María, discípula libre en la escucha…

El Evangelio que anunciamos las mujeres. Una invitación a vivir en la búsqueda de las cosas esenciales, de aquello que realmente puede dar un sentido trascendente a nuestra existencia.

Domingo, 17 de julio de 2022
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, según san Lucas 10, 38-42.

Jesús entró en un pueblo, y una mujer que se llamaba Marta lo recibió en su casa.

Tenía una hermana llamada María, que sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra.

Marta, que estaba muy ocupada con los quehaceres de la casa, dijo a Jesús: “Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola con todo el trabajo? Dile que me ayude”.

Pero el Señor le respondió: “Marta, Marta, te inquietas y te agitas por muchas cosas, y sin embargo, pocas cosas, o más bien, una sola es necesaria. María eligió la mejor parte, que no le será quitada”.

El androcentrismo es una de las realidades que ha estado presente a lo largo de la historia en muchos pueblos, y que ha significado bastantes luchas por parte de mujeres lúcidas que se atrevieron y se atreven a alzar la voz frente a la discriminación y a diferencias arbitrarias que nada tienen que ver con la dignidad esencial de cada ser humano.

En la mentalidad judía de los tiempos de Jesús, la preeminencia del varón en la vida social, política, cultural y religiosa era algo evidente e indiscutible, por eso es que resultaba tan extraño el comportamiento de este maestro a quien no le importaba si dentro de sus seguidores había también mujeres; de hecho, en la escena de este Evangelio aparecen dos hermanas que le reciben en su casa, pero que adoptan diferentes actitudes ante la presencia de Jesús. Marta asume las tareas del hogar, propias y esperadas de una mujer, pero María, desafiando el status quo, se sienta a los pies de Jesús y le escucha, del mismo modo como lo haría un discípulo varón. Este es un aspecto interesante, que seguramente llamaría la atención de todos los que se encontraban en ese lugar, pero para Jesús, simplemente, esa libertad de María, era lo que él esperaba de todo seguidor, sin distinguir si es hombre o mujer.

Ciertamente, Jesús no reprocha el servicio de Marta, sino la agitación y agobio con que realiza su trabajo, que le impide, a su vez, ir más allá de lo que socialmente compete a una mujer, y que su hermana María ha sido capaz de ver con claridad buscando “esa única cosa necesaria que es oírle, estar junto a él, aprender de él…”.

Jesús rompe los esquemas del androcentrismo al conversar con las mujeres en público, admitirlas en su grupo de seguidores, dejarse tocar y lavar los pies con las lágrimas de algunas de ellas, defenderlas ante las piedras hipócritas de algunos varones, y darles la primicia de la buena y gran noticia de su resurrección. Jesús era libre de todo convencionalismo social o religioso que no tuviera en el centro a la persona, y esta libertad con la que María elige “la mejor parte”, es sin duda un actuar que imita la libertad del maestro.

Este pasaje del Evangelio, tan comentado desde la oposición a veces, y otras, desde la complementariedad de la acción y la contemplación en nuestras vidas de creyentes, es a mi juicio, una invitación a vivir en la búsqueda de las cosas esenciales, de aquello que realmente puede dar un sentido trascendente a nuestra existencia. Para buscar es necesario desprendernos de los prejuicios y del qué dirán, para buscar sencillamente hay que sentarse junto a Jesús, mirar fijamente a sus ojos y escucharle con atención, sabiendo que ahí encontraremos la fuente de la cual emana la plenitud del sentido, exenta de absurdas injusticias que lesionan la dignidad humana.

Como mujeres en la Iglesia, nos enfrentamos a muchos desafíos frente a los cuales, esta mujer, María de Betania, puede darnos pistas en nuestro caminar de discípulas. Ojalá que pudiéramos imitar la libertad y el amor de María, que sin pensar en lo osado de su gesto, se sentó a los pies de Jesús, y por ello pudo escuchar: “Ha elegido la mejor parte que no le será quitada”. Que nada ni nadie nos quite este legítimo derecho acogido y defendido por el mismo Jesús.

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