El presidente de México, el perdón y los errores de la historia

Andrés Manuel López Obrador invitó al Rey de España y al Papa a pedir perdón por los horrores cometidos contra los indígenas durante la conquista.

Federico Berti

27 marzo, 2019, 11:16 am
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Con sendas cartas, dirigidas al rey de España, Felipe VI, y al Papa Francisco, el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, ha invitado a reconocer los abusos contra los pueblos indígenas cometidos a partir de la llegada a sus tierras de los conquistadores españoles, acompañados por misioneros. El presidente solicita que se pida perdón a los pueblos originarios “por las violaciones que ahora se reconocen como derechos humanos”. López Obrador se encuentra en el estado de Tabasco, en el sur del país, donde se conmemoran los 500 años de la batalla de Centla, en la que los indígenas maya chontales fueron derrotados por pocos centenares de soldados españoles, conducidos por Hernán Cortés. Dentro de dos años más, el país celebrará los 700 años de la fundación de Tenochtitlan, la actual Ciudad de México, los 500 años de la caída de esa ciudad a manos de los españoles y también los 200 años de la independencia de México.

El análisis histórico debe abrirse a un estudio profundo y riguroso de las circunstancias en las que se verificaron los hechos. Es un proceso indispensable para comprender el pasado, que no se puede juzgar con el metro de la comprensión que tenemos hoy de la realidad. La comprensión que se tenía del ser humano y de la humanidad hace 500 años no es la misma que ahora. Se tuvo que esperar hasta 1764 para que el jurista Cesare Beccaria publicara su ensayo más conocido, De los delitos y las penas, en el que denunció la barbarie de la tortura y su inutilidad. Pertenecen a la segunda mitad de ese siglo también las primeras declaraciones de los derechos fundamentales de la persona, que solo después de la Segunda Guerra Mundial tuvieron un reconocimiento universal en la Declaración de la ONU.

La carta del presidente mexicano al Papa desconoce los reiterados pedidos de perdón formulados por la Iglesia católica a partir del Jubileo del año 2000 promovidos por el Papa Juan Pablo II, acerca de errores y abusos cometidos en el pasado. Un gesto ampliado a la colonización de América Latina tanto por su sucesor, Benedicto XVI, como por el actual Papa Francisco. Durante su visita a Bolivia, en 2015, Francisco reconoció la necesidad de pedir perdón “por los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada conquista de América”. La misión de la Iglesia en el mundo de ninguna manera puede contemplar el uso de la fuerza, abusos, y menos todavía avalar una conquista violenta.

Tampoco hoy podemos avalar la conquista militar como forma de ampliar las fronteras de un país. Pero un análisis histórico sereno no puede impedirnos de reconocer que ese fue el método aplicado hasta durante el siglo XX. Rever la historia mundial sobre esta base debería desencadenar un sinfín de mutuos pedidos de perdón que no sabemos hasta qué periodo deberían solicitarse. ¿Deberá Francia pedir perdón por las conquistas napoleónicas que provocaron cientos de miles de muertes en toda Europa, deberán pedirse perdón los países protagonistas de las guerras que concluyeron con la paz de Augsburgo en 1555, Italia deberá pedir perdón a Francia por las matanzas de galos en su territorio por parte de las huestes de Julio César?

Por otra parte, desconocer que una buena parte de los abusos cometidos en México durante su conquista contaron con la alianza de pueblos que a su vez habían sido dominados por otros pueblos indígenas, significa pecar de un nacionalismo que ha pasado a la historia también por su visión parcial de los hechos, como señalan algunos historiadores mexicanos.

Cuando la distancia histórica es muy grande, como en el caso de la conquista, es difícil, si no injusto, endilgar a un país ciertas responsabilidades. Otra cosa es referirse a sucesos, como el racismo, el Holocausto judío o el genocidio armenio, etc., ocurridos en una época en la que tales horrores debían y podían evitarse.

Más que levantar dedos acusatorios, el presidente mexicano debería invitar a generar oportunidades de reflexión que permitan comprender el episodio de la conquista y aprender las lecciones de nuestra historia para no repetirla.

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Fuente: https://ciudadnueva.com.ar

Escribe para revista Ciudad Nueva de Argentina.

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