Marzo-abril 1961: Los bebé probeta

Un adelantado debate sobre la fecundación “in vitro” ocupó las primeras páginas de Mensaje N° 79, generando un comentario de parte de la revista tras la pregunta de uno de sus lectores.

LA VIDA HUMANA EN PROBETAS

Señor Director:

Desde hace algún tiempo se habla mucho de la producción de la vida humana, experimento realizado creo que en Italia. Según tengo entendido, un católico no puede aceptar semejante experimento; pero otras personas dicen que sí, pues la Iglesia no se opone a la ciencia. ¿Podría esclarecer mis dudas en la revista, y esclarecérselas a tantas personas que, como yo, no saben exactamente qué partido tomar ante hechos tan extraños?

D. F. – Santiago

Creemos en efecto que su consulta es de gran interés para muchas personas, como para usted; trataremos de responderla clara y brevemente:

Ante todo, es necesario saber con precisión en qué consiste el experimento del Dr. Petrucci, de Bologna: los investigadores, en el curso de una operación, sacaron los óvulos de la mujer; tomaron semen masculino enviado al laboratorio de la clínica para su examen de fecundidad; provocaron de este modo el encuentro entre el elemento masculino y el femenino, y se produjo la fecundación del óvulo. Terminada la operación, el todo fue puesto en un medio tal que pudiera continuar las funciones fisiológicas y vitales. De esta manera, se obtuvo por primera vez la fecundación artificial “in vitro” (germinación de la vida fuera del organismo vivo). El óvulo fecundado comenzó a desarrollarse y vivió durante veintinueve días. Este es el cuadro esencial del experimento. ¿Qué pensar de él?

Su alcance científico: la novedad del experimento consiste en haber sido realizado con vida humana. Pero es ya conocido el proceso del cultivo “in vitro” de vida animal y vegetal. En esta materia, los periodistas suelen avanzar mucho más de lo que los hombres de ciencia se atreven a afirmar.

Su alcance filosófico-religioso: no pocas personas piensan que este experimento abre la era vitalista, en la cual el hombre habría descubierto el misterio de la vida; y por consiguiente una explicación meramente científica y materialista bastaría para explicar la misma aparición del hombre sobre la Tierra, sin intervención de Dios. Fijándose en el cuadro del experimento, se advierte inmediatamente que no se ha creado la vida de la nada, ni se ha obtenido de elementos verdaderamente sin vida; sino que sólo se han obtenido las circunstancias aptas para que elementos previamente vivos (óvulo femenino y espermatozoides masculinos) se fecunden y se desarrollen fuera del organismo humano. No se plantea, siquiera, aquí el problema del origen de la vida.

No pocas personas piensan que este experimento abre la era vitalista, en la cual el hombre habría descubierto el misterio de la vida; y por consiguiente una explicación meramente científica y materialista bastaría para explicar la misma aparición del hombre sobre la Tierra.

Su alcance moral: transcribimos a continuación lo que a este respecto monseñor Roberto Masi, rector del Seminario Pontificio Romano para los estudios jurídicos y especialistas en cuestiones científicas y filosóficas, escribía en L’Osservatore Romano del 15 de enero pasado:

“En el caso presente, el juicio moral negativo aparece con evidencia. La Iglesia siempre ha sido muy explícita sobre este punto… el 19 de septiembre de 1949, en su discurso al IV Congreso Internacional de los Médicos Católicos… el papa decía que ‘la fecundación artificial fuera del matrimonio se ha de condenar pura y simplemente como inmoral’”.

“La ley natural y la positiva exigen, en efecto, que la procreación de la nueva vida sólo tenga lugar en el matrimonio. El matrimonio es el único que salvaguarda el bien personal y la dignidad de los esposos (principalmente de la mujer, en el caso presente) y en realidad sólo él provee al bien y a la educación del hijo”.

“Por consiguiente, respecto a la condenación de la fecundación artificial fuera de la unión conyugal, ninguna divergencia de opinión puede existir entre católicos. El hijo concebido en esas condiciones sería, por el mismo hecho, ilegítimo”.

“La fecundación artificial en el matrimonio, pero producida por el elemento activo de una tercera persona es igualmente inmoral y, como tal, se debe reprobar sin discusión. El 19 de mayo de 1956, en su discurso al II Congreso Mundial de la fecundidad y la esterilidad, Pío XII Rechazaba como inmorales y absolutamente ilícitas las experiencias de fecundación artificial ‘in vitro’: ‘Respecto a las tentativas de fecundación artificial in vitro, bastará con observar que hay que rechazarla como inmorales y absolutamente ilícitas’”.

“La fecundación artificial humana ‘in vitro’ es una forma evolucionada de la fecundación artificial ordinaria o, mejor dicho, una forma más anormal de ésta. Los teólogos se preocuparon de esta última y la han juzgado inmoral e ilícita, conforme a las directivas de la Santa Sede, en el sentido de que el orden y la finalidad de todas las cosas deben ser respetados en el delicadísimo campo de la generación humana. El alcance de la transgresión en esta materia es más grave todavía si se piensa que la fecundación artificial, no solamente no respeta la dignidad del cuerpo humano y perturba el orden natural y sagrado, si no que además da nacimiento a nuevos seres humanos, sin que tengan derecho al bien importantísimo de la educación, la instrucción y los cuidados de dos personas, es decir, el padre y la madre. En efecto nadie sería verdaderamente el padre, en vista de que la relación de paternidad, en el sentido pleno y jurídico, no se funde principalmente en la producción de los gérmenes de los cuales proviene el nuevo ser, sino más bien en el acto generador humano, es decir, en un acto humano y moral”.

“Si examinamos ahora el juicio moral que merece la fecundación humana artificial ‘in vitro’, los motivos de condenación analizados más arriba aparecen como más graves, puesto que aquí falta además ese acto generador que la fecundación artificial contiene. Respecto a la fundación artificial ‘in vitro’, no solamente la fase inicial está viciada, sino que todo el proceso —si lo hay— se desarrolla fuera del orden y finalidad que son intrínsecos a las fuerzas vitales naturales y sagradas. Y todo esto es verdad, incluso si se logra conseguir lícitamente el óvulo por fecundar y los gérmenes fecundadores; incluso si desde el punto de vista filosófico se demostrará que en el óvulo humano no existe un alma espiritual desde el momento mismo de la fecundación como lo creen algunos”.

La Iglesia no se opone a la investigación científica, pero no admite que ella llegue a atropellar la moral. Por su parte, el biólogo Jean Rostand, que no es católico, sino agnóstico, escribió estas palabras cuando supo del experimento: “Jugando así con los embriones humanos que después se echan al balde, se toca un límite. Debemos preguntarnos hacia dónde nos conduce este gran movimiento de manipulación del hombre por el hombre”.

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