Magnifica Humanitas: cuestionamiento a los poderes contemporáneos y llamado a construir un mundo distinto

La encíclica presentada en mayo es una proyección de la Doctrina Social hacia la era digital. Su preocupación central es la humanidad; frente al poder economicista, propone el bien común; frente al poder de la tecnocracia, el discernimiento responsable; frente a Babel, propone una reconstrucción participativa.

La encíclica Magnifica Humanitas se presenta como una de las intervenciones más ambiciosas del magisterio social de la Iglesia reciente. Dedicada a la «custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial», prolonga la tradición iniciada por Rerum novarum (1891) y relee las transformaciones tecnológicas y del poder contemporáneos, a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia. No se trata solamente de una encíclica sobre inteligencia artificial. Es, más bien, una reflexión sobre la condición humana en el tiempo de la digitalización, pero, sobre todo, una reflexión crítica acerca de los poderes que actualmente dominan el mundo: el poder del capitalismo, el poder de la tecnocracia y el poder del militarismo, con la propuesta de una mirada humanista alternativa y la invitación a construir un mundo distinto.

El documento sostiene que la humanidad enfrenta una decisión histórica: avanzar hacia una nueva Babel tecnológica o reconstruir una ciudad humana fundada en la dignidad, el bien común y la fraternidad. La técnica debe servir a la persona y no la persona quedar subordinada a la técnica. Desde esta perspectiva, proponemos una lectura sociológica latinoamericana centrada en cinco ejes: crítica al economicismo capitalista, crítica a la tecnocracia, crítica a la cultura de la geopolítica militarista y recuperación de una antropología espiritual encarnada e invitación a construir un mundo basado en el amor, la justicia, la diplomacia y el bien común.

CRÍTICA AL PODER CAPITALISTA QUE ATENTA CONTRA EL BIEN COMÚN

Magnifica Humanitas relee críticamente el capitalismo globalizado y la expansión de una racionalidad economicista centrada en la propiedad privada, el individualismo y la acumulación. La encíclica retoma la tradición abierta por León XIII y desarrollada por Pablo VI, Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco. La preocupación histórica por la cuestión obrera se amplía ahora hacia las nuevas desigualdades digitales.

En un contexto en el cual el capitalismo globalizado ha generado una sociedad donde la riqueza se concentra, las desigualdades crecen y se incrementan los marginados (1), el papa León XIV reafirma la Doctrina Social de la Iglesia (MH 45; 46-85).

El texto recuerda, frente al economicismo y al utilitarismo, que la igual dignidad de todos los seres humanos constituye el fundamento de toda convivencia (MH 51). El valor de la persona no depende de lo que produce ni de su utilidad económica. Los derechos humanos tienen un altísimo valor (MH 54-56). Existen derechos que pertenecen a todos por el solo hecho de ser personas (MH 56), incluyendo la protección de minorías y mujeres (MH 57).

Frente a la reivindicación actual del derecho irrestricto de la propiedad privada y la exaltación de la libertad individual, desde que las ultraderechas se han visto elevadas al poder, la encíclica recuerda una postura eclesial con valores contrarios.

El documento insiste en volver a pensar el bien común, el destino universal de los bienes, la subsidiariedad y la justicia social (MH 46). El valioso principio del destino universal de los bienes (MH 65-67) adquiere una dimensión novedosa: ya no se refiere solo al suelo, al agua o al aire (MH 65), sino también a patentes, algoritmos, plataformas, infraestructuras digitales y datos (MH 67).

El documento insiste en volver a pensar el bien común, el destino universal de los bienes, la subsidiariedad y la justicia social (MH 46)

Magnifica Humanitas reivindica el valor central del trabajo humano (MH 148-149, 154). El trabajo posee dimensión económica, pero también humana y espiritual. La automatización no puede justificar exclusión y desempleo (MH 150-151, 154).

La reflexión converge con Populorum progressio, cuando Pablo VI definía el desarrollo como paso «de condiciones menos humanas a condiciones más humanas»; con Sollicitudo rei socialis y su crítica a las estructuras de pecado; con Centesimus annus y la subordinación del mercado a la ley moral; con Caritas in veritate y la necesidad de una economía orientada al bien común; y con Laudato si’, donde aparece la preocupación ecológica y la crítica al paradigma tecnocrático.

El desarrollo humano integral (MH 83) aparece, así, como alternativa a la lógica de la acumulación. El desarrollo es verdaderamente humano cuando pone a las personas y a los pueblos en el centro y cuando incorpora responsabilidad hacia las generaciones futuras, cuando privilegia a los pobres y apoya las justas causas de los pueblos.

CUESTIONAMIENTO DEL PODER TECNOCRÁTICO Y DIGITAL

Vivimos en un mundo donde la IA se desarrolla exponencialmente, se concentra en manos de unos cuantos poderosos, y se denuncia que no se trata de algo inmaterial, sino de una industria extractiva, profundamente material, atravesada por relaciones de poder económico, político, colonial y ecológico (2). En este contexto el Papa reflexiona críticamente sobre los desafíos humanos y éticos de la IA.

Al respecto, uno de los aportes más originales de la encíclica es la crítica al paradigma tecnocrático. León XIV no condena el progreso técnico; advierte sobre su absolutización. Las innovaciones tecnológicas no son neutrales (MH 85): pueden ampliar justicia y participación o profundizar desigualdades, vigilancia y exclusión.

La encíclica cuestiona la concentración del poder en torno a la IA (MH 5 y 71). Identifica nuevos monopolios asociados a la concentración de datos, capital informático y capacidad normativa (MH 109). Surge así una nueva asimetría epistémica, económica y política.

La inteligencia artificial ocupa un lugar central. El documento insiste en que la IA no debe equipararse a la inteligencia humana (MH 99). Puede imitar funciones cognitivas y superar a las personas en velocidad y cálculo, pero carece de experiencia, cuerpo, afectividad, conciencia moral y crecimiento interior. Su aprendizaje es estadístico y adaptativo; el aprendizaje humano implica experiencia vivida, crecimiento interior y desarrollo ético y espiritual. «Ningún sistema de cálculo por sofisticado que sea genera un corazón que se entrega, ni una conciencia capaz de discernir el bien» (MH 233).

Por ello, el uso de la IA nunca es puramente técnico (MH 102). Los sistemas algorítmicos pueden reproducir sesgos, invisibilizar opciones ideológicas, manipular información y vulnerar privacidad. Delegar decisiones irreversibles a algoritmos implica eludir responsabilidades políticas y éticas (MH 103).

La encíclica alerta sobre esto y condena las nuevas esclavitudes ocultas detrás de las cadenas globales de producción tecnológica (MH 173-175): extractivismo de datos, explotación invisible, dependencia digital y mercantilización de la vida. Es un nuevo colonialismo con «rostro inédito» (MH 178).

La respuesta propuesta no es el rechazo tecnológico sino la gobernanza democrática: transparencia, rendición de cuentas, participación, subsidiariedad y regulación pública.

«…Transformar el conocimiento compartido en bien común, no en herramienta de dominio; devolver a los pueblos no solo los datos que los describen, sino también la posibilidad de decidir cómo se utilizaran, quién los utilizará y para quién» (MH 178).

CRÍTICA AL MILITARISMO Y A LA IA «ARMADA»

En el mundo las recientes guerras y conflictos han retroalimentado el militarismo; se agudiza la competencia geopolítica sistémica; la IA, la vigilancia y la automatización transforman el complejo militar-industrial, y el capitalismo actual tiende a articular la industria tecnológica, la industria de la guerra, la geopolítica y los sistemas de control y vigilancia. En términos absolutos, según datos internacionales, nunca en la historia humana se había gastado tanto dinero en armamento (3). En este contexto, el Papa denuncia la cultura del poder y el militarismo que se rearma con apoyo de la IA.

Por ello, en el quinto capítulo contrapone dos modelos civilizatorios: la cultura del poder y la civilización del amor (MH 182-228).

La cultura del poder (MH 182-185) se expresa en la normalización de la guerra, el crecimiento de la industria bélica (MH 193), la polarización y la crisis del multilateralismo (MH 201). El documento denuncia la sustitución progresiva del derecho internacional por la lógica del más fuerte (MH 203).

El nihilismo y el pragmatismo actual se entrelazan y normalizan extremismos religiosos y fanatismos identitarios que se alían con un economicismo irracional (MH 206). El miedo al «otro», alimenta la voluntad de dominio y los abusos de poder, retroalimentando nuevos conflictos. Las guerras tienden a perder todo límite ético (MH 207).

Especial relevancia adquiere la reflexión sobre las armas autónomas. No es lícito confiar decisiones letales a sistemas artificiales (MH 198). La guerra se vuelve impersonal: desaparecen los rostros, disminuye el discernimiento y aumenta la distancia moral.

Aquí surge una categoría decisiva: «desarmar la IA» (MH 110). Desarmar significa sustraer la tecnología a la competencia armamentista, económica y cognitiva; romper la equivalencia entre poder tecnológico y derecho a gobernar; impedir monopolios y devolver pluralidad a las culturas humanas.

Es indispensable asegurar trazabilidad, control humano efectivo y normas internacionales para limitar las armas inteligentes (MH 200).

UN HUMANISMO PROFUNDO, RENOVADO Y ENCARNADO

Frente a las narrativas de fondo detrás del poder tecnológico, que interpretan el progreso como una superación del ser humano, la encíclica dialoga críticamente con el transhumanismo y el posthumanismo. Algunas versiones del transhumanismo aspiran a superar límites biológicos mediante tecnología; las corrientes posthumanistas radicales relativizan la centralidad de lo humano y postulan su superación evolutiva (MH 115-116).

Magnifica Humanitas reconoce la creatividad tecnológica, pero advierte que la persona —dotada de corazón— no puede reducirse a información, optimización o rendimiento (MH 117; 120, 121, 126).

El texto propone, desde una visión renovada del humanismo cristiano, una antropología del límite. El ser humano florece no a pesar del límite sino muchas veces a través de él (MH 118). El límite abre espacio para la compasión, la misericordia, la responsabilidad y la experiencia espiritual (MH 119).

Magnifica Humanitas reconoce la creatividad tecnológica, pero advierte que la persona —dotada de corazón— no puede reducirse a información, optimización o rendimiento (MH 117; 120, 121, 126)

La grandeza humana no reside en eliminar fragilidades sino en integrar vulnerabilidad, libertad y cuidado recíproco (MH 119-122). Frente al imaginario prometeico de los avances tecnológicos actuales el texto muestra que el verdadero «más que humano» (MH 127-130) no es la superación tecnológica sino la apertura a la gracia (MH 128).

La plenitud humana no consiste en superar toda limitación, sino en asumir conscientemente la finitud como condición de apertura al Misterio, a los demás y a Dios. Resuenan así los planteos de Guardini (4) fundamentando, en la encíclica, una respuesta teológica profunda a la pretensión transhumanista de abolir los límites constitutivos de la condición humana.

La encíclica concluye proponiendo una espiritualidad encarnada que se inspira en María y el Magnificat (MH 143-145). María representa disponibilidad humana ante Dios; el Magnificat expresa esperanza histórica. El cántico anuncia inversión de jerarquías: los humildes son elevados, los hambrientos saciados y los excluidos recuperan dignidad. No se trata solo de espiritualidad interior sino de horizonte histórico.

BABEL, NEHEMÍAS Y LA RECONSTRUCCIÓN DE LA CIUDAD HUMANA

Harari nos advierte (5) que la humanidad posee hoy un poder tecnológico sin precedentes, pero carece todavía de una gobernanza ética, política y espiritual equivalente. El Papa apunta precisamente en la dirección correcta cuando propone una nueva gobernanza que llama «civilización del amor».

La encíclica utiliza dos imágenes bíblicas: Babel y Jerusalén (MH 1,7,9 10, 90, 129, 125, 184-185). Babel simboliza un proyecto de dominio que termina deshumanizando. Jerusalén destruida luego del exilio en Babilonia, reconstruida por Nehemías, representa trabajo compartido y responsabilidad colectiva (MH 7-10, 90, 129, 130, 241, 242).

León XIV invita explícitamente a seguir el «camino de Nehemías» (MH 10). Reconstruir no significa solo levantar estructuras materiales. Implica rehacer vínculos, corregir injusticias, restaurar comunidad y abrir espacio a quienes regresan del exilio.

La referencia es especialmente sugerente para nuestro tiempo: la humanidad vive una transición tecnológica acelerada y debe decidir si la diversidad será motivo de fragmentación o fundamento para una nueva fraternidad.

Frente al riesgo de la manipulación de la IA y de los poderes del dinero y las armas, el Papa propone acceso universal, participación (MH 109), educación integral y crítica, alfabetización digital (MH 14; 139-147), una ecología de la comunicación (MH 137-138) y diálogo, diplomacia y multilateralismo (MH 224-226) en la perspectiva de construir juntos una nueva civilización, esta vez del amor (MH 208-211;227-228).

La verdad ocupa un lugar central porque sigue siendo bien común indispensable para la democracia (MH 132-134). La manipulación de parte de los poderes tecnocráticos corre el riesgo de convertirse en totalitarismo, como bien advierte el Papa citando a Hannah Arendt (6) (MH 134). La comunicación requiere de la protección frente a la desinformación, la propaganda y la polarización. La educación y la información deben dar espacio a la voz de las víctimas y no aceptar como normal la lógica del conflicto (MH 217).

La civilización del amor aparece entonces como alternativa a la coexistencia armada. Supone transformar competencia en solidaridad, dominio en servicio y fragmentación en comunidad de destino. La paz y la justicia se abrazan, cita el Papa a San Agustín (MH 215).

CONCLUSIÓN 

Magnifica Humanitas constituye una ampliación de la Doctrina Social hacia la era digital. Su preocupación central no es la técnica sino la humanidad. Frente al poder economicista, propone el bien común; frente al poder de la tecnocracia, el discernimiento responsable; frente a los señores de la guerra, propone un camino de paz; frente a Babel, propone una reconstrucción participativa.

En el escenario geopolítico internacional ningún caso refleja con mayor claridad la interrelación entre los poderes que el Papa cuestiona, como el de Estados Unidos. Potencia hegemónica en crisis. Es en Estados Unidos donde, de manera paradigmática en sus elites gobernantes, se concertan los grandes poderes capitalistas, los grandes multimillonarios que manejan la IA y los patrones que manejan el complejo militar e industrial (7). La encíclica papal apunta en esa dirección, cuestiona desde el humanismo y la ética a todas las elites que se han coalicionado hoy para gobernar al mundo. Es el más claro ejemplo de un soft power (8) que se contrapone a un sistema cuyo poder geopolítico duro pretende en estos días imponerse por la fuerza militar, por la manipulación de la verdad y por las amenazas de destrucción masiva.

La humanidad enfrenta una decisión histórica: construir una nueva torre de dominio o edificar una ciudad fundada en dignidad, justicia y fraternidad. La encíclica opta decididamente por este segundo camino.

A fines del siglo XIX Rerum Novarum fue acallada y ocultada por los custodios de los poderes de la época. Igual cosa intentaron hacer con Laudato si’ del Papa Francisco. Esperamos que esta vez, por el contrario, esta encíclica tenga la más amplia difusión y conocimiento dada su valiosa contribución para orientar el destino de la humanidad en los tiempos que corren.

La humanidad enfrenta una decisión histórica: construir una nueva torre de dominio o edificar una ciudad fundada en dignidad, justicia y fraternidad. La encíclica opta decididamente por este segundo camino.

* El autor de este artículo, Cristián Parker Gumucio, es Dr. en Sociología. Trabaja en el Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Santiago de Chile. ORCID: https://orcid.org/0000-0001-8041-9642
(1) Ver Piketty, T. (2014). El capital en el siglo XXI. Fondo de Cultura Económica.
(2) Ver Crawford, K (2023). Atlas de Inteligencia Artificial, Poder, Política y Costos Planetarios, Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.
(3) Ver SIPRI (2026). SIPRI Military Expenditure Database, en https://www.sipri.org/databases/milex
(4) Guardini, R. (2010). El fin de la modernidad. Madrid: Ediciones Cristiandad.
(5) Ver Yuval Noah Harari (2019). 21 lecciones para el siglo XXI, Debate.
(6) Hanna Arendt (1998). Los orígenes del totalitarismo, Taurus.
(7) Bria, F. (2025). «El golpe de Estado de los tecnoautoritarios: de la América postdemocrática a la Europa que viene», La Vanguardia, 02.11.2025. En: https://www.lavanguardia.com/internacional/20251102/11220880/golpe-tecnoautoritarios-america-postdemocratica-europa-viene.html
(8) Ver Joseph S. Nye (1990). Soft Power, Foreign Policy, No. 80, pp. 153-171.


Imagen: Pexels.

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