Exhortación apostólica “Cristo Vive”: Papa Francisco invita a una conversión pastoral

El documento busca una transformación de la Iglesia en línea con los jóvenes.

Juan Rauld

25 abril, 2019, 4:23 pm
18 mins

El 25 de marzo pasado, el Papa Francisco presentó una cuarta exhortación apostólica, titulada Cristo vive (Christus vivit), dirigida “a los jóvenes y a todo el pueblo de Dios”. Se trata de una reflexión, en forma de carta, que busca estimular un discernimiento eclesial respecto de la necesidad de la renovación pastoral.

En ella, según la síntesis ofrecida por el medio oficioso vaticano Vatican News, se encuentra un “tema recurrente” en las declaraciones y los documentos del Papa Francisco: la conversión pastoral. Indica que esto “comporta una dimensión personal y una social, fraterna y comunitaria, que lleve a la comunión con los hermanos y a buscar el bien común, en el que deben tenerse muy claras las exigencias sociales del Evangelio. La conversión personal y comunitaria ha de tener como soportes la oración y una fuerte espiritualidad. La conversión pastoral supone un convertirse de lleno a la misión, un autotrascenderse, un salir de uno mismo”.

El mismo medio destaca que en Cristo vive hay una invitación a la conversión pastoral de la Iglesia en su relación con los jóvenes: “Para ser creíble ante los jóvenes, a veces (la Iglesia) necesita recuperar la humildad y sencillamente escuchar, reconocer en lo que dicen los demás alguna luz que la ayude a descubrir mejor el Evangelio. Una Iglesia a la defensiva, que pierde la humildad, que deja de escuchar, que no permite que la cuestionen, pierde la juventud y se convierte en un museo. ¿Cómo podrá acoger de esa manera los sueños de los jóvenes? Aunque tenga la verdad del Evangelio, eso no significa que la haya comprendido plenamente; más bien tiene que crecer siempre en la comprensión de ese tesoro inagotable (CV 42) (citado de la constitución dogmática Dei Verbum, sobre la divina Revelación, 8)”.

La exhortación está compuesta por nueve capítulos que contienen 299 párrafos. En el espacio que sigue se sintetizan solo algunas ideas del texto, cuya versión oficial se encuentra disponible en español en el sitio web del Vaticano (1).

LA JUVENTUD DE JESÚS

En el primer capítulo, titulado “¿Qué dice la Palabra de Dios sobre los jóvenes?”, el Papa recuerda que “Jesús, el eternamente joven, quiere darnos un corazón siempre joven” (13) y añade: “Notamos que a Jesús no le gustaba que los adultos miraran con desprecio a los más jóvenes o los mantuvieran a su servicio de manera despótica”. En el capítulo segundo, aborda el tema de los años de juventud de Jesús: “No debemos pensar que Jesús era un adolescente solitario o un joven que pensaba en sí mismo. Su relación con la gente era la de un joven que compartía la vida de una familia bien integrada en el pueblo”, “nadie lo consideraba extraño o separado de los demás” (28).

UNA IGLESIA QUE ESCUCHE MÁS

La exhortación reconoce que hay jóvenes que sienten la presencia de la Iglesia “como molesta e incluso irritante”. Una actitud que tiene sus raíces “en razones serias y respetables: escándalos sexuales y económicos; la falta de preparación de los ministros ordenados que no saben interceptar adecuadamente la sensibilidad de los jóvenes; …el papel pasivo asignado a los jóvenes dentro de la comunidad cristiana; el esfuerzo de la Iglesia por dar cuenta de sus posiciones doctrinales y éticas frente a la sociedad” (40). Así, señala que hay jóvenes que “piden una Iglesia que escuche más, que no condene continuamente al mundo. No quieren ver una Iglesia silenciosa y tímida, pero tampoco quieren verla siempre en guerra por dos o tres temas que la obsesionan. Para ser creíble a los ojos de los jóvenes, a veces la Iglesia necesita recuperar la humildad y simplemente escuchar, reconocer en lo que otros dicen una luz que pueda ayudarla a descubrir mejor el Evangelio” (41).

REIVINDICACIONES DE LAS MUJERES

Por ejemplo, una Iglesia demasiado temerosa puede criticar constantemente “todos los discursos sobre la defensa de los derechos de la mujer y poner constantemente de relieve los riesgos y los posibles errores de tales afirmaciones”, mientras que una Iglesia viva “puede reaccionar prestando atención a las legítimas reivindicaciones de las mujeres”, mientras que “está en desacuerdo con todo lo que proponen algunos grupos feministas” (42).

SEXUALIDAD

Refiriéndose a “los deseos, las heridas y las investigaciones”, en este texto el Papa Francisco habla de la sexualidad: “En un mundo que solo hace hincapié en la sexualidad, es difícil mantener una buena relación con el propio cuerpo y vivir en paz las relaciones afectivas”. También por esta razón la moralidad sexual es a menudo la causa de “incomprensión y alejamiento de la Iglesia”, percibida “como un espacio para el juicio y la condena”, a pesar de que hay jóvenes que quieren discutir estos temas (81).

ENTORNO DIGITAL

La exhortación aborda también el tema del “entorno digital”, que ha creado “una nueva forma de comunicación” y que “puede facilitar la circulación de información independiente”. Advierte que, así como la web y las redes sociales son “ya un lugar indispensable para llegar e implicar a los jóvenes” (87), “es también un territorio de soledad, manipulación, explotación y violencia, hasta el caso extremo de la red oscura. Los medios digitales pueden exponerlos al riesgo de adicción, aislamiento y pérdida progresiva de contacto con la realidad concreta, obstaculizando el desarrollo de relaciones interpersonales auténticas” (88). Enseguida, indica: “La vida nueva y desbordante de los jóvenes, que empuja y busca autoafirmar la propia personalidad, se enfrenta hoy a un desafío nuevo: interactuar con un mundo real y virtual en el que se adentran solos como en un continente global desconocido. Los jóvenes de hoy son los primeros en hacer esta síntesis entre lo personal, lo propio de cada cultura, y lo global. Pero esto requiere que logren pasar del contacto virtual a una buena y sana comunicación (100).

PASTORAL JUVENIL SINODAL

El Papa explica en el capítulo séptimo que la pastoral juvenil ha sido asaltada por los cambios sociales y culturales y que “los jóvenes, en sus estructuras habituales, a menudo no encuentran respuestas a sus preocupaciones, a sus necesidades, a sus problemas y a sus heridas” (202). Los mismos jóvenes “son actores de la pastoral juvenil, acompañados y guiados, pero libres para encontrar nuevos caminos con creatividad y audacia”. Necesitamos “hacer uso de la astucia, el ingenio y el conocimiento que los propios jóvenes tienen de la sensibilidad, el lenguaje y los problemas de otros jóvenes” (203), exhorta el Papa.

La pastoral juvenil solo puede ser sinodal, es decir, conformando un “caminar juntos” que implica una “valorización de los carismas que el Espíritu concede según la vocación y el rol de cada uno de los miembros [de la Iglesia], mediante un dinamismo de corresponsabilidad […]. Animados por este espíritu, podremos encaminarnos hacia una Iglesia participativa y corresponsable, capaz de valorizar la riqueza de la variedad que la compone, que acoja con gratitud el aporte de los fieles laicos, incluyendo a jóvenes y mujeres, la contribución de la vida consagrada masculina y femenina, la de los grupos, asociaciones y movimientos. No hay que excluir a nadie, ni dejar que nadie se autoexcluya” (206).

Igualmente, la exhortación destaca que “la pastoral juvenil implica dos grandes líneas de acción. Una es la búsqueda, la convocatoria, el llamado que atraiga a nuevos jóvenes a la experiencia del Señor. La otra es el crecimiento, el desarrollo de un camino de maduración de los que ya han hecho esa experiencia” (209). Subraya que cualquier proyecto formativo debe incluir una formación doctrinal o moral, profundizando “la experiencia fundante del encuentro con Dios” y “el crecimiento en el amor fraterno”. Enfatiza la necesidad de favorecer ambientes adecuados en instituciones que deben estar integradas en comunidades “abiertas, vivas en la fe, deseosas de irradiar a Jesucristo, alegres, libres, fraternas y comprometidas”, que pueden ser los cauces donde los jóvenes puedan sentir que es posible cultivar relaciones preciosas (220).

Y alude luego a la importancia de “una pastoral popular juvenil”, capaz de crear espacios inclusivos, con líderes populares y no elitistas. “Además de la pastoral habitual que realizan las parroquias y los movimientos, según determinados esquemas, es muy importante dar lugar a una ‘pastoral popular juvenil’, que tiene otro estilo, otros tiempos, otro ritmo, otra metodología. Consiste en una pastoral más amplia y flexible que estimule, en los distintos lugares donde se mueven los jóvenes reales, esos liderazgos naturales y esos carismas que el Espíritu Santo ya ha sembrado entre ellos. Se trata ante todo de no ponerles tantos obstáculos, normas, controles y marcos obligatorios a esos jóvenes creyentes que son líderes naturales en los barrios y en diversos ambientes. Sólo hay que acompañarlos y estimularlos, confiando un poco más en la genialidad del Espíritu Santo que actúa como quiere” (230).

LA VOCACIÓN

En el capítulo octavo, referido a “la vocación”, señala que esa expresión alude a un llamado a una amistad con Dios y un llamado a la santidad. Esto “nos permite entender que nada es fruto de un caos sin sentido, sino que todo puede integrarse en un camino de respuesta al Señor, que tiene un precioso plan para nosotros” (248). Lo fundamental es discernir y descubrir que lo que quiere Jesús de cada joven es ante todo su amistad. Ese es el discernimiento fundamental (250). Y enseguida destina espacios a referirse a la vocación como servicio a los demás, “porque nuestra vida en la tierra alcanza su plenitud cuando se convierte en ofrenda” (254). “Este ‘ser para los demás’ en la vida de cada joven, normalmente está relacionado con dos cuestiones básicas: la formación de una nueva familia y el trabajo. Las diversas encuestas que se han hecho a los jóvenes confirman una y otra vez que estos son los dos grandes temas que los preocupan e ilusionan. Ambos deben ser objeto de un especial discernimiento” (258), expresa el texto para a continuación ofrecer reflexiones sobre el matrimonio, la formación de los hijos, el contexto en que se desenvuelven hoy las condiciones para el trabajo –incluyendo aspectos como el desempleo juvenil, las distintas formas de exclusión laboral y la amenaza que pueden representar la automatización de la producción y la oferta de servicios.

Igualmente, se refiere a la opción por la vida consagrada: “En el discernimiento de una vocación no hay que descartar la posibilidad de consagrarse a Dios en el sacerdocio, en la vida religiosa o en otras formas de consagración. ¿Por qué excluirlo? Ten la certeza de que, si reconoces un llamado de Dios y lo sigues, eso será lo que te hará pleno” (276).

DISCERNIMIENTO

El último capítulo de la exhortación post-sinodal está dedicado al discernimiento. El Papa recuerda que “sin la sabiduría del discernimiento podemos convertirnos fácilmente en títeres a merced de las tendencias del momento” (279). Asegura que “una expresión de discernimiento es el compromiso de reconocer la propia vocación. Es una tarea que requiere espacios de soledad y silencio, porque es una decisión muy personal que nadie más puede tomar en nuestro lugar” (283).

Se requieren tres sensibilidades de quienes ayudan a los jóvenes en su discernimiento. La primera es la atención a la persona: “se trata de escuchar al otro que se nos da a sí mismo con sus propias palabras” (292). La segunda consiste en discernir, es decir, “se trata de captar el punto correcto en el que se discierne la gracia de la tentación” (293). La tercera consiste “en escuchar los impulsos que el otro experimenta “adelante”. Es la escucha profunda de “hacia dónde quiere ir verdaderamente el otro”. Más allá de lo que siente y piensa en el presente y de lo que ha hecho en el pasado, la atención se orienta hacia lo que quisiera ser (294). Entonces sí el discernimiento se convierte en un instrumento de lucha para seguir mejor al Señor. De ese modo, el deseo de reconocer la propia vocación adquiere una intensidad suprema, una calidad diferente y un nivel superior, que responde mucho mejor a la dignidad de la propia vida. Porque en definitiva un buen discernimiento es un camino de libertad que hace aflorar eso único de cada persona, eso que es tan suyo, tan personal, que sólo Dios lo conoce (295). MSJ

(1) Su versión en español se encuentra en el sitio web oficial del Vaticano, vatican.va. Ver en: http://w2.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20190325_christus-vivit.html

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Fuente: Este artículo es la versión extendida de un extracto publicado en la edición 678 de Revista Mensaje, mayo 2019.

Periodista. Editor de Revista Mensaje.

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