Sr. Director:
El valor de las ciencias sociales y las humanidades está siendo puesto en duda. Los cambios implementados en el FONDECYT en posdoctorado son prueba de ello.
Es importante insistir en su aporte: forman pensamiento crítico, contribuyen a diseñar mejores políticas públicas y forman profesionales integrales, capaces no solo de dominar una técnica, sino de preguntarse, dudar y aprender del error. Pensemos, por ejemplo, en el desarrollo de la inteligencia artificial: los avances técnicos han sido posibles gracias a la ingeniería y la computación, pero entender sus sesgos y su impacto en el empleo o en la desinformación, y diseñar regulaciones que protejan a las personas, requiere la mirada de sociólogos, filósofos, psicólogos y economistas. Debilitar estas disciplinas pone en riesgo algo esencial: la capacidad humana de pensar, crear y soñar.
A este escenario se suma otro episodio preocupante. Se ha acusado, por parte de la autoridad, que las universidades, al plantear reparos por estos cambios, solo estarían defendiendo su propio interés económico. Esta nueva afirmación debe encender una alerta aun mayor entre quienes creemos que un país no progresa sin conocimiento y que las casas de estudio son, por definición, el lugar donde ese saber se produce y se somete a prueba. Sembrar sospechas sobre ellas es otra forma de denostar el conocimiento y deteriorar, en este caso, la confianza en una de las pocas instituciones de nuestro país que aún la inspiran. Repite, además, un guion ya visto en otras latitudes, con consecuencias que han sido devastadoras. Chile no debe seguir ese camino.
Nuestro sistema científico —que reúne a las ciencias naturales, las sociales y las humanidades— se ha construido con un esfuerzo sostenido, a través de políticas de Estado en las que gobiernos de derecha e izquierda han contribuido. Los resultados son destacados, pese a un presupuesto siempre estrecho. Es ese sistema el que hoy corresponde fortalecer, no erosionar. Nos toca a todos protegerlo y hacer lo imposible para que no termine, como ha ocurrido en otros países, forzado a defender su propia existencia en lugar de dedicarse a su misión: investigar y formar con pensamiento crítico a las futuras generaciones de nuestro país.
Aisén Etcheverry
Vicerrectora de Investigación e Innovación
Universidad Alberto Hurtado