Invitación a repensar el discernimiento vocacional

Posted on marzo 27, 2017, 8:34 pm
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La exhortación apostólica Amoris Laetitia, publicada por el papa Francisco en marzo de 2016, es el resultado más patente de las últimas dos asambleas del Sínodo de los Obispos realizadas en 2014 y 2015. La discusión en torno al tema “Familia” fue propiciada desde el comienzo con la invitación a responder la encuesta preparatoria en diversos espacios eclesiales. El interés de los medios de comunicación también contribuyó a que el Sínodo ganara en relevancia para los cristianos en distintas partes del mundo, si bien su cobertura estuvo acotada sobre todo a las preguntas por el trato de la Iglesia a las personas homosexuales y por el acceso a los sacramentos de los divorciados vueltos a casar.
Este último punto y la oposición que se ha levantado contra el Papa por la interpretación de la Exhortación son temas que todavía aparecen de vez en cuando en la prensa. Si bien la tarea de la recepción de Amoris Laetitia en los distintos contextos recién comienza, el Vaticano ya ha anunciado el tema para la XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos a reunirse en octubre de 2018: “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”.
Lo primero que salta a la vista es que el método de preparación para esta nueva Asamblea repite el procedimiento anterior: en el Documento Preparatorio publicado en enero de este año se añade un cuestionario para ser contestado por distintos organismos que trabajan con jóvenes. Además, se anuncia que se habilitará una página web dirigida a los jóvenes, para que puedan responder directamente un segundo cuestionario sobre el tema. El Papa mismo les ha escrito una carta, invitándolos a participar en la preparación del Sínodo. Se busca nuevamente una participación amplia de la Iglesia universal y particularmente de los jóvenes. Es tal vez una forma de hacer que el encuentro tenga “olor a oveja”.
Este método participativo es uno de los elementos de Amoris Laetitia en los que Peter Hünermann ve signos del inicio de una “recepción cultural” del Concilio Vaticano II. Se trata de una Iglesia en que la colegialidad o sinodalidad es el modo de proceder, manifiestando así la dimensión universal de ella en su unidad y diversidad. En efecto, el ejercicio de la colegialidad episcopal es una función fundamental del Sínodo de los Obispos y una línea guía de Francisco para la Iglesia, como lo destacó en el 50° aniversario de la institución del Sínodo: “Precisamente el camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio”. Esa sinodalidad efectuada a distintos niveles (en las iglesias locales, a nivel regional y también en la Iglesia universal) debe contribuir a una “saludable descentralización”. Así, la recepción de opiniones y experiencias a través de los cuestionarios permite, por una parte, una mejor comprensión del tema y, por otra, la atención a las particularidades de las distintas regiones.
Cuando se habla de “las vocaciones” en ámbitos eclesiales suele aludirse al conjunto “crisis de…” y dar comienzo a un lamento por la grave carencia de sacerdotes que experimentan diversas comunidades y diócesis. El tema del próximo Sínodo, sin embargo, parece querer cambiar el enfoque. Su Documento Preparatorio dice que la pregunta fundamental del Sínodo es “cómo acompañar a los jóvenes para que reconozcan y acojan la llamada al amor y a la vida en plenitud” (Intr. §3). El acompañamiento a los jóvenes en la “maduración de la conciencia y de una auténtica libertad” (Intr. §5) es aquí el centro. La secuencia de palabras del título –“Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”– también indica un enfoque distinto. Se trata de partir desde los jóvenes tal como ellos son hoy y, desde ahí, ofrecerles la tradición eclesial –sobre todo, el instrumento del discernimiento– como ayuda y acompañamiento en su propio camino.

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