La escritura funda un espacio común, un espacio de comienzos y recomienzos, un lugar donde se fecundan otros registros del decir, el pensar y del desear. Por ello es un empezar de nuevo, siempre de nuevo.
«La palabra escrita es débil»
Annie Dillard
¿Por qué escribimos? Lamento contarles, queridos lectores, que esta pregunta no tiene una respuesta fácil. Escribir no es simplemente ejercer la violencia del lápiz sobre la hoja. Tampoco es teclear unas letras sueltas sobre un documento en blanco. Escribir es más que la escritura, la escritura es más que el querer-la, querer es más que una rutina (¡gracias a Dios!). Quiero escribir sobre la escritura. Con permiso de ustedes les ofrezco estas débiles frases, parafraseando a Annie Dillard. Pd: léanla.
Hace algunas semanas me he venido sumergiendo en libros de la editorial Anagrama. Tengo tres ahí en el escritorio esperando terminarlos. Sabrá Dios si lo logro. Nunca he sido un lector ordenado. Empiezo uno, lo dejo, tomo otro, vuelvo sobre el primero. Entre medio de esos dos libros aparece una compra realizada donde Camilo, el librero del campus universitario. Un total desastre. La cosa es que tengo tres Anagrama esperándome. Uno al final siempre espera y siempre es esperado. Pero esa es otra columna. Volvamos, volvamos a lo que les cuento.
Los libros de Anagrama a los que he ido aproximándome son de prosa. No sé leer novelas, me aturde un poco la cantidad de personajes, me pierdo con rapidez. Soy más amigo de la poesía y de la prosa. En particular estos libros tienen un eje común ya que cuentan experiencias de sus autores, específicamente el cómo fueron llegando a escribir lo que escribieron o cómo se fueron formando como escritores. Más que el acto de trazar un texto me seduce lo que se esconde detrás de la escritura, de esa exigencia amorosa.
El autor y su escritura es fruto de una serie de autores y de una serie de escrituras que estuvieron antes que él o ella, siendo él o ella un espacio de confluencia de otras voces. Con sobrada razón Derrida escribió que el monolingüismo no existe y que en nosotros habitan otras lenguas. Es como armar un árbol genealógico en un restaurant cerca del Parque Bustamante, continuarlo en casa y darse cuenta de que hay otras historias que, en el acto de escribir el árbol, aparecen sobre la hoja.
El autor y su escritura es fruto de una serie de autores y de una serie de escrituras que estuvieron antes que él o ella, siendo él o ella un espacio de confluencia de otras voces.
La escritura es una experiencia amorosa de la incompletitud de lo otro, de la grieta por donde entra la luz, dice el poeta Leonard Cohen, de la imposible simetría, dice Lacan. Uno ama lo que falta, uno ama y se encuentra con la falta y creo que escribimos porque algo nos falta y nos piden escribir (…nos exigen amorosamente escribir…) porque eso es algo que falta y se espera. La incompletitud es el espacio de la escritura y la escritura es el medio a través del cual la grieta se hace habitable. Por ello la escritura tiene que ver con hacer más corta la distancia, dijo Hugo Mujica.
Somos amados porque escribimos y escribimos porque amamos y correspondemos al amor proponiendo una nueva escritura. En definitiva, es recomenzar con las manos, con lo único que se tiene, dijo Víctor Jara, con la distancia y la ausencia, con la grieta y en la grieta. Las ideas, las manos y el corazón compartido son gestos de la posibilidad de la escritura. Por ello la escritura no cae en el romanticismo, aun cuando este párrafo pueda ser altamente romántico. Solo hay escritura porque hay crisis. Teresa de Ávila escribió su obra Las moradas como exigencia de obediencia a sus confesores. Juan de la Cruz escribió el Cántico espiritual estando preso. La escritura nace en la herida y trata de recomenzar la vida desde esa herida.
Cuando escribimos nos ponemos al servicio de la escritura-grieta, y por ello la escritura siempre constituye una experiencia de lo agrietado, de lo no uniforme, de lo que no de lo coincide, no de la homogeneidad, sino que de la fragilidad.
La escritura funda un espacio común, un espacio de comienzos y recomienzos, un lugar donde se fecundan otros registros del decir, el pensar y del desear. Por ello es un empezar de nuevo, siempre de nuevo. Por ello hay una amorosa exigencia en la escritura, porque es ahí donde verdaderamente generamos ese proyecto que llamamos humanidad.
Imagen: Pexels.