Este año 2026, Mensaje cumplirá 75 años de circulación continua, por lo que, a contar de hoy, recordaremos artículos y episodios de significación en su historia. Comenzamos con las expresiones de motivación del padre Alberto Hurtado para fundar la revista, y su primer editorial.
El 2 de diciembre de 1950, el padre Alberto Hurtado escribió al viceprovincial, Álvaro Lavín S.J., expresando que deseaba “proponerle varios puntos” respecto de su actividad pastoral. El tercero de estos consistía en la publicación de una revista.
Señalaba: “Urge la publicación de una revista de vuelo. Finalidad: formación religioso-social-filosófica. ¡Orientar! Ser el testimonio de la presencia de la Iglesia en el mundo contemporáneo. No sería de carácter literario, ni tampoco piadoso, sino más amplia: de orientación. Urgencia. La gran desorientación, sobre todo juvenil. No hay ninguna revista que llene esta necesidad en Chile. Las extranjeras son inaccesibles para la gran mayoría. Hay hambre de cultura religiosa y social en ambientes universitarios, del pedagógico y aun entre los alejados. Se espera de la Compañía este servicio de Mayor Gloria de Dios”.
“Urge la publicación de una revista de vuelo. Finalidad: formación religioso-social-filosófica. ¡Orientar! Ser el testimonio de la presencia de la Iglesia en el mundo contemporáneo”
A continuación, expresaba que hacer esa revista era posible, ya que “hay un equipo de Padres muy concordes en su criterio, unidos y bien formados, tal vez como en ningún otro país americano”, a la vez que hay obispos que la desean y que la Conferencia Episcopal ha alentado el proyecto. Tras indicar que se debiese nombrar un director y un comité -para el cual sugiere una veintena de nombres-, planteaba que “podría haber un equipo mixto de jesuitas y seglares que tendría la dirección oficial. Sede de la revista puede ser la casa de la Congregación”. Y agregaba que los jesuitas que se dedicaran a la nueva publicación podrían formar un “Coetus, o Centro de estudios y acción social”, de acuerdo a lo normado en la Congregación General 29 de la Compañía de Jesús, y que a esa instancia podrían sumarse otros jesuitas que estuviesen a cargo de obras sociales: se trataría de “unirlos para facilitar y coordinar la acción”.
Pocos meses después, el viceprovincial aprobó la iniciativa y entonces, el 1 de octubre de 1951, se publicó el primer número de Mensaje, con el subtítulo “Un Mensaje cristiano para el mundo de hoy”.
Como director, en el reverso de la portada, figuraba Alberto Hurtado Cruchaga S.J. y, como subdirectores, Carlos Aldunate Lyon S.J. y José Cifuentes Grez S.J.
Más abajo, aparecía una nómina de treinta “colaboradores”, entre los que figuraban el obispo Manuel Larraín, Gabriela Mistral, Bernardino Piñera, Francisco Valdés Subercaseaux, Bernardo Leighton, Emilio Tagle Covarrubias, Francisco Vives, William Thayer Ojeda y otras destacadas figuras de los ámbitos religioso e intelectual del país.
En esa edición, bajo el título “Una nueva revista”, se publicó el primer editorial de Mensaje:
Hoy, 1° de Octubre de 1951, nace nuestra revista. Ha sido bautizada «MENSAJE», aludiendo al Mensaje que el Hijo de Dios trajo del cielo a la tierra y cuyas resonancias nuestra revista desea prolongar y aplicar a nuestra patria chilena y a nuestros atormentados tiempos.
Jamás como ahora el mundo ha atravesado una tan dura prueba de sus valores espirituales. Lo que tiene de más grave nuestra época, es su ideología o su falta de ideología. La verdad no interesa; lo que importa es la eficacia. La moral se confunde con la utilidad de un pueblo, de una raza, de una clase social o de particulares intereses. Nietzsche, Sartre y mil otros en pos de ellos afirman que ha muerto Dios y, junto con El, la verdad, el bien, la justicia, el progreso. Para millones de hombres la vida ha perdido todo sentido y, por añadidura, sienten cernirse sobre sus existencias adoloridas el horrible fantasma de una guerra que muchos consideran inminente e inevitable.
Y sin embargo, en medio de todas esas angustias de nuestro mundo, hay un Mensaje de verdad y de vida puede devolverle la tranquilidad y la paz. Nuestros contemporáneos dan la triste impresión de peregrinos que cruzan un desierto, muriendo de sed, y sin saberlo están pasando por sobre ríos subterráneos: con sólo cavar un poco, tendrían fuentes de aguas vivas que saltan basta la vida eterna.
Un grupo numeroso de católicos chilenos, conscientes de la gravedad de nuestra hora, ha ido madurando el deseo de lanzar una revista, que sea el reflejo de sus ínquietudes, de sus búsquedas, de sus esfuerzos comunes por penetrar más plenamente la Verdad evangélica y por aplicarla con objetividad a la realización de un mundo mejor, más justo, más fraternal.
La Compañía de Jesús en Chile, sabiéndose apoyada por sacerdotes de ambos cleros y por numerosos seglares que la han instado a hacerse cargo de coordinar esos esfuerzos, no ha querido negar su aporte a obra tan urgente. Emprende por eso la publicación de «MENSAJE» y ofrece cordialmente sus paginas a todos los que desean estudiar y discutir con realismo, altura De miras y visión ajena a criterios partidistas, los grandes problemas que interesan a nuestro tiempo y contribuir así a insertar el mensaje de Cristo en las inteligencias, los corazones y la vida de sus hermanos.
La revista, dentro siempre de un criterio estrictamente católico y sin más limitaciones que las de él, abarcará tanto el campo de la tecnología y de la filosofía, como el de los problemas económicos y sociales, de la historia, de la literatura y del arte. También procurará “MENSAJE” vincular a los lectores chilenos con los problemas que agitan al mundo entero: el hombre ya no puede vivir aislado, pues cada día lo convierte más en ciudadano del mundo.
De una manera especial, eso sí, atenderá a lo tocante Chile mismo, no sólo para conocerlo, sino también para buscar en común soluciones de mejoramiento en la vida religiosa, intelectual y social.
Quienes emprenden la publicación de “MENSAJE” saben sobradamente que no serán capaces de ofrecer un pensamiento siempre adecuado a problemas que sobrepasan las fuerzas, no sólo de muchos hombres, sino hasta del espíritu humano. Pero confían en Aquél que es el Padre de las luces y por cuyo amor inician esta obra; confían en la dirección doctrinal que emana continuamente de la Santa Sede y del Episcopado, apoyo precioso para comprender mejor la verdad y evitar errores; y confían en la ayuda fraternal de las almas de buena voluntad a quienes el romano pontífice ha invitado tantas veces a unirse para esa causa común: la salvación de los valores fundamentales del espíritu humano.
Y, aún sintiendo la desproporción de las fuerzas para la tarea, “MENSAJE” pretende ser un estímulo para realizar el audaz pensamiento de S. Em. el Card. Saliege: “Nosotros somos en parte responsables del destino de la humanidad. Estamos llamados a hacer la historia, más bien que a ser moldeados por ella. Dimos muestras de imaginación creadora. El pasado vive en el presente. El presidente lleva en sí el porvenir. ¿Cuál será el mundo de mañana? Lo que lo haga en nuestra fe, nuestra esperanza y nuestra caridad”.
H.
* Todos los artículos que se han publicado en Mensaje están accesibles para sus suscriptores en “Archivo histórico” en www.mensaje.cl