Niños en la iglesia

Sr. Director:

Hace algunos días aparecieron artículos periodísticos lamentando la postura de un padre frente al malestar producido en otros feligreses por la presencia de niños en la misa dominical: los ruidos, los juegos y las risas de los niños eran objeto de distracción durante la liturgia. El padre señalaba la necesidad de hacer partícipes desde pequeños a sus hijos(as) en las misas, pese a la incomodidad que esto producía en otras personas mayores.

Observo tal situación desde dos perspectivas.

En primer lugar, teniendo a la vista que el catolicismo chileno, desde hace algún tiempo, se manifiesta principalmente en la presencia de adultos y adultos mayores, es explicable alguna extrañeza o incomodidad ante la presencia de menores en las parroquias. Esto contrasta claramente con la religiosidad migrante, donde, por ejemplo, en el catolicismo venezolano es la familia entera la que participa de las liturgias. No existe ahí incomodidad alguna ante los gritos o el desorden que los niños puedan producir.

Una segunda visión es que la presencia infantil, que involucra a toda la familia, es un buen indicio de una participación más transversal en términos etarios; es decir, se diversifica una presencia concentrada en adultos mayores.

Esperemos que sea esta segunda dimensión la que, con el tiempo, vaya tomando fuerza.

Felipe Orellana
Instituto de Teología y Estudios Religiosos (ITER)

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