El ingeniero chileno Raúl Sáez fue elegido por Estados Unidos como uno de los principales asesores del programa político, económico y social que desde 1961 impulsaba en el continente latinoamericano. El profesional se refiere a sus personales expectativas y a la visión del presidente John F. Kennedy para impulsarlo. Transcribimos acá su texto.
El progreso de nuestro país está íntimamente ligado al avance acelerado de todas las naciones del continente… El problema es de dimensiones colosales y pocos antecedentes se podrán encontrar para una tarea semejante. Ello obligará a los pueblos de América y a sus dirigentes a pensar sus propias soluciones con grandeza e imaginación. Sólo así podrán impedir “el retraso trágico de todo el que quiere evitarse el esfuerzo de ser auténtico, de crear sus propias convicciones”1.
El hecho fundamental es que hoy se está gestando una nueva visión del mundo. En esta gestación tienen influencia decisiva dos factores esenciales relacionados entre sí: la Técnica y la Física Moderna. El primero, en un plazo brevísimo, ha hecho posible un desarrollo extraordinario de los productos y servicios necesarios al bienestar humano. Este desarrollo es cada vez más rápido; recordemos que, para inventar las primeros aplicaciones industriales del fuego, el hombre necesitó un millón de años, pero el lapso transcurrido entre el globo de papel que elevó a los hermanos Montgolfier algunos metros sobre el suelo y el cohete del primer astronauta que circunvoló nuestro planeta es de menos de dos siglos. La posibilidad de un progreso material rápido es hoy una realidad de la cual han tomado conciencia todos los pueblos, aun las masas más miserables de la Tierra. Más aún, como dice Toynbee, “en una sociedad que ha descubierto el cuerno de la abundancia, la desigualdad en la distribución de los bienes de este mundo, siempre desagradable, al dejar de ser prácticamente forzosa, se ha transformado en una enormidad moral”2.
El segundo factor, la Física Moderna, se confunde para muchos con el desarrollo de las armas nucleares. Las relaciones internacionales de hoy día están condicionadas a la posesión de estas armas cuyo empleo sería desastroso. Pero también los resultados de la Física Moderna modifican fundamentalmente conceptos básicos tales como los de materia, espacio y tiempo. Al destacar así ciertas limitaciones del método científico y del pensamiento racionalista del siglo XIX, la Física Moderna quizás producirá nuevas condiciones de equilibrio entre la inteligencia humana, el espíritu y la realidad.
Además, como escribe Heisenberg, “la Física Moderna es sólo una parte, pero muy característica, del proceso histórico general que tiende hacia la unificación y ampliación del mundo actual. Este proceso habrá de llevar por sí mismo a una disminución de las tensiones políticas y culturales que crean el gran peligro de nuestros días. Pero se acompaña de otro proceso en dirección opuesta. El hecho de que grandes masas humanas tengan conciencia de este proceso de unificación conduce a incitar a todas las fuerzas existentes en las comunidades cultas a que traten de imponer con la mayor amplitud sus valores tradicionales en la etapa final de la unificación”3.
Esta es la nueva visión: un mundo en el cual el hombre nuevamente tiene la posibilidad de ser humano; un mundo con capacidades materiales ilimitadas si se las compara con las del pasado cercano y en el cual las fuerzas vigentes tienden a la unificación dentro de ciertos moldes culturales, políticos y económicos.
La libre elección de nuestra posición en este mundo nuevo es el desafío que encaramos. Este es nuestro problema ahora y aquí. Tal vez ésta es la última oportunidad que tenemos para resolverlo preservando los valores espirituales y culturales que constituyen nuestra herencia.
“Acaso la enfermedad básica de nuestro tiempo sea una crisis de los deseos y por eso toda la fabulosa potencialidad de nuestra técnica parece como si no nos sirviera de nada”, decía hace treinta años Ortega y Gasset4. Hoy día esa afirmación ya no es más verdadera: los pueblos tienen conciencia de sus deseos y conocen de la posibilidad de satisfacerlos. Hoy dia ya no se limitan sólo a querer lo que pueden tener sino saben que pueden tener lo que quieren.
Para satisfacer estos deseos se abren ante nosotros dos caminos definidos: o el sistema marxista con su régimen de gobierno totalitario que puede exhibir sus resultados materiales exitosos en Rusia y otras áreas del mundo o la evolución pacífica pero dinámica de nuestro propio régimen democrático. Este último es el camino por el cual se han reconstruido los países de Europa y el Japón, devastados por la última guerra, demostrando sorprendentes resultados, y es la vía por la cual avanza hacia un futuro mejor la India milenaria. Este segundo camino permite el respeto a nuestras tradiciones, pero exige que logremos dar auténtica expresión a las libertades individuales y políticas. Ellas requieren para florecer condiciones mínimas que es preciso alcanzar. Paul Rivet, el sabio investigador del hombre, señalaba que “un ser que no sacia su hambre no es libre, un ser que no puede leer un diario no es libre”. Comprendo, agregaba, “que la elevación del nivel de vida material y cultural no es una condición suficiente de la libertad, pero es una condición necesaria”5.
Ahora, cuando aún no es tarde, tenemos la oportunidad de dejar de ser espectadores pasivos en el proceso mundial de unificación; todavía podemos contribuir activamente en él y elegir libremente el campo en el cual queremos estar y actuar.
Las repúblicas americanas declararon en Punta del Este su “decisión de unirse en un esfuerzo común para llevar a nuestros pueblos un progreso económico acelerado y una justicia social más amplia dentro de un marco de dignidad personal y de libertad política”.
La Alianza para el Progreso constituye un instrumento fundamental para realizar el propósito anterior. El futuro está siempre condicionado por hechos originales no previsibles que dan nuevas formas al mundo económico y social y que alteran de modo profundo las bases sobre las cuales se desarrollan los nuevos acontecimientos. Creo que la Alianza para el Progreso constituye uno de estos hechos originales pero dependerá esencialmente de todos nosotros el que sepamos hacer uso de ella en forma adecuada en la tarea que es preciso resolver.
Es necesario que nuestros gobiernos y nuestros dirigentes reconozcan que el éxito no será función de la ayuda exterior que se reciba. Por importante que ella pueda ser, será siempre insuficiente si no somos capaces de modificar fundamentalmente las estructuras de todo orden —administrativas, educacionales, tributarias, previsionales, agrarias, etc.— que de modo diverso en los distintos países del continente dificultan o impiden el desarrollo económico y social. Es necesario que nos convenzamos a nosotros mismos que la debida utilización de nuestros propios recursos materiales y financieros —por medio de programas integrales de desarrollo aplicados con energía y continuidad— representará siempre una contribución muchas veces superior a la cooperación que podamos recibir de afuera. Es necesario que reconozcamos por último que sólo la creación de una mística de fe, confianza y sacrificio en el esfuerzo común podrá movilizar al hombre en beneficio de la colectividad y de su propio bienestar.
Es necesario que nuestros gobiernos y nuestros dirigentes reconozcan que el éxito no será función de la ayuda exterior que se reciba.
Es esta una tarea para todos los dirigentes de un país, cualquiera sea su posición en los diversos niveles de actividad, pública o privada. Una tarea para dirigentes que comprendan que no se trata de la actitud individual de cada uno, sino de una acción colectiva que tenga dirección y sentido definidos. Ser verdadero leader de un grupo humano es descubrir no hacia dónde éste quiere ir, sino dónde debe ir y guiarlo hacia allá. Es pensar y actuar en concordancia con su pensamiento, como lo ilustra con tanta propiedad el viejo proverbio hindú al señalar que “nuestros actos siguen a nuestros pensamientos como la rueda del carro sigue a la pezuña del buey”.
La Alianza para el Progreso pretende ser lo que su nombre indica: una asociación en que los socios movilizan recursos comunes para realizar una tarea de progreso acelerado. Hay en esto un matiz y más que un matiz, una diferencia importante con las formas anteriores de ayuda. La diferencia que existe entre asistencia y cooperación, la diferencia que existe entre ayuda al necesitado y colaboración entre dos socios de iguales derechos. A los socios les corresponde descubrir y elaborar las mejores bases para esta tarea de progreso que se desea llevar a cabo, pero somos fundamentalmente nosotros, los latinoamericanos, quienes deberemos formular los planes concretos de cooperación que transformarán gradualmente nuestras economías de simples exportadores de materias primas a productoras de manufacturas más y más elaboradas con un comercio intercontinental y mundial cada vez mayor. Es a nosotros a quienes corresponderá tomar todas aquellas medidas internas que permitan asegurar que los beneficios que se logren lleguen principalmente a los grandes grupos humanos, que deberán sentirse así participantes activos de la Alianza para el Progreso.
Esta Alianza crea obligaciones recíprocas entre los socios, que el Presidente Kennedy expresó, hace hoy justamente una semana, en los siguientes términos:
“Por un plazo demasiado largo, mi país, la nación más rica de un continente pobre, no ha cumplido el total de sus responsabilidades hacia las repúblicas hermanas. Ahora hemos aceptado todas esas responsabilidades. Del mismo modo, aquellos que poseen riqueza y poder en las naciones pobres deben aceptar sus propias responsabilidades. Ellas deben dirigir la lucha por aquellas reformas básicas que son indispensables para preservar la textura de su propia sociedad. Aquellos que hagan imposible la revolución pacífica harán inevitable una revolución violenta”6.
Es ésta una realidad que salta a la vista: con frecuencia, desgraciadamente, cosas demasiado evidentes no llaman la atención; otras veces no queremos atribuirles toda su importancia. Dícese del infortunado Luis XVI que ya sobre los peldaños del patíbulo exclamó: “¡Todo esto lo he visto venir desde hace diez años! ¿Cómo pude no creerlo?”.
Hace tres años yo mismo escribía sobre la gravedad de la situación en los siguientes términos: “No hay alternativas; ver o perecer. Cada instante de la historia lo comprueba. O nosotros obtenemos que la democracia en Chile represente valores objetivos mínimos para las capas más profundas y numerosas de nuestro pueblo o, tarde o temprano, la democracia deberá dejar paso a otras formas de gobierno, dictadura de un mandón o totalitarismo en nombre del pueblo”7.
Y aceptado participar en esta tarea dentro de los términos expresados anteriormente, porque ello constituye una convicción íntima arraigada en mí desde hace muchos años. Comprendo que es posible que las circunstancias lleven a la Alianza para el Progreso en una dirección diferente en su concepción original, pero, si ello fuera así, probablemente mi contribución a la labor común no sería de provecho.
Alguien ha dicho que “la vida es una faena que se hace hacia adelante. Nuestro espíritu está siempre en el futuro, preocupado por lo que vamos a hacer, lo que nos va a pasar en el momento en que llega”8. En cierto sentido, la Alianza para el Progreso anticipa cuál debería ser nuestra gran tarea en el devenir próximo y cuáles podrían ser sus resultados. Ella señala la posibilidad de un desarrollo económico acelerado y simultáneo con progresos definidos en el campo social, destinados a mejorar las condiciones de habitación y de salud, de educación y cultura, de ingresos y bienestar de las grandes masas humanas del continente. La Alianza para el Progreso constituye una esperanza y una posibilidad de preservar los valores del pensamiento cristiano y de una democracia progresista, de salvar la tradición de dignidad humana y libertad que han constituido toda la lucha histórica del mundo occidental.
1 Ortega y Gasset: Misión de la universidad.
2 Arnold Toynbee: Civilization on Trial.
3 Werner Heisenberg: Física y filosofía.
4 Ortega y Gasset: Meditación de la Técnica.
5 Paul Rivet: art. en la Revue francaise de l’ Energie.
6 Presidente Kennedy: Discurso, 13 de marzo, 1962.
7 Raúl Sáez: Casas para Chile.
8 Ortega y Gasset: Misión de la universidad.