédito de Benedicto XVI, y cuenta, además, con el prefacio del Papa Francisco. En la presentación intervinieron Mons. Gianpaolo Crepaldi, Arzobispo de Trieste; Antonio Tajani, Presidente del Parlamento europeo, y Mons. Georg Gänswein, Prefecto de la Casa Pontificia.

LA LIBERTAD DE LA OBEDIENCIA A DIOS

“La relación entre fe y política es uno de esos grandes temas que está desde siempre en el centro de la atención de Joseph Ratzinger-Benedicto XVI —escribe el Papa Francisco en el prefacio—, y que atraviesa todo su camino intelectual y humano”. La experiencia directa del totalitarismo nazi lo condujo —agrega el Pontífice—, ya siendo un joven estudioso, a reflexionar sobre los límites de la obediencia al Estado a favor de la libertad de la obediencia a Dios.

El hombre y su esperanza van más allá de la realidad del Estado y más allá de la esfera de la acción política, señala el Papa, ya que el Estado no es la totalidad de las posibilidades y de las esperanzas humanas, y cuando pretende ser esto se convierte en un Estado demoníaco y tiránico.

EL AUTÉNTICO CONTRASTE ENTRE MARXISMO Y CRISTIANISMO

En este sentido, el Papa Francisco recuerda que Joseph Ratzinger elabora y propone una visión cristiana de los derechos humanos, capaz de debatir a nivel teórico y práctico con la pretensión totalitaria del Estado marxista y de la ideología atea sobre la que se fundaba. “Porque el auténtico contraste entre marxismo y cristianismo para Ratzinger —afirma el Obispo de Roma— no está, ciertamente, dado por la atención preferencial del cristiano por los pobres, sino que deberíamos aprender que además de la presencia real de Jesús en el templo, en el sacramento, existe aquella otra segunda presencia real de Jesús en los más pequeños, en los pisoteados de este mundo, en los últimos”.

Ese contraste tampoco está dado, como él mismo —Ratzinger— subraya a mitad de los años ochenta, por la falta de un sentido de equidad y solidaridad en el magisterio de la Iglesia. “El profundo contraste, nota Ratzinger, está dado más bien por la diferencia abismal que subsiste en referencia al cómo deba tener lugar la redención, y por la pretensión marxista de situar el cielo en la tierra y la redención del hombre en el más acá”.

COLONIZACIÓN DE LAS CONCIENCIAS

De este modo —escribe el Papa Francisco—, Ratzinger nos acompaña a la comprensión de nuestro presente, dando testimonio de la inmutable frescura y vitalidad de su pensamiento. “Hoy, de hecho, más que nunca se propone nuevamente la mismísima tentación del rechazo de toda dependencia del amor, salvo el amor del hombre por su propio ego, por el yo y sus caprichos; y, por tanto, el peligro de la «colonización» de las conciencias por parte de una ideología que niega la certeza de fondo según la cual el hombre existe como varón y mujer, y a ellos se les asigna la tarea de la transmisión de la vida”.

DEPENDENCIA ENTRE CRIATURA Y CREADOR

Estos aparentes «derechos» humanos —señala el Papa Francisco—, tienen un único denominador común, que consiste en una única y gran negación: la negación de la dependencia del amor, la negación de que el hombre es criatura de Dios, hecho amorosamente por Él a su imagen para que lo anhele, como busca la cierva corrientes de agua (Sal 41). “Cuando se niega esta dependencia entre criatura y creador —afirma Francisco—, esta relación de amor, se renuncia en el fondo a la verdadera grandeza del hombre, al baluarte de su libertad y dignidad”.

Así —concluye el Papa Francisco—, la defensa del hombre y de lo humano contra las reducciones ideológicas del poder pasa hoy, de nuevo, por fijar la obediencia del hombre a Dios como límite de la obediencia al Estado. Recuperar este desafío, en el verdadero y claro cambio de época que hoy vivimos, significa defender la familia. “Estoy seguro —agrega el Santo Padre— que estos textos nos ayudarán ciertamente a todos a comprender nuestro presente y a encontrar una sólida orientación para el futuro, pero también serán verdadera y auténtica fuente de inspiración para una acción política que, poniendo a la familia, la solidaridad y la equidad en el centro de su atención y de su programación, se orienten de veras al futuro con longitud de mira”.

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Fuente: www.vaticannews.va

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