Juan Ochagavía: una huella profunda

Sr. Director:

Siendo muy joven, tuve el privilegio de conocer personalmente a Juan Ochagavía S.J. y, más tarde, por los ecos de su desempeño como profesor y decano de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica. Sobre todo, por su participación como asesor teológico experto de Monseñor Raúl Silva Henríquez en el Concilio Vaticano II. Hasta el día de hoy, esa destacada participación, así como la de otros profesores de nuestra Facultad, constituye para nosotros un gran orgullo.

Más allá de ello, Juan Ochagavía dejó una huella muy profunda en la comunidad teológica académica de nuestro país. Ha representado una forma de ser profesor y fue un teólogo muy competente desde el punto de vista científico y, a la vez, profundamente volcado a brindar un servicio muy concreto en la vida de la Iglesia. En un momento dado, muchos pudimos presenciar cómo él, siendo un académico brillante y un exdecano muy valorado en la Universidad, fue capaz de dejar de lado una carrera que para la mayoría de sus pares es irrenunciable, para entregar largos años de su vida al servicio de su orden religiosa, la Compañía de Jesús, como maestro de novicios, luego Provincial en Chile y, más tarde, como asistente del Padre General en Roma. Finalmente, esa opción, después de tantos años, implicó para él no poder retomar la vida académica.

¿Perdimos un teólogo o ganamos un gran jesuíta? Me imagino la sonrisa de Juan ante la ingenuidad de esta pregunta… Pero lo importante es que, en cualquiera de los roles que él cumplió en su vida, supo ser siempre una figura inspiradora para quienes lo rodearon, por su sabiduría personal, su prudencia y su sencillez en el trato y el servicio a los demás.

Junto con este recuerdo, me sumo al pesar de sus hermanos jesuitas, de sus familiares y de sus amigos más cercanos.

Fernando Berríos M.
Decano, Facultad de Teología, PUC

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