El sentido de la apocalíptica bíblica frente al escenario de la nueva Constitución

Puede ser que esta posible nueva Constitución deba llamarse apocalíptica, pero no porque se augure la oscuridad y catástrofe, sino porque, en medio del dolor de una sociedad agotada por la falta de equidad, surge una voz de esperanza, justicia y alegría.

Estamos a un paso de las votaciones para aprobar o rechazar la nueva carta magna de Chile. Ha sido un proceso complejo mediáticamente. Mientras algunos miran con optimismo, otro sector de la población la ha catalogado como un fenómeno aniquilador. Frente a la novedad que supone redefinir nuestra identidad cultural, han surgido voces aterrorizadas que anuncian un “nuevo apocalipsis” o cuyas declaraciones se interpretan como apocalípticas (1). Independientemente de la posición política de cada persona, algunos comunicadores y políticos entienden los cambios sociales como eventos de destrucción y daño, como si se tratase de una destrucción catastrófica del mundo tal como lo conocemos, lo que se interpreta como “apocalíptico”. Y, probablemente, eso es “apocalíptico” para la gente de izquierdas y derechas, como si fuera símbolo de una destrucción sin futuro. En verdad, la apocalíptica puede sernos de gran ayuda en tiempos como los que vivimos, porque se trata de todo lo contrario, es decir, de un paradigma que utiliza el simbolismo para llevar esperanza a comunidades en crisis.

En primer lugar, necesitamos aclarar a qué se refieren los términos apocalíptica o apocalipsis. El primer concepto se refiere a una cosmovisión que transmite esperanza al abordar la revelación del fin de la lucha entre el bien y el mal en la historia de la humanidad. Según esta perspectiva, el bien y la rectitud han triunfado, y la alegría está presente en el mundo. El apocalipsis, por su parte, es un género discursivo por el cual la apocalíptica se manifiesta (2). La apocalíptica puede estar presente en muchos textos, no solo en aquellos que llamamos de Apocalipsis (sea el de Daniel o el de Juan).

En segundo lugar, es importante reconocer que muchos estudiosos coinciden en que uno de los recursos más especiales de la literatura apocalíptica es el simbolismo (3). Sabiendo que símbolo proviene del griego συν (con) y βαλλο (atar o vincular), Hans-Georg Gadamer, en su libro La relevancia de la belleza y otros ensayos, desarrolla la idea del origen de “símbolo” como un fragmento de un objeto roto que se le da a una persona extranjera para que pueda regresar y quedarse en la casa del propietario del fragmento incluso si ha transcurrido mucho tiempo o el propietario original ya no está allí (4). En el fondo, el símbolo existe en una relación de hospitalidad y es un pasaporte “a través del cual alguien o algo es conocido y reconocido”. En este sentido, la humanidad necesita símbolos para reencontrarse/reconocer algo que está roto/perdido, pero que era conocido.

Entonces, si, por un lado, la apocalíptica es esperanza y, por otro, los símbolos nos ayudan a reunir lo que se ha quebrado, surge la pregunta: ¿Qué es lo que se ha roto en la comunidad de creyentes y que la apocalíptica intenta volver a unir? A eso dedicaremos estas breves líneas.

ESPERANZA EN CRISIS

El sentido de la vida y el propósito de la historia de la humanidad se había perdido en el mundo bíblico. La sociedad chilena no está ajena a ese sentimiento. La esperanza está en crisis para diversas comunidades del país. El sistema ha sido devastador con los más empobrecidos. Las multitudinarias manifestaciones en las calles durante el 2019, el surgimiento de frases como “hasta que la dignidad se haga costumbre” o “con todo sino pa’ qué”, que han quedado en la retina colectiva, y la masiva aprobación para que se eligiera una asamblea constituyente que redactara una nueva carta magna son algunos de los signos que atestiguan un deseo profundo de cambio, de volver a una dignidad aparentemente perdida. Lo que parecía una destrucción externa fruto del sistema, desde la óptica de Dios puede ser una oportunidad de esperanza, si lo miramos bíblicamente.

Por un lado, en el Antiguo Testamento, el libro de Daniel (Dan 2,7,10-12) responde a la crisis del judaísmo primitivo en manos de Antíoco IV Epífanes, rey del imperio seléucida en el siglo II a. C. Daniel está preocupado por el gobierno activo de Dios sobre las naciones. Este texto presenta una narración de los últimos días de la vida, cuando el propósito de Dios será revelado y el poder del Señor será reconocido. En su concepción histórica, los cuatro imperios del mundo caen y se levantan sucesivamente. Sin embargo, en su visión, Daniel nos presenta un quinto reino que no tiene fin, y que ofrece la resurrección de todos: justos e impíos (Daniel 12:1-3).

EL SIMBOLISMO COMO ESTRATEGIA

Por otro lado, el libro de Apocalipsis en el Nuevo Testamento aparece en medio de la crisis religiosa y política de los cristianos. Durante los años 81-96 d. C., el emperador romano Domiciano quería ser llamado ‘señor’ y ‘dios’, y Roma era considerada una ‘diosa’ (5). Los primeros cristianos son obligados a rendir culto al emperador y a Roma. El escritor del Apocalipsis compuso su texto en este contexto de dominación y persecución política, económica y religiosa, como un discurso de resistencia.

Desde la firmeza ante la opresión, ya el inicio del libro nos da una clave de interpretación. En el primer versículo dice “Apocalipsis de Jesucristo” (Ap 1:1). No se trata de un apocalipsis que le pertenezca a Jesús, ni tampoco de un relato sobre algún apocalipsis que haya vivido Jesús. Se trata de una construcción griega (porque es el idioma del texto original) en el que tanto la palabra “Jesucristo” como la palabra “Apocalipsis” significan una y la misma cosa (6). Por lo tanto, podríamos decir que el escritor estaba preservando la fe en la Encarnación, que proclama la creencia de que Dios está activo en la historia humana (y no solo en Roma) y se ha revelado en la persona de Jesucristo (y no en la del emperador). Es una declaración intensa en tiempos convulsionados. Cuando el sistema quiere oprimir y amenaza con la destrucción de todo, el autor de este texto mantiene viva la esperanza, declarando que es posible vivir lo contrario a lo que el sistema está obligando.

Ambos apocalipsis bíblicos utilizan el simbolismo como estrategia. En ellos, se concede a un vidente una revelación sobre un mundo sobrenatural que determina el mundo natural y la historia. En estos relatos, el adversario de Dios (reyes y emperadores representados por una mujer, bestia, jinetes, etc.) es derrotado (batallas, fugas y el uso de numerología), y los justos vivirán en el gozo del Señor (7). En Daniel podemos leer la existencia de un quinto reino que no tendrá fin, donde Dios es el gobernador supremo y los débiles resucitan; y en el Apocalipsis está la Nueva Jerusalén, con el Cordero victorioso y una asamblea de adoración, un lugar donde ya no habrá más tristeza ni llantos. En ese sentido, ambos apocalipsis merecerían un nombre similar al del Segundo Isaías: “libro de la consolación”, porque en ellos Dios está presente en la historia y lleva esperanza a las comunidades y personas que temen por su futuro, así como a las iglesias en crisis (8).

Ambos apocalipsis bíblicos utilizan el simbolismo como estrategia. En ellos, se concede a un vidente una revelación sobre un mundo sobrenatural que determina el mundo natural y la historia.

Esa fue la propuesta paradigmática de la apocalíptica que podemos rastrear en toda la Biblia cristiana. Visiones como los profetas están en la mente del judaísmo primitivo de Daniel (Ezequiel 38-48; Is 40,1-11,65-66; Zac 9:1-10), y también textos como Dt 32:8-9 (corregido según LXX, Targum, 4QDeutj), expresando la superioridad del Señor entre otros dioses.

Esta cosmovisión también permeó al Nuevo Testamento: en la obra apostólica de Pablo, en la destrucción de Jerusalén que presenta Marcos, o en el sínodo de Jamnia que vivió la comunidad de Juan. Jesús es presentado escatológica y solemnemente en Marcos 1:1-15, así como la alusión al Hijo del Hombre y su venida en gloria (Marcos 8:22–10:52). Hay un “pequeño apocalipsis” descrito en Marcos 13 que afirma que el fin aún no ha llegado y que el evangelio debe ser predicado a todas las naciones. No podemos evitar que también Juan 13-21 presente la crucifixión como manifestación de la Gloria de Dios en la historia de la humanidad. Finalmente, en las cartas paulinas, por ejemplo, en Rm 1, 16-17, el evangelio se presenta como poder de Dios. En Gal 1:11-16 el evangelio le llegó a Pablo a través de una revelación, que también está en Rom 8:14-27 y se refiere a la creación y al gemido humano. El texto de 1 Cor 15, 51-58 también presenta el simbolismo de la trompeta triunfante que suena y los muertos que resucitan, y el mensaje de 2 Cor nos refiere a términos de agobio y caminos de esperanza para la comunidad cristiana. En 1 Tes 5,9 se afirma que “Dios nos ha destinado a adquirir la salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo” como contenido de la fe esperanzada, escatológica y apocalíptica.

COSMOVISIÓN DE LA PRESENCIA DE DIOS

En conclusión, podemos entender la apocalíptica como una cosmovisión de la presencia de Dios en la historia, que utiliza el simbolismo como recurso literario para llevar esperanza a comunidades en crisis en diferentes épocas y contextos socio-religiosos pertenecientes al mundo antiguo y también al actual. Este tipo de literatura apocalíptica le ayudó —y le sigue ayudando a la Humanidad en momentos en que siente que su futuro corre peligro— a expresar la angustia y la insatisfacción frente al sistema.

A muchas personas que gozan de una voz pública en nuestro país se les escapa que el apocalipsis y la apocalíptica no están relacionados con la muerte y la destrucción, sino con la vida y la esperanza. Puede ser que esta nueva Constitución deba llamarse apocalíptica, pero no porque se augure la oscuridad y catástrofe, sino porque, en medio del dolor de una sociedad agotada por la falta de equidad, surge una voz de esperanza, justicia y alegría.

Tal vez, el texto definitivo no es perfecto, como ninguna construcción humana lo ha sido en la historia; sin embargo, sí un nuevo símbolo de multiculturalidad, inclusión y derechos, que vuelve a colocar al ser humano como centro del Estado (y no a la empresa), que releva el lugar de aquellos y aquellas que la historia ha denostado (los pobres, las mujeres, los pueblos originarios, las diversidades sexuales y religiosas, etc.), trayendo esperanza a una sociedad que tiene sed de una vida plena y digna. Por eso, no podemos negar que, a fin de cuentas, es una Constitución profundamente apocalíptica.

(1) Agustín Squella en el programa Tolerancia Cero indicó que “hay mucho apocalíptico en Chile, en izquierda y derecha”, ya sea para aprobar o rechazar la nueva Constitución. Ver: https://www.cnnchile.com/lodijeronencnn/agustin-squella-tolerancia-cero-chile-politicamente-polarizado_20220606/. El periódico de circulación nacional The Clinic, por ejemplo, titula “La apocalíptica carta de Axel Kaiser”, para hacer lectura del escenario trágico en que, según el analista político, Chile se encontraría de ser aprobada la nueva Constitución. Ver: https://www.theclinic.cl/2022/05/17/carta-axel-kaiser-contra-nueva-constitucion/ Otros medios, como Cooperativa, al declarar el fin de una Constitución propietarista, señala que aquellos que votarán rechazo, mantienen un discurso apocalíptico. Ver: https://opinion.cooperativa.cl/opinion/politica/el-fin-de-la-constitucion-propietarista-en-chile/2022-06-17/125900.html. El Mercurio, por su parte, también ha presentado titulares apocalípticos, según muestra el medio El desconcierto en: https://www.eldesconcierto.cl/nacional/2022/07/11/a-55-dias-del-plebiscito-siete-frases-apocalipticas-de-el-mercurio-sobre-la-constitucion.html
(2) Frederick Murphy, “Introduction to Apocalyptic Literature”, The New Interpreter’s Dictionary of the Bible (Nashville: Abingdon, 1996), 8.
(3) Ugo Vanni. “Il simbolismo nell’Apocalisse”, Gregorianum, Vol. 61 (1980, 3): 461-506; “Linguaggio, simboli ed esperienza mistica nel libro dell’Apocalisse”, Gregorianum, Vol. 79 (1998): 5-29.
(4) Hans-Georg Gadamer, The relevance of the beauty and other essays (Cambridge: Cambridge University Press, 1986), 150.
(5) Tom Stegman, “Revelation”, in Text less traveled (Mahwah: Paulist Press, 2022), 83.
(6) En griego, a esa estructura gramatical se le llama “genitivo epixegético”. Corey Keating, “Common Uses of Genitive Case”, Version 2.1, consultado en junio de 2022, https://www.ntgreek.org/pdf/genitive_case.pdf
(7) Ugo Vanni, Apocalipsis: Una asamblea litúrgica interpreta la historia (Navarra: Editorial Verbo Divino, 1998).
(8) Johan Konings, A bíblia, sua história e leitura: uma introdução (Petrópolis: Vozes, 1992), 203.

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