La pasión es resistencia y denuncia, es solidaridad que transforma

Las mujeres, como en Betania, ungimos la memoria con perfume de esperanza, ciertas de que la vida vence a la muerte.

Domingo 26 de marzo de 2026
Pasión de nuestro Señor Jesucristo según San Mateo 26, 14 – 27, 66.

En Betania, una mujer ha ungido a Jesús con un perfume costoso, anticipando su pasión. Pronto Jesús enfrentará la conjura de las élites religiosas, la complicidad política y la indiferencia popular. Su entrega se convertirá en juicio contra la injusticia y en esperanza para los marginados. La Pasión es ejemplo de resistencia y denuncia: Jesús se solidariza con cada crucificado de hoy y su entrega revela que la liberación pasa por confrontar la traición, la represión y la explotación, y por abrir espacios de comunión y esperanza.

Jesús denunció con su palabra, cuando el poder quiso callarlo.

Jesús resistió con su silencio, cuando el imperio buscó legitimarlo.

En el templo, en el juicio, en la cruz, su voz y su silencio fueron denuncia, su entrega fue resistencia.

Leemos la Pasión como una historia en que las mujeres no fueron figuras marginales, sino protagonistas que revelan el sentido profundo de la entrega de Jesús: comprender la cruz no como glorificación del sufrimiento, sino como solidaridad transformadora con las víctimas de hoy.

Leemos la Pasión como una historia en que las mujeres no fueron figuras marginales, sino protagonistas que revelan el sentido profundo de la entrega de Jesús.

Hechos de estos días de marzo en titulares de los medios en Chile nos muestran cómo la memoria de la Pasión se hace sentir en la política y en la vida cotidiana:

Asume nuevo Presidente de Chile (11 de marzo). Giro conservador en el poder, con promesas de orden y disciplina.
Inicio del «gobierno de emergencia» (11 de marzo). Primer discurso con tono autoritario: «El que no cumpla, se va».
Alza histórica de combustibles (24 de marzo). El gobernante defiende la decisión de no subsidiar, apelando a la «responsabilidad fiscal», pese al impacto en las familias.
Banco Central reduce proyección de crecimiento y advierte inflación cercana al 4% (25 de marzo).
Impacto de la guerra en Medio Oriente y del recorte fiscal general del 3% del nuevo gobierno.

Traiciones patriarcales se disfrazan de decretos, y las palabras se hipotecan en el mercado del poder. Los tribunales crucifican la verdad en nombre del orden, y los pobres cargan sentencias que no dictaron. Estructuras que crucifican se alzan en la economía, con combustibles que queman bolsillos, con mercados que celebran mientras familias sangran.

Entonces, en cada grito, en cada gesto de fidelidad, en cada acto de solidaridad, resuena la Pasión.

Las mujeres, como en Betania, ungimos la memoria con perfume de esperanza, ciertas de que la vida vence a la muerte. Un nodo de mujeres se reúne. No hay púlpito, pero sí palabra compartida. No hay jerarquía, pero sí escucha profunda. Cada gesto, cada mirada, se replica como fractal: lo que ocurre en una casa, reverbera en la red. La fe se multiplica en patrones de cuidado, resistencia y ternura. La comunidad es chinampa: fértil en medio de la precariedad. Entre el barro y la bruma, las mujeres siembran justicia, mezclando espiritualidad, denuncia y pan compartido. El Evangelio florece entre ollas comunes, pañuelos bordados y abrazos que sostienen.

Como riñón, el nodo filtra lo que duele. Depura el abuso, el silencio impuesto, la exclusión. Redistribuye esperanza: en talleres, en celebraciones, en cartas que cruzan calles y plazas. Cada encuentro es una transfusión de dignidad. Y bajo tierra, como micelio, la red se extiende. Conecta barrios, memorias. Comparte saberes, recursos, afectos. Invisible pero vital, sostiene con raíces que abrazan y nutren. Así, la comunidad de mujeres no solo vive su fe: la transforma en tejido, en cuerpo, en vida que vence a la muerte.


Fuente:  Mujeres Iglesia Chile / Imagen: Pexels.

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