El precio de la ira

No podemos caer en la trampa de permitir acciones injustas a según qué personaje público. Da igual quién seas, cuál haya sido tu trayectoria personal o profesional. Si has hecho una cosa mal, debes asumir las consecuencias.

Javier Bailén sj

16 septiembre, 2020, 12:46 pm
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Sí, fue un infortunio, seguro que no había mala intención, pero en la vida las cosas que hacemos tienen sus consecuencias y, acatando las normas del torneo y sin protestar, Novak Djokovic salió por la puerta triste y decepcionado.

En el mundo del deporte las pasiones fluyen de manera constante y, en ciertas ocasiones, con un poco de virulencia. Cualquier acción pide dar lo máximo y eso se refleja en que, cumplido o no el objetivo, el deportista se desahoga con un grito, un gesto o una simple carrera. La tensión acumulada por la presión que se ejerce sobre ellos busca cómo salir de un sujeto que, además, al ser observado por muchos espectadores, debe cuidar los modales porque es un referente moral para la sociedad.

Es una pena que uno de los favoritos para ganar un torneo deportivo, como era el caso de Djokovic en el US Open de tenis, tenga que ser eliminado. Los espectadores se quedan sin un gran jugador, las televisiones deben reajustar sus partidos buscando audiencia, las ventas de entradas se ven afectadas, etc. Pero es ahí donde la Justicia entra en juego. Y no se puede renunciar a ella.

No podemos caer en la trampa de permitir acciones injustas a según qué personaje público. Da igual quién seas, cuál haya sido tu trayectoria personal o profesional. Si has hecho una cosa mal, debes asumir las consecuencias.

«Necesito trabajar en mi decepción y convertirlo en una lección para mi crecimiento», decía Novak en la rueda de prensa posterior a su descalificación.

Si algo nos enseña el deporte, cualquiera de ellos, es que las normas que rigen el juego son imprescindibles y que es necesario someterse a ellas. El respeto por el adversario o los jueces del torneo es tan importante y necesario como dar lo máximo en cada balón, en cada carrera, en cada descanso. Que la máxima entrega en una acción puede salir bien o mal, pero el éxito está en esfuerzo realizado, no en si consigamos la puntuación. Esa, es la consecuencia de varias variables, entre ellas la del trabajo bien hecho. Y esto, que vale para el deporte, vale (o debería valer también) para la vida. ¿No hablamos a veces de las ‘reglas del juego’ para referirnos, por ejemplo, a la política?

La satisfacción o la decepción son caras de la misma moneda. El deporte, escuela de crecimiento personal por excelencia, requiere de los dos. Seguro que Novak Djokovic, y todos los que hemos seguido la noticia, hemos aprendido una gran lección.

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Fuente: https://pastoralsj.org

Jesuita español. Escribe para Pastoralsj.