Que esta Cuaresma sea el taller donde Dios, con manos pacientes, nos modele. Y cuando llegue la Pascua, no solo brillará la superficie, sino que todo nuestro ser habrá sido renovado desde lo más profundo.
Un anciano carpintero trabajaba cada mañana en silencio. Un día, su aprendiz, cansado de lijar la misma tabla una y otra vez, le preguntó: «¿Por qué tanto esfuerzo si nadie verá esta parte del mueble?». El maestro sonrió y respondió: «Porque la madera sí lo sabe. Y yo también».
La Cuaresma es ese taller escondido donde Dios trabaja las partes que nadie ve. No es un tiempo para aparentar, sino para lijar el orgullo, ajustar las bisagras del corazón, enderezar las grietas del rencor. A veces quisiéramos resultados rápidos; sentirnos santos en una semana, haber perdonado en un día, dejar atrás viejos hábitos sin dolor. Pero el alma, como la madera, necesita paciencia y constancia.
La Cuaresma es ese taller escondido donde Dios trabaja las partes que nadie ve. No es un tiempo para aparentar, sino para lijar el orgullo, ajustar las bisagras del corazón, enderezar las grietas del rencor.
Ayunar no es solo dejar de comer, es aprender a reconocer de qué dependemos. Orar no es repetir palabras, es permitir que Dios entre en el polvo de nuestros pensamientos. Dar limosna no es dar lo que sobra, es dejar que el amor nos cuestione. La Cuaresma nos confronta con lo que somos cuando nadie nos aplaude. El mundo nos enseña a mostrar la superficie brillante. Cristo, en cambio, nos invita al trabajo interior. Él no vino a maquillar la vida, sino a transformarla desde dentro. En el Evangelio escuchamos; «Tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará» (Mt 6,4). Ese «secreto» es el lugar donde se decide todo.
Tal vez este tiempo santo no necesite grandes gestos, sino pequeños actos fieles: un perdón sincero, una reconciliación pendiente, un silencio ofrecido, una oración que brota en medio del cansancio. Que esta Cuaresma sea el taller donde Dios, con manos pacientes, nos modele. Y cuando llegue la Pascua, no solo brillará la superficie, sino que todo nuestro ser habrá sido renovado desde lo más profundo.
Fuente: https://pastoralsj.org / Imagen: Pexels.