Mostrar al mundo la fe, la esperanza y la caridad, creando buen ambiente y haciendo del Evangelio una banda sonora.
Nos pasa a los cristianos del siglo XXI que gastamos buena parte de nuestras energías en no disolvernos en un mundo que se proclama tolerante, pero solo con las causas que quiere, y que a los cristianos no nos suele pasar ni una. Y si a esto le añadimos el trabajo pastoral que muchos católicos de buena voluntad tratan de realizar en su día a día, la energía que se pierde por remar a contracorriente es considerable. Sin embargo, aquí puede estar la trampa: que, de tanto esfuerzo por no desaparecer, nos olvidemos de vivir el Evangelio.
Porque, ante todo, nuestro ser cristianos exige un ethos, un comportamiento. Un modo de vivir que va acompañado de una alegría especial, que transmite amabilidad en el trato, dulzura en el hablar y transparencia en la mirada. Que cuida los buenos modales, los pequeños detalles y responde mal por bien, porque perdonar es de valientes. Que llama a sus abuelos y reza sin estridencias. Que está atento a los que más lo necesitan y sirve como pocos. Que no gasta energía hablando mal de otros y siempre ve a Cristo tanto en el mendigo de la esquina como en el recogimiento de la Eucaristía. Que asegura que la verdad no es cosa de otro tiempo y que las cosas de Dios no son motivo ni de fachada ni de vergüenza. No mira por encima a los demás, cuida a su familia y se divierte con sus amigos, pero no desatiende sus obligaciones. En el hogar, en la universidad, en el trabajo.
Nuestro ser cristianos exige un ethos, un comportamiento. Un modo de vivir que va acompañado de una alegría especial, que transmite amabilidad en el trato, dulzura en el hablar y transparencia en la mirada…
Tan sencillo y, a la vez, tan complicado como mostrar al mundo la fe, la esperanza y la caridad, creando buen ambiente y haciendo del Evangelio una banda sonora. Ser testigo de una Iglesia que no es escándalo, como algunos quieren hacernos ver, sino un espejo donde vivir la Buena Noticia en nuestra vida y en nuestro mundo, donde, más allá de los prejuicios, muchos puedan decir: «Mirad cómo se aman».
Fuente: https://pastoralsj.org / Imagen: Pexels.