La pascua constituye una experiencia de movilización y no de estancamiento, desplazamiento que se abre gracias a preguntas y conversaciones específicas que permitieron la resignificación del duelo y de la crisis de la cruz.
Porque la vida se nos va en hacernos preguntas
Si miramos con detención los relatos de la resurrección de Jesús nos podremos percatar que aparecen preguntas que en la trama narrativa son puestas en la boca de Jesús. La propuesta de esta columna es adentrarnos en esas preguntas del resucitado y tratar de desentrañar por qué el autor de la propuesta narrativa se da el tiempo de ponerlas en el relato. La idea es tratar de mirar el texto bíblico como un texto literario, es decir, como una obra en la que aparece una trama, unos personajes, una secuencia. La presencia de una pregunta dentro de la trama vendría a implicar que algo se quiebra dentro de la trama y que en ese quiebre vendría a aparecer otra dimensión o frecuencia del texto y del sentido mismo del texto. Veamos el elenco de las preguntas:
¿De qué conversan por el camino? Lc 24,17.
¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria? Lc 24,26.
¿Tienen algo de comer? Lc 24,41.
Mujer ¿por qué lloras? ¿a quién buscas? Jn 20,15.
¿Tienen algo de comer? Jn 21,5.
¿Me amas más que estos? Jn 21,15.
¿Me amas? Jn 21,16.
¿Me quieres? Jn 21,17.
Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué te importa? Tú sígueme Jn 21,2.
Visto el elenco de las preguntas, ofreceré algunas notas textuales que nos pueden ayudar a organizar el sentido de los versículos identificados. En primer lugar, la pregunta irrumpe en situaciones de cotidianidad: un camino que se recorre, una experiencia de profunda emotividad, una actividad cotidiana como la pesca. En este sentido la experiencia pascual y, al decir de Fabrice Hadjadj, «las apariciones del resucitado tienen un carácter eminentemente práctico»1. Esto es interesante, ya que la experiencia de la resurrección es, ante todo, la experiencia de unos determinados sujetos en torno a una situación extraña. Se produce una subjetividad específica o distinta en los testigos del acontecimiento que afecta a las situaciones cotidianas en las que ellos se desplazan. Esto a mí entender es un elemento fundamental en la comprensión de lo que entendemos por resurrección.
Un segundo elemento tiene que ver con que las preguntas del resucitado abren a que sus interlocutores comiencen a dialogar. Siguiendo al filósofo Jacques Derrida, la hospitalidad se abre con la pregunta del extranjero2. En todos los relatos de preguntas del resucitado es Jesús el que abre el diálogo. Esto es un recurso interesante en a lo menos dos sentidos: a) en primer lugar, hay una manifestación del modo de ser de Jesús previo a la Pasión, el cual también se basa en hacer preguntas a sus interlocutores de manera de abrir la conversación; b) en segundo lugar, la Pascua es el acontecimiento marcado por una experiencia del lenguaje. Este vínculo, lenguaje y Pascua, lo he trabajado en mi artículo «‘Sopló sobre ellos y dijo…’ (Juan 20,22): el Espíritu del Resucitado y la emergencia de una antropología pascual del decir» (2026)3. Lo que intenté mostrar en este trabajo es que la presencia del resucitado en medio de la comunidad permite que los discípulos traumatizados volvieran a producir un relato significativo que les permitiera comprender lo acontecido en Jesús. De hecho, uno de los primeros signos de la irrupción del trauma en una persona es que el lenguaje cotidiano queda en suspensión, lo que, según la narrativa de Jn 20, se puede evidenciar en el signo de la casa con las puertas cerradas y en los discípulos escondidos por el miedo a los judíos.
En todos los relatos de preguntas del resucitado es Jesús el que abre el diálogo.
En tercer lugar, es relevante mostrar que las preguntas de Jesús resucitado trabajan con la emocionalidad de los interlocutores, elemento que he trabajado en otro artículo4. El teólogo y psicoanalista francés Jean-Daniel Causse habla explícitamente de que la pascua implica la emergencia de una nueva subjetividad. En sus palabras: «La muerte y resurrección de Jesús no tienen un valor de verdad abstracta ni adquieren sentido más que convirtiéndose incesantemente en un acontecimiento que da origen a un sujeto nuevo, del mismo modo que inauguran una nueva conciencia histórica»5. Y más adelante, Causse indica: «Si bien la resurrección no es algo aislable como un en-sí, no obstante, es detectable a posteriori, es decir, en sus efectos de sentidos nuevos, a menudo imprevistos, para el pensamiento y para la vida»6. Estos elementos son relevantes ya que en la pascua sí estamos evidenciando un cambio en la perspectiva en la que los sujetos comprenden su relación con el acontecimiento y con el resucitado en particular. El resucitado, al abrir la conversación con la pregunta, va realizando una suerte de terapia con la comunidad, terapia o proceso de sanación (que también podemos llamar resignificación del trauma de la cruz) que involucra directamente la pregunta intencionada hacia las emociones.
En cuarto lugar y final, se puede reconocer que las preguntas que el resucitado formula tienen que ver directamente con la misión que nace con la pascua. En el caso de los discípulos de Emaús el encuentro conlleva el regreso a Jerusalén, y desde Jerusalén hacia la misión universal. En el caso de Magdalena la pregunta es lanzada y luego ella es enviada a anunciar a los hermanos la resurrección. Finalmente, en el caso de Pedro se confirma el primado dentro de la comunidad. Con esto vemos que la pregunta lanzada a interlocutores específicos involucra un movimiento pastoral o misionero. Considero que la dinámica originaria de la comunidad se va desplazando a través de las experiencias comunitarias que los discípulos y discípulas tuvieron con Jesús y cómo esas experiencias se fueron vehiculando a través de preguntas y relatos compartidos. En este sentido, la pascua constituye una experiencia de movilización y no de estancamiento, desplazamiento que se abre gracias a preguntas y conversaciones específicas que permitieron la resignificación del duelo y de la crisis de la cruz.
1 Fabrice Hadjadj, Resurrección. Experiencia de vida en Cristo resucitado (BAC, Madrid 2019), 11.
2 Jacques Derrida y Anne Dufourmantelle, La hospitalidad (Ediciones La Flor, Buenos Aires 2008).
3 Juan Pablo Espinosa, «‘Sopló sobre ellos y dijo…’ (Juan 2022): el Espíritu del Resucitado y la emergencia de una antropología pascual del decir», Cuadernos de Teología n.18 (2026), 1-14.
4 Juan Pablo Espinosa, «Entre el miedo y la alegría: las emociones en los relatos evangélicos de la resurrección de Jesús como claves de la vida cristiana», Palabra y Razón 27 (2025), 86-103.
5 Jean-Daniel Causse, El don del agapé. Constitución del sujeto ético (Sal Terrae, Santander 2006), 112.
6 Causse, El don del agapé, 117.
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