Los viñadores asesinos y los criterios de Jesús

Jesús nos invita a un estilo de vida cuidadoso, respetuoso por lo recibido, para que pueda brotar, florecer y dar frutos.

A través de parábolas, Jesús continúa enseñando los criterios del Reino de Dios. Les invito a escuchar con el corazón lo que se nos presenta como mensaje de esta historia.

Nos es dado un lugar para producir frutos, somos las trabajadoras y los trabajadores de este lugar que se nos asignó. Nuestra misión es producir frutos, hacer que la viña brote, florezca, madure y se pueda cosechar la uva. Nosotras no somos dueñas, aunque este aprendizaje es algo contra-cultural. El criterio de nuestro mundo valora a quien se adueña, a quien es dueño o dueña de algo. Nuestra sociedad se basa en la competencia, y llegamos hasta quitarle el respeto al otro, eliminando a cualquiera que se interponga, incluso al verdadero dueño.

Jesús nos enseña el valor de dar frutos, tal como Él lo manifestó. La obra humana que se desvía de este objetivo de entregar frutos y se los quiere quedar todos para sí, no está destinada a permanecer.

Jesús, quien es el verdadero camino, nos indica que los criterios del Reino son otros; nos ayuda a discernir, en tiempos complejos, y nos invita a diferenciar lo «bueno» de lo «legal», del «orden social actual». En lo legal o en lo social puede aparecer el Reino, pero no son el Reino. El Reino que ahora manifiesta sus destellos se asoma «en los brotes de hojas tiernas» de la higuera, en los frutos que florecen en las relaciones humanas. Se asoma en torno a miradas compasivas, en la colaboración y todos los grupos, pueblos, agrupaciones que «protegen la Viña».

La obra humana que se desvía de este objetivo de entregar frutos y se los quiere quedar todos para sí, no está destinada a permanecer.

Cuando los trabajadores que alquilan la Viña se adueñaron de esta, buscaron ejercer un poder sin límites, ser los dueños absolutos, eliminando a otros y otras, sin tampoco cuidar la Vida. Hoy podríamos decir que nuestras «pertenencias» —casas, trabajos, bosques, aguas, pero también familia y amigos o amigas— nos están dadas para que todas y todos produzcamos, en conjunto, frutos de Vida y Justicia. Jesús nos alerta de la verdadera esencia de esta gran «Viña», y cuáles son los valores contrarios al Reino que la ponen en peligro.

Hoy estos criterios evangélicos se encuentran en permanente tensión con otros valores. Es una tensión entre la conciencia agradecida de lo dado, de lo recibido gratuitamente y la ambición de poseer sin límites. Si estoy consciente de que recibo gratuitamente, cuidaré —la viña, los amigos, la familia, mi propio cuerpo, mi mente—.

Así, les invito a preguntarnos: en mi propia «Viña», en mi entorno social, ¿qué frutos estoy produciendo?, ¿cómo cuido la Viña? Lo que me ha sido dado gratuitamente, ¿lo comparto?, ¿con quiénes participo para en común dar frutos? Jesús nos invita a un estilo de vida cuidadoso, respetuoso por lo recibido, para que pueda brotar, florecer y dar frutos.


Fuente: Mujeres Iglesia Chile / Imagen: Pexels.

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