La esperanza de los profetas

A menudo las personas olvidamos que nuestro tiempo no se reduce al presente. Que estamos llamados a percibir el futuro como algo bueno, sencillamente porque es de Dios.

Vivimos en un contexto de guerra, donde vemos a menudo imágenes que creíamos que solo existían en las películas americanas. Se dispara el precio de los combustibles, y con ello la inflación, la calefacción, el transporte y por supuesto la luz. Nuestros políticos, ya sea a nivel regional, nacional o europeo, no logran ponerse de acuerdo, y los extremos en forma de populismos aporrean la puerta. Por no hablar de la crisis moral, donde la dignidad de las personas se daña tanto en las fronteras como en la frialdad de los quirófanos. Y así, una crisis tras otra…

Sin embargo, lejos de quejarnos continuamente, conviene no olvidar el auténtico espíritu de los profetas. Pues no vale solo con denunciar la injusticia, eso ya lo hacen Twitter, la prensa y los malos políticos. Lo profético es anunciar la esperanza en medio del caos y de la confusión. Es ahí, cuando el profeta ve más allá, y se demuestra quién tiene horizontes más amplios que el resto para soñar un mundo nuevo y planear soluciones posibles.

Lejos de quejarnos continuamente, conviene no olvidar el auténtico espíritu de los profetas.

Y es que a menudo las personas olvidamos que nuestro tiempo no se reduce al presente. Que estamos llamados a percibir el futuro como algo bueno, sencillamente porque es de Dios. Esto es lo que celebraremos los cristianos en unos días, frente a nuestra tendencia al presente lo auténtico mira hacia adelante. La vida emerge más allá del caos, la pobreza y la destrucción. Es la esperanza de Dios, la que no viene de nosotros, la que no nos abandona cuando el mundo nos invita a tirar la toalla y abandonar el barco.


Fuente: https://pastoralsj.org / Imagen: Pexels.

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