La Resurrección es el camino cotidiano que intenta hablar de un acontecimiento que supera la materialidad del cuerpo biológico y que abre un auténtico punto de fuga en la historia.
Dice el poeta Vladimir Holan en su poema «Resurrección»:
«La primera en levantarse será mamá…
La oiremos encender silenciosamente el fuego, poner silenciosamente el agua sobre el fogón
y coger con sigilo del armario el molinillo de café.
Estaremos de nuevo en casa».
El poeta, al comienzo de este poema, protesta contra la idea de que la Resurrección será un acontecimiento que llegue con estruendo de trompetas y de ruido. Al contrario. Para Holan la auténtica experiencia de lo que hoy celebramos va a comenzar con un poco de café recién molido.
Lo que los cristianos y cristianas celebramos en estos días es eso: un acontecimiento. El problema del acontecimiento es que es tan singular, tan disruptivo, tan transformador que por eso mismo es sutil, entra como por el lado, entra por la cocina y entra con café en la taza y con la taza en las manos. En definitiva, la Resurrección siempre viene acompañada de sabores, de aromas novedosos, de experiencias de vida que abren la mirada hacia lo singular que se deja ver en cada recoveco vital.
Lo que los cristianos y cristianas celebramos en estos días es eso: un acontecimiento.
El acontecimiento es tan singular que ninguna palabra es posible de calificarlo, de apresarlo, de marcarlo con un solo decir. El querido fantasma Jacques Derrida se preguntó si era acaso posible nombrar y definir el acontecimiento. Definir y nombrar es violentar el acontecimiento. Por ello la única manera de aproximarse a tientas a él es decirle palabras cotidianas, metáforas y símbolos. Por ello los primeros la llamaron anástasis, que no era otra cosa que la experiencia de despertar luego de una noche de sueño o de una noche de intento de sueño. Ella, la Anastasia, como la llama el poeta y teólogo Pedro Pablo Achondo, es la mujer que entra con café, con el pan y con el cuerpo.
La Resurrección es imposible porque siempre nos deja con un decir todavía. La Resurrección es el camino cotidiano que intenta hablar de un acontecimiento que supera la materialidad del cuerpo biológico y que abre un auténtico punto de fuga en la historia. Aquí me gusta recuperar mucho la idea de Paul Ricoeur, quien hablando del sepulcro vacío dice que esa ausencia de cuerpo es signo de que otro relato siempre es posible.
Esta es la fiesta y el día de la posibilidad
Aquí se dan lugar los sueños que rompen el determinismo
Este es el día que hizo el Señor.
¡Feliz Pascua!
Imagen: Pexels.