La derrota de la humanidad

Los cristianos, antes de posicionarnos, debemos recordar que la guerra es la gran derrota de la humanidad, porque hace que se enfrenten miembros de la misma familia universal por diferencias salvables.

Parto de que cada uno tiene sus opiniones políticas, ancladas en la razón, pero también en la emoción, en el interés y en la identidad. Que detrás de las decisiones políticas —tanto a favor como en contra—, corren manantiales de aguas pútridas contaminados por intereses de diversa índole. Y que la decadencia de la clase política, tanto en Europa como en América, favorece el auge de los populismos y las dictaduras. Y quizás, en este ámbito más que en otros, hay que volver a la mítica frase: «sigue el rastro del dinero» para comprender un poco más.

A veces, las armas son la últimísima forma legítima de defenderse, aunque la guerra de Irán no es claramente el caso. Sin embargo, los cristianos, antes de posicionarnos, debemos recordar que la guerra es la gran derrota de la humanidad, porque hace que se enfrenten miembros de la misma familia universal por diferencias salvables. Solo trae odio, muerte y miseria, y escasas soluciones realistas. Ese es nuestro posicionamiento cristiano, no lo que nos digan las ideologías de un lado y de otro, tan volátiles como interesadas. Ya antes de ellas, la Tradición de la Iglesia había reflexionado sobre ello, con aciertos y equivocaciones, y había dado buena cuenta de que al enemigo hay que amarlo y no aniquilarlo, aunque nos cueste entenderlo, y por supuesto vivirlo.

En cualquier caso, para evitar la guerra no valen ni los eslóganes ni conformarse con callar el ruido de las armas. La paz es algo más bello que bascular de la mera convivencia —capaces de vivir juntos— a la concordia —latir con un mismo corazón—.  La paz en cristiano, por tanto, es algo más que la no violencia: se ha de pensar, se ha de rezar y desear, se ha de buscar creando relaciones justas y se ha de dialogar. La paz pasa por lo concreto y real y no por lo ideológico, porque a las vidas que se pierden inútilmente y a las lágrimas vertidas no le consuelan ni los votos ni las pancartas ni los ansiados titulares.

La paz en cristiano, por tanto, es algo más que la no violencia: se ha de pensar, se ha de rezar y desear, se ha de buscar creando relaciones justas y se ha de dialogar.

¡Bienaventurados los que luchan realmente por la paz!


Fuente: https://pastoralsj.org / Imagen: Pexels.

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