James Martin sj: Tendiendo un puente entre la verdad y el amor

Reproducimos la entrevista realizada al jesuita James Martin, autor del libro “Tendiendo un puente: cómo la Iglesia católica y la comunidad LGBT pueden comenzar (o entrar en) una relación de respeto, compasión y sensibilidad”.

The Jesuit Post

16 Agosto, 2017, 1:19 pm
24 mins

The Jesuit Post (TJP): Su libro Tendiendo un puente: cómo la Iglesia católica y la comunidad LGBT pueden comenzar (o entrar en) una relación de respeto, compasión y sensibilidad, ha ganado una gran cantidad de atención. ¿Qué ha sido esa recepción para usted, personalmente? ¿Hay algo de tal recepción que lo haya sorprendido?

Martin: La palabra que viene a la mente es, intensa. El libro ha generado algunas reacciones intensas. Las más comunes son de personas LGBT que he conocido en las conversaciones parroquiales —en Nueva York, Nueva Jersey, Connecticut y Massachusetts— que lloran cuando me hablan o quieren darme un abrazo. Y el tamaño de las multitudes también me ha sorprendido. Creo que tuvimos alrededor de 700 personas en St. Cecilia, en Boston, pocos días después de que el libro salió.

Al principio esto realmente me confundió. Porque, francamente, el libro es bastante suave. No desafía ninguna enseñanza de la Iglesia (después de todo, ha sido aprobado por mi Provincial y respaldado por dos cardenales) y no llama a nada revolucionario. Su tema dominante o principal es bienvenido, el encuentro y el diálogo. Ciertamente, esas son cosas que la gente debe haber escuchado antes. Un sacerdote diocesano amigo mío leyó el libro y me dijo, riéndose: “No tomes esto por el camino equivocado, Jim, pero leí el libro… y ¡me pregunté de qué se trataba todo el alboroto!”.

Me tomó un tiempo para averiguar la razón de las multitudes y para comprender las increíblemente intensas reacciones emocionales. Sospecho que puede venir de oír a un sacerdote decir estas cosas. Ver a alguien en un collar de clérigo decir estas cosas, incluso si no son muy fuertes, puede ser nuevo para las personas. Sirve para recordarme que todavía hay hambre entre los católicos LGBT por ser bienvenidos por su propia Iglesia. Y cuando usas un collar de clérigo, eso es lo que estás representando.

Otra sorpresa ha sido la reacción emocional de los padres y los abuelos en particular. Cuando escribí el libro, me imaginé al público objetivo como dos grupos: los católicos LGBT y los funcionarios de la Iglesia. Mi objetivo era comenzar a construir un puente entre ellos. Pero a medida que más y más católicos revelan públicamente su sexualidad e identidad, el tema afecta a más familias católicas —los padres, los abuelos, las tías y los tíos, los hermanos y las hermanas, y así sucesivamente—. Creo que ese grupo también ha sentido por mucho tiempo el deseo de ser acogido y aceptado por la Iglesia. Así que el ministerio a las personas LGBT es un ministerio a una porción mucho mayor de la Iglesia de lo que yo imaginaba.

Al mismo tiempo, el libro ha llevado a algunas personas cerca de la histeria. Han habido algunos comentarios increíblemente llenos de odio de algunos sitios web; y la ira, el desprecio y la agresión personal, o los ataques ad hominem me han sorprendido. Eso sí, esto va más allá de un desacuerdo sobre el libro y (de una forma bastante clara) se cruza con la homofobia, el desprecio y el odio. Pero supongo que eso es con lo que esta comunidad ha tenido que lidiar durante muchos años.

— TJP: Su libro tiene un objetivo específico: fomentar o alentar un diálogo respetuoso, compasivo y sensible entre la comunidad LGBT y la Iglesia católica. A menudo parece que sus críticos, sin embargo, querían algo diferente de usted y tienden a juzgar el libro a la luz de sus propios objetivos. ¿Cuáles son los objetivos de ellos? ¿Qué ha aprendido usted de los críticos de su libro? ¿Le han mostrado otros puentes que deban ser construidos?

Martin: Ese es un buen punto. Le dije a mi editor hace un rato que, probablemente, podría anticipar las críticas de ambos lados. De algunos en la comunidad LGBT sería, “no ir lo suficientemente lejos”. De algunos en la Iglesia institucional, ir “demasiado lejos”.

Como usted señala, un montón de reseñantes hacen la crítica del libro que ellos desean que se hubiese escrito. Algunos críticos querían un libro que dijera que los católicos LGBT nunca deberían negociar con la Iglesia o nunca acercarse a los obispos con respeto, lo cual es una posición ridícula a tomar si usted es un cristiano. Lo cierto es que han sido heridos, pero la reconciliación es siempre parte de la visión cristiana del mundo. Y algunos querían un libro que simplemente excoriara y vituperara a los católicos LGBT, o que les dijera una y otra vez qué tan pecadores eran, lo cual tampoco iba a hacer yo.

¿Cuáles son los objetivos de ellos? Entre algunos más extremos, parece ser un rechazo total a la Iglesia. Entre algunos del otro extremo, parece ser un rechazo total a las personas LGBT. ¿Qué he aprendido yo? Que puede haber un terreno común entre la gente razonable y caritativa, pero encontrar un terreno común con las personas de mentes cerradas es más difícil. En cuanto a otros puentes, pienso que quienes condenan continuamente a las personas LGBT necesitan reunirse con algunos de ellos.

TJP: Explicando por qué no habló extensamente en su libro acerca de la enseñanza de la Iglesia sobre la sexualidad, usted resaltó en un artículo del 14 de julio que: “Teológicamente hablando, podría decirse que estas enseñanzas no han sido ‘recibidas’ por la comunidad LGBT, que es a quien fueron dirigidas. Así que, intencionalmente, no me centré en esos temas, ya que no solo son esas enseñanzas bien conocidas, sino que también son áreas en las que las dos partes están demasiado lejos. Preferí enfocarme en áreas de posible comunidad o con ideas en común”.

¿Qué quiere decir con “recibidas” aquí? ¿A qué atribuye usted este fracaso en la recepción? ¿Es su enfoque de respeto, compasión y sensibilidad destinado a facilitar esa recepción? ¿Qué lo haría facilitar dicha recepción?

Martin: Para tomar una perspectiva teológica, una enseñanza debe ser “recibida” por los fieles. Es un tema complejo (y yo no soy teólogo profesional); pero, en general, para que una enseñanza sea completa, debe ser apreciada, aceptada y comprendida por los fieles. La tradición es que los fieles poseen su propio sentido interno de la autoridad de una enseñanza. Ese es el sentido de la fe, el sensus fidei o sensus fidelium. Puede encontrar más información al respecto en el documento del Vaticano “Sensus Fidei”. Aquí enseguida le presento una cita que es útil: “El sensus fidei fidelis es una especie de instinto espiritual que le permite al creyente juzgar espontáneamente si una determinada enseñanza o práctica está o no está en conformidad con el Evangelio y con la fe apostólica”.

Esto siempre ha sido parte de la enseñanza de la Iglesia. En cualquier caso, parece que la mayoría de la comunidad LGBT católica no está de acuerdo con la enseñanza de la Iglesia sobre las relaciones del mismo sexo: es decir, que no son permisibles. Por lo que mucha gente LGBT me dice que esa enseñanza, en particular, no encaja con, ni se ajusta a, sus propias experiencias como seres humanos que aman y son amados. De modo que esa enseñanza, al parecer, no ha sido “recibida” por la comunidad LGBT, que es la comunidad más afectada por ella.

He aquí un ejemplo: un viejo amigo mío, llamado Mark, estuvo en una orden religiosa por algunos años. Después de que renunció o se salió, se reveló como un hombre homosexual y comenzó una relación con otro hombre. Durante los últimos 20 años, más o menos, ellos han estado juntos, y Mark también ha cuidado de él a lo largo de una grave enfermedad de larga duración. Así que una pregunta para la Iglesia es: “¿es eso una forma de amor?”.

Por lo tanto, el “respeto, la compasión y la sensibilidad” a los cuales yo llamo significan que un obispo o funcionario de la Iglesia estaría dispuesto a conocer a Mark y su compañero, y a escuchar lo que tienen que decir acerca de su experiencia de amor y su receptividad a esa enseñanza. Eso es parte del puente. ¿Qué podría aprender un obispo de Mark? ¿Y qué podría aprender Mark de un obispo?

TJP: En su libro Tendiendo un puente… y en muchos comentarios subsiguientes, usted observa que los católicos LGBT suelen ser señalados de maneras que otros grupos no lo son: por ejemplo, notando que las personas que no siempre ni en todas partes aman a los pobres, no son públicamente señaladas. ¿Qué está tratando de mostrar Ud. con dichos ejemplos?

Martin: Lo que estoy tratando de mostrar es sencillo y claro: que a menudo son ellos el único grupo cuya moralidad sexual, o la moralidad en general, se coloca bajo un microscopio. Por ejemplo, nosotros no tenemos obispos emitiendo documentos sobre por qué alguien que está divorciado y vuelto a casar sin una anulación no puede recibir un entierro católico. Nosotros no tenemos sacerdotes haciendo estruendo desde el púlpito acerca de las parejas que viven juntas antes del matrimonio. Nosotros no tenemos escuelas católicas que despidan a las personas que tienen hijos fuera del matrimonio. Hoy en día, son principalmente las personas LGBT las que son blanco de acoso e intimidaciones. ¿Por qué solo ellos? Esa es la pregunta. Para mí, es una señal de lo que el Catecismo llama “discriminación injusta”, algo que se supone debemos evitar.

Más básicamente, si la adhesión a la enseñanza de la Iglesia va a ser una prueba decisiva para el empleo en las instituciones católicas, entonces las parroquias y las diócesis deben ser coherentes. Necesitamos pedirle a la gente que adhiera a todas las enseñanzas de la Iglesia, no solo a aquellas que se enfocan en asuntos relacionados con la gente LGBT. Estos incluirían los valores del Evangelio: cuidar a los pobres, amarse los unos a los otros, perdonarse los unos a los otros. Los “asuntos más importantes de la ley”, como diría Jesús. Cuando expreso esto, a menudo la respuesta es que el matrimonio entre personas del mismo sexo es un “escándalo público”. Pero yo sugeriría que si alguien que trabaja en una de nuestras instituciones es cruel o vengativo, sea también un escándalo. Y bastante público.

TJP: Dentro de los Estados Unidos, muchos identifican la promoción de la tolerancia y el respeto hacia las personas LGBT con la izquierda política (y a menudo secular). ¿Cómo puede la Iglesia de los Estados Unidos hacer que la aceptación amorosa de las personas LGBT sea una cuestión no partidista o aun trans-partidista?

Martin: Buena pregunta. Es sorprendente para mí que la tolerancia a veces se vea como un problema de la “izquierda”. Porque no solo conozco a unos cuantos intolerantes de la izquierda, sino que los cristianos “de derecha” también están (obviamente) comprometidos con los Evangelios. Es más, parte del amor cristiano es el respeto. A lo que estoy llamando es a una meditación sobre las formas en que Jesús se acercaba a las personas que sentían que estaban en los márgenes: en primer lugar, dándoles la bienvenida. De manera que, como siempre, la clave es invitar a la gente a meditar sobre las formas en que Jesús abordaba las cosas. Y, de hecho, eso es transpartidista. Jesús trasciende todas esas categorías.

— TJP: Háblenos de las meditaciones bíblicas en su libro. ¿Qué lo llevó a incluirlas?

Martin: Durante muchos años he hecho —como muchos jesuitas, sacerdotes y religiosos, y obreros pastorales laicos— una especie de “ministerio informal” con gente LGBT. Y lo que he encontrado es que algunos pasajes de la Escritura han sido consistentemente útiles para las personas LGBT que están luchando con su fe. El Salmo 139 (“Te alabo porque soy una creación admirable, temible y maravillosa”) es uno de ellos. Es una herramienta tan poderosa para la gente, y ayuda a desbloquear las cosas para ellos en la oración.

De la misma manera, quería incluir pasajes seleccionados del Nuevo Testamento que considero que pueden ayudar a la gente a comprender mejor las maneras en que Jesús trató a las personas que se sentían marginadas en su tiempo —como la historia del criado (empleado doméstico) del centurión romano, y la del encuentro de Jesús con Zaqueo—. En el libro invito a los lectores a utilizar algunas de las prácticas de la contemplación ignaciana con estos pasajes. ¿Qué puede Dios querer decirnos en nuestra oración?

Y he aquí algo extraño que he notado: casi cada revisor o crítico ha ignorado toda la segunda mitad del libro: las meditaciones de las Escrituras y la invitación a la oración. Eso me ha desconcertado. ¿Cuándo ocurre que otra persona revise o critique solo la mitad de un libro? No estoy seguro de por qué es así. En la izquierda secular, quizá ellos no sean capaces de entrar en una conversación sobre la espiritualidad, o tal vez piensen que es inútil. En la extrema derecha, tal vez no sean capaces de admitir que estos pasajes podrían tener algo nuevo que decirnos acerca de la gente LGBT. Cuando me siento en un estado de ánimo más lúgubre o sombrío, me pregunto si es porque unos pocos en la extrema derecha sienten que las personas LGBT no pueden tener una vida espiritual.

En cualquier caso, si usted lee la mayoría de las críticas, es como si yo solo hubiera escrito la mitad del libro. Muy extraño. Y para mí, la segunda mitad es, por mucho, la parte más importante. Porque la primera parte es una invitación al diálogo, pero la segunda parte es una invitación a la oración.

TJP: ¿Cómo encajan los sacramentos en este proceso de tender puentes?

Inmensurablemente. Y, como yo lo veo, el sacramento más esencial en esta discusión, para ambos grupos —los católicos LGBT y los funcionarios de la Iglesia—, es el bautismo.

A menudo se les dice a los católicos LGBT que ellos no pertenecen a la Iglesia. Y yo les recuerdo de su bautismo. Me encanta la frase del Catecismo: “El Santo Bautismo es la base de toda la vida cristiana”. Es “el portal de entrada o el pasaporte a la vida en el Espíritu”, en otra hermosa frase. Su importancia no puede sobrestimarse. El bautismo nos incorpora a la Iglesia. Por lo que nuestra tradición no podría ser más clara. Es importante enraizar a los católicos LGBT en el hecho de que Jesucristo mismo los llamó a entrar en la Iglesia.

Al mismo tiempo, a veces es bueno recordarles a los que trabajan en las funciones oficiales de la Iglesia —el clero y los laicos— que los católicos LGBT no solo son católicos por completo en virtud de su bautismo, sino que además tienen dones esenciales para llevar a la Iglesia de la misma forma que todos los católicos bautizados. Jesús los llamó a la Iglesia para su salvación, pero también para enriquecerla con su presencia.

TJP: Como hemos visto con las disputas sobre Amoris Laetitia, en las controversias sobre la sexualidad es fácil enfrentarse al amor contra la verdad, con el grupo que predica la tolerancia sosteniendo o agarrándose del “amor” y el grupo que predica la ortodoxia agarrándose de la “verdad”. ¿Cómo se ve Ud. sosteniendo los dos juntos?

Bueno, no los mantengo unidos yo; ellos están unidos en Jesús, quien es verdad y quien es amor. Por lo tanto, no hay ningún enfrentamiento real contra ninguna otra cosa. Nuestra ortodoxia, así como nuestra ortopráctica, es el amor, y esa es la verdad de lo que somos.

Por eso yo vuelvo continuamente a los Evangelios. No puedes equivocarte siguiendo lo que hizo Jesús. Y sí, sé que los Evangelios tienen que ser interpretados y que la gente puede estar en desacuerdo con esas interpretaciones y aplicaciones, pero para mí algunas cosas son claras. Por ejemplo, Jesús estaba dispuesto a encontrar a la gente marginada, él estaba dispuesto a escucharla, y él lideró siempre con una recepción o bienvenida.

Pero, en general, todas estas cosas se mantienen unidas en Jesucristo. Y como jesuita, todo lo que yo hago, incluyendo el trabajo con este libro, se basa en él. Absolutamente todo.

_______________________
Fuente: https://thejesuitpost.org

Hablando con nuestros compañeros, adultos jóvenes, y usando una variedad de medios digitales, The Jesuit Post ofrece una perspectiva jesuita y católica en el mundo contemporáneo. El objetivo es mostrar que la fe es relevante para la cultura de hoy y que Dios está trabajando en ella. Nuestro trabajo se centra tanto en asuntos sagrados como seculares, porque estamos convencidos de que Dios también lo hace.