Octubre a diciembre de 1951: Los jóvenes, preocupación central del padre Alberto Hurtado

En la primera edición de Mensaje —octubre de 1951— su fundador escribió sobre la psicología de la juventud del periodo previo a la Segunda Guerra Mundial. En noviembre, se refirió al periodo de posguerra. Y en diciembre, sobre los jóvenes en “relación al querer y a su actitud moral, social y cívica”.

La preocupación permanente del padre Alberto Hurtado por la situación de los jóvenes queda de manifiesto en los temas a que dedicó sus primeros artículos para la revista, publicándolos sucesivamente en sus tres primeras ediciones.

Su primer escrito, en Mensaje N° 1, fue sobre el estado en que se encontraban las juventudes previamente a la Segunda Guerra Mundial.

Titulado “Psicología de la juventud”, expone su interés en alcanzar a comprender el “alma y el comportamiento de una generación de jóvenes”, para lo cual alude a aportes expresados por estudios europeos de su tiempo. Se refiere primero a la generación europea de preguerra, a la “generación de 1918 a 1939”. Tras describir una serie de características sociológicas y religiosas, además de su contexto histórico, advierte: “El problema social y económico ocupa un sitio preponderante en la mente de la juventud: es como el sello de esta generación que quiere conocer no sólo las doctrinas sociales, sino las soluciones técnicas, las condiciones de vida de otros medios (…). Pocas generaciones, tal vez ninguna, encontraron tanto jóvenes dispuestos a afrontar el sacrificio que supone la ascensión de los que no tienen bastante. Ellos comprendieron que el ideal social está en la base del ideal público: si una sociedad no es fraternal, no puede sobrevivir”1.

El artículo menciona dificultades, pero también una valoración positiva: “Esta generación de preguerra afronta una época extremadamente dura y lo hace con simplicidad y sinceridad. Le falta mayor formación intelectual, pero no fue por su culpa, sino por las dificultades de la época y por los fracasos que ha visto”. Y comenta: “Nuestra juventud chilena no vivió esa tragedia; no conoció esos dolores; antes bien los años de guerra fueron para nosotros años de mayor prosperidad y bienestar. Al salir de la guerra, entre las juventudes que participaron en ella y entre nosotros, va a haber algo totalmente distinto y algo que nos será común. ¿Qué es aquello y qué es esto?”2.

¡ESCOGER! ¿QUÉ? ¿Y POR QUÉ?

En la segunda edición de Mensaje, tras el título “Psicología del joven de la postguerra”, el padre Hurtado se refiere a la juventud de después de la Segunda Guerra Mundial.

Alude a la experiencia del dolor derivado de ese conflicto, mencionando lo vivido por la juventud alemana, francesa o judía, y alerta por la cierta indiferencia e insensibilidad que ve en la chilena ante ese dolor. Remarca que en todas esas realidades de los jóvenes hay un predominio del escepticismo —“de Europa sale hacia el mundo una bocanada de escepticismo”— y “de ahí que la generación joven, la nuestra incluida, carece de convicciones ondas, de entusiasmo, es fácilmente vulnerable por la ironía, y ante las grandes palabras tiende a menear escépticamente la cabeza”. Recuerda enseguida a Nietzche: “Dios ha muerto” y que, por tanto, han muerto el bien, la justicia, el progreso, la verdad, y nada hay cierto. Añade que entonces “no hay más categorías de valores que las que el hombre mismo establezca para defender su interés vital y la plenitud de su libertad. Esta es la tesis que sustenta Sarte. Esta es la fuente de su tremenda angustia. ¡Escoger! ¿Qué? ¿Y por qué?. […] Esta es la enseñanza que reciben los jóvenes por mil voces hábiles. Cómo no los tomará la doble tentación: la de los cobardes, escaparse y divertirse; la de los orgullosos, ya que nada tiene sentido, esforcémonos al menos por dar sentido a nuestra propia vida mediante alguna decisión arbitraria […] Los verdaderos cristianos se salvan por una fe religiosa tan lúcida como valiente, pero que tienen que afrontar dificultades heroicas”.

Enseguida, señala que el escepticismo de la juventud encuentra sus raíces “en la falta de osamenta intelectual, carencia de convicciones firmes, de hábitos anímicos regulares de quien energía de valores de maestros indiscutidos. La tarea de pensar para la juventud se hace sumamente difícil, no solo por las razones propias de la posguerra sino por el ambiente de lo que llamamos ‘nuestra civilización’”3. Agrega que el antiintelectualismo caracteriza desde hace ya varios años el pensamiento contemporáneo: de ahí, el intuicionismo bergsoniano y todos los existencialismos”.

El tercer punto que aborda en este escrito es el del pensamiento religioso. Expresa que el número de auténticos creyentes “es menor en nuestros días de prueba, pero los que creen quieren vivir su fe, plenamente, con intransigencia moral pocas veces vista y con profunda simpatía al medio en que viven, cuya mentalidad procuran comprender”4. Junto con eso, relata que maestros jesuitas reunidos en congreso en 1947 analizaron el tipo de jóvenes que les entregaban el colegio y la universidad, y que “todos estuvieron de acuerdo en constatar el desinterés por lo sobrenatural”, y el “escaso interés en la vida mística y la acción del Espíritu Santo en el alma”5. Agrega el padre Hurtado que muchos jóvenes “viven descontentos de la iglesia visible y la oponen constantemente a la iglesia invisible, la iglesia de los pastores a la iglesia de los fieles”. Y concluye que es “la visión de una generación que enfrenta los problemas del espíritu, de un mundo que busca su forma y lamenta que la pátina del tiempo oscurezca los auténticos valores que el hombre busca sin encontrar. Estos defectos no nacen de orgullo ni de malicia, sino con frecuencia del deseo de una fe más adaptada y accesible a los demás”6.

LA VELEIDAD DE NUESTRA GENERACIÓN

El tercer artículo del padre Hurtado se titula igual que el segundo: “Psicología del joven de la postguerra”. Señala que se dedicará a observar la actitud moral social y cívica de los jóvenes. “La naturaleza dota a los jóvenes siempre de fuerzas renacientes pero que éstas agonizan al permanecer activas. La raíz de su mal está en la falta de motivos claros por los cuales luchar”, plantea. “La mayor parte de los jóvenes escoge su sitio en la vida sin entusiasmo. Forzados por la necesidad de hacer algo y ganar su pan. Hemos podido observar con pena a tantos jóvenes que al terminar sus humanidades no saben qué hacer y, más que escoger una carrera, se dejan coger por las circunstancias. Su trabajo o su carrera significa para muchos sólo el medio de subsistir. Su ideal está en otra parte. Los que luchan por formarse una personalidad fuerte, serena, unificada, son pocos. La veleidad de nuestra generación se debe más bien a un vacío de ideales que a falta de voluntad”.

Sin embargo, a continuación, subraya que la capacidad de amar de los jóvenes está intacta y solo les falta “una causa grande bien claramente presentada, no sólo como una verdad intelectual, sino sobre todo vivida plenamente por quienes la pregonan. […] Si la juventud no se entusiasma más por el ideal cristiano, ¿no será porque no ve una acción tan generosa como el ideal que se profesa?”.

En el artículo, se refiere a otros tópicos, bajo algunos subtítulos: “Libertad y sexo”, “Horror al disimulo”, “Solos, muy solos”, “Desinterés por los movimientos”, “El culto de la amistad” y “Aventureros”.

En su conclusión, el padre Hurtado expresa: “Épocas como la nuestra son desconcertantes para los mediocres que no son capaces de esfuerzo ni de originalidad, pero son estimulantes para los que llevan el apetito de lo mejor. En estos momentos de desequilibrio es cuando la voluntad humana encuentra sus mejores posibilidades de ascensión. La misión de todos los que rodeamos a la juventud es ayudarlos a formarse una personalidad verdadera, una inteligencia lúcida y firme, hábitos de pensar seguros, amor por la verdad y por el conocimiento de lo que nos han legado siglos de esfuerzo intelectual, voluntades robustas y capaces de seguir hasta el fin, que sepan unir la humildad al valor, la sinceridad a la obediencia, la originalidad a la continuidad de una tradición que se funda en la verdad, espíritus llenos, sino de optimismo, al menos de confianza en la misión que Dios les ha encargado, orientados al bien común y que conozcan que, además del acto eficaz que significa progreso, también vale la acción humilde y desinteresada cuando la reclama el amor”.

En estos momentos de desequilibrio es cuando la voluntad humana encuentra sus mejores posibilidades de ascensión. La misión de todos los que rodeamos a la juventud es ayudarlos a formarse una personalidad verdadera, una inteligencia lúcida y firme.

“A los jóvenes de nuestro tiempo, enamorados de las cumbres, amigos del esfuerzo, repetimos con profunda simpatía el pensamiento de Agustín, que como ellos tuvo que vivir en una época de transición en que los valores parecían perdidos: ‘Decís que los tiempos son malos. Sed vosotros mejores y los tiempos serán mejores. Vosotros sois el tiempo’”7.

OTROS ARTÍCULOS DEL PADRE HURTADO EN MENSAJE

Además de estos tres artículos, el fundador de revista Mensaje escribió también “El diablo y el buen Dios, de Sartre”, Mensaje N° 6-7 de marzo-abril de 1952, e “Iglesia y Estado”, Mensaje N° 9 de junio de 1952.

Después de su fallecimiento, ocurrido en agosto de 1952, la revista publicó otros textos de su autoría. Entre ellos: “La búsqueda de Dios”, Mensaje N° 12 de septiembre de 1952 (en la misma edición en que se informaba de su deceso); “Apremiantes reformas sociales”, Mensaje N° 13 de octubre de 1952; “La muerte”, Mensaje N° 14 de noviembre de 1952; “Misión del universitario”, Mensaje N° 16 de enero-febrero de 1953, y “La nobleza de la persona humana”, Mensaje N° 21 de agosto de 1953.

1 Mensaje N° 1, octubre 1951, p. 6.
2 Ibid., p. 7.
3 Mensaje N° 2, noviembre 1951, pp. 77 y 78.
4 Ibid., p. 79.
5 Ibid., p. 80.
6 Ídem.
7 Mensaje N° 3, diciembre 1951, pp. 119-123.

* Todos los artículos que se han publicado en Mensaje están accesibles para sus suscriptores en “Archivo histórico” en www.mensaje.cl

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