Sr. Director:
Hace casi nueve años se promulgó en Chile la Ley n.° 21.030, que regula la despenalización de la interrupción voluntaria del embarazo en tres causales. Esta ley contó con el amplio consenso de la sociedad chilena desde una comprensión social y política de que el Estado debía, ante tres situaciones extremas experimentadas por mujeres y niñas, en caso de que ellas decidieran interrumpir su embarazo, proporcionar condiciones sanitarias seguras, acompañamiento biopsicosocial y acogida, sin penalizarlas.
Las tres causales extremas son: el riesgo de vida de una mujer embarazada, la incompatibilidad de un embrión o feto con la vida extrauterina (de carácter letal) y que el embarazo sea producto de una violación.
La ley es muy clara. Ninguna mujer o niña está obligada a interrumpir su embarazo, siempre será la voluntad de ellas. De hecho, la ley indica, respecto del acompañamiento, que este no deberá tener un objetivo disuasivo. En el marco de las tres causales reguladas, todas las mujeres acceden a acompañamiento, así decidan interrumpir su embarazo o continuarlo, y podrán elegir la organización que lo brinde (que debe estar inscrita en el Ministerio de Salud).
Lo que hemos presenciado en los últimos días, tanto la presentación de proyectos de ley que buscan limitar el ejercicio del derecho a las mujeres a acceder a las prestaciones de acompañamiento y a la interrupción de su embarazo en cualquiera de estas tres causales, como la presión que están ejerciendo algunos partidos políticos sobre la agenda de gobierno, constituyen una deshumanización máxima hacia mujeres y niñas que tienen derecho a esa ley.
De hecho, revictimizan a todas las mujeres que antes de 2017 no tuvieron esa opción, a pesar de vivir esas condiciones extremas, y que debieron cargar con el dolor de continuar con embarazos riesgosos, desgarradores. Incluso una niña de 11 años, abusada sexualmente, a riesgo de su vida debió continuar con el embarazo resultante.
Vemos aquí un intento de torcer el camino de los avances alcanzados por las mujeres en materia de derechos humanos, que se constituyen en requisitos mínimos democráticos, en que las mujeres somos reconocidas en toda nuestra integridad y dignidad, y que así somos capaces de mirarnos entre todos y todas a la cara para construir el país en el que queremos vivir.
Hemos avanzado como sociedad con el esfuerzo de todas y todos. Hoy día, como país hace bien escuchar y respetar a las mujeres que enfrentan las situaciones extremas que dan origen a las tres causales que autorizan una interrupción voluntaria del embarazo.
Teresa Valdés Echenique
Tatiana Hernández Comandini
Observatorio de Género y Equidad