Esperanza activa

Tenemos que volver a centrarnos en Dios, que habita en nuestro interior, y estar constantemente avivando el fuego que nos moviliza a empujar esos cercos que nos separan de los demás, buscando mejorar no solo nuestra existencia sino la de todos y todas.

Domingo 8 de noviembre de 2026
Evangelio según Mateo 25, 1-13.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: «El Reino de los cielos es semejante a diez jóvenes, que tomando sus lámparas, salieron al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran descuidadas, y cinco, previsoras. Las descuidadas llevaron sus lámparas, pero no llevaron aceite para llenarlas de nuevo; las previsoras, en cambio, llevaron cada una un frasco de aceite junto con su lámpara. Como el esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. 

A medianoche se oyó un grito: ‘¡Ya viene el esposo! ¡Salgan a su encuentro!’. Se levantaron entonces todas aquellas jóvenes y se pusieron a preparar sus lámparas, y las descuidadas dijeron a las previsoras: ‘Dennos un poco de su aceite, porque nuestras lámparas se están apagando’. Las previsoras les contestaron: ‘No, porque no va a alcanzar para ustedes y para nosotras. Vayan mejor a donde lo venden y cómprenlo’.

Mientras aquellas iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban listas entraron con él al banquete de bodas y se cerró la puerta. Más tarde llegaron las otras jóvenes y dijeron: ‘Señor, señor, ábrenos’. Pero él les respondió: ‘Yo les aseguro que no las conozco’.

Estén pues, preparados, porque no saben ni el día ni la hora’».

Jesús nos invita a mantenernos vigilantes, alerta, con una confianza firme y leal con su obra, esperando activamente un mundo mejor.

Esta parábola nos interpela en cuán profunda es nuestra relación con el proyecto de Dios, de manera concreta, si somos capaces de vivir la fe que profesamos en lo cotidiano. Haciendo vida el Reino en nuestras realidades, en nuestro entorno, con la familia, en el trabajo, en el barrio, en el compromiso responsable de ejercer el derecho a voto por una sociedad más justa, más plena, sin dejarnos seducir por satisfacciones mezquinas, de poder, dinero o fama.

Jesús nos invita a mantenernos vigilantes, alerta, con una confianza firme y leal con su obra, esperando activamente un mundo mejor.

Hoy, en un tiempo convulsionado, como el que hubo en la época en que Mateo escribió el evangelio, donde las primeras comunidades iban perdiendo la esperanza en la vuelta de Jesús como Rey, se nos hace común tomar caminos más cómodos, menos comprometidos. No esperamos que las cosas mejoren, y vamos alejándonos del proyecto de Dios, volviéndonos cada vez más individualistas. Por eso, tenemos que volver a centrarnos en Dios, que habita en nuestro interior, y estar constantemente avivando el fuego que nos moviliza a empujar esos cercos que nos separan de los demás, buscando mejorar no solo nuestra existencia sino la de todos y todas. La vida no puede ser una espera satisfecha.

Hoy nos golpea la naturaleza, que se manifiesta de manera violenta con lluvias, granizos, tornados y aluviones en distintos puntos de nuestro país. Y cuando nos enfrentamos a la realidad de sentirnos frágiles, independiente de la situación económica de cada quien, nos damos cuenta de que nos necesitamos, de manera activa, que solas/os no somos suficientes, que el proyecto del Reino de Dios nos propone vivir en comunidad, haciendo cada una/o su mayor esfuerzo por aportar en mejorar las condiciones para todas y todos.

Esa porfiada esperanza ante la adversidad, nos empuja a resistir y a construir, desde nuestros pequeños o grandes lugares de acción, esa sociedad e Iglesia que soñamos, donde realmente haya espacio liberador para todos y todas. Y que juntas/os podamos iluminar el camino que nos lleve a la vida plena que se nos ha prometido.


Fuente: Mujeres Iglesia Chile / Imagen: Pexels.

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