La Iglesia es como un hospital de campaña

Somos y poseemos sufrimientos que necesitan de una Iglesia que «debe ser» un hospital de campaña en el mundo, con los brazos abiertos para recibir, acoger, curar y sanar. Somos parte de un mundo herido y roto.

«Que cura y sana heridas». ¡Cuántas heridas hay en el mundo!

El capítulo dos del Evangelio de San Marcos pone en boca de Jesús un elemento crucial de su misión: sanar a los enfermos, perdonar a los pecadores. Solo los enfermos necesitan sanación, y de igual manera los que no aman necesitan de la misericordia de Dios, de su perdón.

La imagen de un hospital de campaña se revela como un escenario lleno de sufrimiento y de cuidado para salir, cuanto antes, sano y salvo; es el refugio de los heridos, y también de los que se arremangan entre los gritos y el dolor llevando el consuelo, y ojalá la curación.

Soy incapaz de imaginar a las miles de familias que en Gaza son auxiliadas, una y otra vez, día tras día, y así interminablemente, desesperados y rodeados de muerte y desolación. Cientos de niños que gritan y lloran, y padres que entierran a sus hijos.

Un hospital de campaña no es una imagen placentera y pacífica.

El Papa Francisco utilizó esta metáfora como un «deber ser» para la Iglesia, para todos nosotros. ¿Será que «estamos obligados» a acoger a todos y cada uno de los sufrimientos del mundo para ser: un recinto de verdad y de amor, de libertad, de justicia y de paz, para que «todos» encuentren en ella un motivo para seguir esperando?

El Papa Francisco utilizó esta metáfora como un «deber ser» para la Iglesia, para todos nosotros.

Ese «todos» nos incluye también a los que en el discurrir de la vida vamos acumulando heridas, sanadas o no, y dolores, llevaderos o insoportables.

El Papa del discernimiento y de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio, el hombre del «Tomad Señor,…, todo mi haber y mi poseer», sabía que somos y poseemos sufrimientos que necesitan de una Iglesia que «debe ser» un hospital de campaña en el mundo, con los brazos abiertos para recibir, acoger, curar y sanar. Somos parte de un mundo herido y roto.


Fuente: https://pastoralsj.org / Imagen: Pexels.

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